Antes que nada, celebro que hayáis abierto esta página, nada me dá más regocijo que la participación de los foristas, sean estos hermanos templarios o no, el interés es siempre gratificante.
Imaginé al leerte, que un día al pié de ese fresno, Ignacio, estaría previsto que descansaran tus cenizas. De donde vienes, allí te quedas. ¡Excelente! La frase colocada, por otra parte, lo dice todo...
Volviendo a lo que preguntas, no están todos los que son ni son todos los que están. Obviamente, hay gente obnubilada por el colorido y el protocolo y hay otra en vez, que busca escabullirse de estos menesteres para reencontrarse con su esencia y trabajar para el prójimo. Este último, a mi entender, es el verdadero templario. EL anterior, forma parte de la dualidad humana, que también es real.
Luchar por el templarismo (Perdón Josep, la palabra no existe para la Real Academia pero sí para el vulgo) es reconocer a Dios sin ser chupacirios ni mucho menos, y vislumbrar su rostro en cada manifestación de la vida. EN eso, me siento hermanada a muchos hermanos con los cuales aprticipara en el último Cónclave Templario.
Sin reconocer al Creador, no se puede ser templario, en ese caso se estaría hablando de un guerrero que lucha por la justicia, etc, etc.
Prosiguiendo, no hay reconocimiento divino si no se ve o mira al que está al lado de uno/a mismo, o sea al prójimo. La labor del templario en la paz, del templario actual, es la acción hacia el necesitado, el desposeído y el enfermo.
Esto último no equivale a quitarle el rol al estado, quien debe ser responsable directo de estos casos, pero sí de no negar asistencia cuando ella es necesaria. La palabra justa, el consuelo, etc, esto es la esencia que nos viene de los fraters monacales, la parte del monje sobre el caballo.
Juntos, monje y guerrero, en tierras de paz, deben amalgamarse para construir dentro de sí mismos la Jerusalem Celeste, tan mentada y poco conocida. Quien no vuelva a su interior una y mil veces, se modifique y renazca de sus cenizas, no podrá ser útil al resto, y será lo que tu dices Ignacio con otras palabras, un bufón de utilería envuelto en elegante ropaje y nada más.
Luchar por el "templarismo", bastarda palabra, es ser cada día mejor y apostar a la fraternidad, a la hermandad y comunión de ideales, cualquiera sea la procedencia o religión de quien tenemos por delante. La Hermandad traerá el resto. Y estaremos mejor preparados para el Segundo Adviento, creo que este era el mensaje de San Bernardo.
Un abrazo sincero
Mary-Su