Mucho se ha escrito, comentado, especulado, discutido, supuesto, intuido sobre la Orden del Temple, pero en definitiva todo sustentado sobre conjeturas elucubradas a partir de los pocos documentos que dejaron los templarios o que simplemente se les atribuye, sin demasiada base histórica.
Esas conjeturas se pueden dar, entre una infinidad, por:
1.- La destrucción de documentos.
2.- El supuesto código secreto escrito.
3.- La imposición del silencio por obediencia debida.
4.- La imaginería popular.
5.- Hechos atribuidos, desde actos de poco interés a relatos fantásticos.
6.- Gestas que jamás realizaron.
7.- El sincretismo.
8.- La riqueza.
9.- La exoneración de vasallaje.
Podrían darse muchísimos más ejemplos, pero los expuestos me parecen suficientes para que hubiesen creado un clima de envidia y de codicia desmesurados a los poderosos, lo que ocasionó como todos sabemos la extinción de la Orden y luego se formó un halo de misterio (por falta de documentación histórica) que probablemente muchos aprovecharon en su propio interés para escribir relatos de su invención, narrados con verisimilitud histórica, que a lo largo de siete siglos pueden haber logrado ser aceptados como reales.
El tema templario es como una gran saca, en la que cabe todo, más si se hace creíble aquello que jamás existió, pero se desea creer. Es entonces cuando aparecen los enigmas y los misterios, tan aceptados en todos los ámbitos de todos los tiempos.
Los humanos tenemos ansias de saber y más cuando se trata de lo secreto y enigmático. Nos dejamos convencer cuando un grupo hermético nos cede la entrada como adeptos a un mundo nuevo, maravilloso y desconocido para nosotros. En ese momento somos vulnerables a la influencia de cualquier sentimiento externo. El grupo que nos acoge, nos persuade de aquello en lo que ellos también creen y nos hacemos fuertes en convencimientos de los que jamás hubiéramos creído que sucumbiríamos.
No digo con eso, Mary-Su, que no crea en un temple oculto, que puede ser que lo hubiera, pero antes quisiera saber como actuaba el temple externo, es decir, el público, del que tanto se desconoce todavía, sin fantasías ni añadidos.
Me considero un auténtico ignorante y entrar a presumir un temple oculto, es para mi como si quisiera aprender matemática cuántica sin saber apenas multiplicar.
Bueno, hasta aquí.
Saludos,
Josep
.