Mientras pretendía documentarse de cara a una biografía novelada del Gran Almirante, Marisa Azuara, quedó fascinada por el personaje, lo que la incitó a investigar más y más, induciéndola a desarrollar una tesis de la que resultaron unas conclusiones extraordinarias, induciéndola, dicho sea de paso, al ensayo.
En ellas se demuestra que Cristóbal Colón era genovés. El estado genovés, entonces, se dividía en dos facciones: la Ciudad de Génova y los Feudos Imperiales de Génova, siendo los segundos la cuna del marino.
En concreto, D. Cristóbal nació en la Saona de Cerdeña, uno de los feudos genoveses de la isla. Por vía materna era nieto de Don Artal de Alagón y Luna, Señor de Sástago. Las circunstancias que confluyeron en la vida del navegante fueron verdaderamente difíciles.
En 1478, los feudos sardos de sus antepasados, tanto maternos como paternos, fueron anexionados por los reyes de Aragón a su Corona, con lo que Colón pasó a ser súbdito y natural, de pleno derecho, de la Corona Aragonesa.
Hernando, hijo menor de Colón, constata en sus escritos acerca de linaje familiar, que antes de cambiar su nombre, su padre firmaba sus mapas como: ‘Columbus de Terra Rubra, cuya patria es Janua’
Los Terra Rubra (o Terra Rossa) de Cerdeña eran los descendientes de los Jueces de Cagliari por la línea de Guglielmo de Massa, de la Casa Malaspina, que en el siglo XV llevaban el apellido Picolomini de Sena.
Una frase escrita por Colón, “Yo no soy el primer almirante de mi familia”, determina que el navegante era hijo de Salvador Picolomini de Sena y de Isabella Alagón de Arborea. Ello explica la relación que mantuvo con los aragoneses Luís de Santángel, Gabriel Sanxís y Juan Cabrera.
Las pruebas heráldicas confirman esta identidad. La brisura de infamia que aparece en los primeros escudos de la dinastía Colón, se debe a la sentencia de felonía que recayó sobre Leonardo Alagón, Juan de Sena Picolomini y todos los familiares de ambos, explica el motivo que obligó al navegante a limar sus apellidos y a vetar la participación de la Corona de Aragón en los descubrimientos.
La empresa descubridora, en realidad, era la Cruzada Universal proclamada por el papa Pío II en 1460 en la Dieta de Mantua y que permanecía vigente. Muchas son las pruebas que unen a Colón con los papas Picolomini y con la ciudad de Siena, donde todavía se conservan objetos del navegante.
Todo ello lleva a profundizar en el papel que desenvolvió la Corona de Aragón, que no el Reino de Aragón, en la evolución del descubrimiento.
En propias palabra de Marisa Azuara, durante su discurso: ¿Por qué el Rey Don Fernando recurrió a Santángel, un oficial de la hacienda aragonesa que era íntimo de los Alagón de Zaragoza, quien provenía de la judicatura, contando con una cuantiosa fortuna y con su silencio garantizado por la Inquisición?
Está y muchas más preguntas tienen respuesta en el magistral trabajo de Marisa y mucho más aún se podrá desarrollar ante todo lo averiguado por nuestra querida autora.
Por ahora sólo me resta destacar que Marisa ha contado con la colaboración de D. Guillermo Colón, príncipe de Melfi, de la familia Colón de Carvajal, así como de Miguel Ángel Motis Dolader, Ignacio Javier Bona López, Mario Ascheri, Antonello Mattone, Simona Bellaccini e Igino Sanna, entre otros.
Marisa un fuerte abrazo y todo mi cariño y admiración.
Un fuerte abrazo a todos,
Núria