Cierto María, es una sociedad vacía, con valores no reales, en algunos casos aparentes. Salvo excepciones claro, que las hay en todo.
A ella nos ha conducido el paso, en las últimas décadas, de una autoridad extremadamente severa, a una exagerada tolerancia. Por evitar la intransigencia, se ha llegado, a un presente sin metas claras, en un proceso donde mucho han tenido que ver también las mentes sin escrúpulos, que con tal de conseguir sus objetivos, les ha dado igual dejar al resto totalmente descolocado.
De ahí la generación de los que tienen, conocen y defienden sus derechos, pero ignoran totalmente sus obligaciones.
De ahí también los que estando dispuestos a asumir ambos, contemplan impotentes la dificultad de hacerlo.
Afortunadamente siempre hay humanidad solidaria. Es la dualidad que nos muestra las dos caras de la moneda y el valor de cada una de ellas ¿Con cuál quedarse? Eso es de libre elección.
Un abrazo, saludos a todos,
Núria