Llevar una vida sana, sin dejarse perturbar por ningún agente exterior. Hacer el bien sin sentimentalismos. No dar cabida al negativismo, transformando éste en positivo. La reserva, el silencio y el dominio de uno mismo aparecen como elementos primordiales en estas siete reglas de Paracelso.
A mi parecer éstas invitan a aprender a vivir y a trabajarse asimismo, con templanza y entereza. Ciertamente si se aprende a vivir de ese modo, teóricamente se encontrará la paz, pues aceptándose como se es y trabajando para elevarse espiritualmente, a pesar de todo lo que pueda acontecer exteriormente, se puede lograr, así como también alcanzar otros ¿niveles? impensables sin este constante trabajo de renovación interior.
Pero creo que es indispensable aprender a convivir con los demás,compartir con ellos, aceptar lo bueno y lo malo de cada cual, mostrando lo mejor de cada uno de nosotros, pero sin temer que se pueda ver lo no tan bueno, precisamente porque somos humanos, como bien describe Paracelso somos un vehículo imperfecto. Hemos de huir de ser jueces de los demás, sólo debemos serlo con nosotros mismos.
Aunque temo que si se observa en nosotros reserva y celo, nuestra postura va a ser distante, tal vez rígida y puede que intolerante, corriendo además el peligro de caer en un sentimiento de falsa superioridad.
De todos modos las siete reglas me parecen encomiables.
Un saludo a todos,
Núria