Hola María,
En efectos, clara como el agua nos has plasmado lo del símbolo de muerte de la cruz convertida en celestial por representar a la divinidad humanizada.
Aún en los que ven a Jesús como hombre solamente, quien fuese como otros vilmente castigado a morir en la cruz, este símbolo ha pasado a formar parte del padecimiento y resurrección humanas.
¿No nos levantamos a diario de nuestras cruces a lo largo de nuestro camino? La fuerza que emerge de nuestro interior al sobreponernos de situaciones desagradables, hace que abandonemos nuestra cruz humana y seamos los resurrectos de nuestras propias cenizas.
Cuando ello ocurre, nos damos cuenta de que la parte de divinidad que nos ha sido transmitida, que llevamos escondida, aflora en nosotros y nos conmina a seguir caminando, a no desfallecer. Es ahi cuando hemos perdido el miedo a recaer, pues sabemos que siempre volveremos a levantarnos.
Es ahi cuando cambiamos en ¿porqué a mi? por el más sabio ¿porqué no a mi?
AL espíritu o llama interna, he querido componerle este soneto:
Vida que me haces daño,
pero de Vida me llenas,
dame tu llama divina
que limpie agravios y penas.
Que caída, me levante,
y moribunda me consuele,
ansío esa chispa escondida
que ilumina amaneceres.
Y me habla de que Existes
en la fuerza de la gente,
en el hálito de mares,
en aguas mansas, silentes...
Marinero de dos mundos,
¡tan lejano y tan presente!
Un abrazo grande, buen fin de semana.
Mary-Su