La actual provincia de Zamora fue en su día, uno de los territorios en España con mayor número de encomiendas.
Ciudades hoy de gran importancia en la provincia ( y todas sus tierras) , como Benavente, Villalpando, Villafáfila, Tábara, Alcañices, Bermillo de Sayago y la propia capital, conservan restos monumentales de la Orden del Temple.
Alba de Aliste fue un importante centro templario durante el proceso de disolución de la Orden. En esas tierras, el castillo de Alba que se alza sobre un promontorio, aún permanece como un guerrero fiel a su Rey, con los ojos fijos en el Esla.

Su estado es ruinoso, pero aún conserva la fuerza de sus piedras
Fue construido durante el reinado del Fernando II de León (entre 1157 y 1188) como defensa de las fronteras ante la aparición de reino de Portugal.
Entre sus más fieles moradores estuvieron los caballeros templarios a quienes se les entregó el 27 de septiembre de 1220 a través de la concordia firmada por Alfonso IX en Villafáfila. Si embargo ya lo habían habitado antes pues se trataba de una devolución:
«Yo, el Señor Alfonso, Rey, restituyo por medio de este documento al Maestro y a la Orden Militar del Templo, Alba de Aliste con todos sus derechos y posesiones».
En esta etapa permanecieron en él 92 años, hasta que fue suprimida la orden por el Papa Clemente V en el Concilio de Vienne.
Y ¿Dónde hallar en el género románico una joya más brillante y completa que la Magdalena de Zamora, y que en su extraño lujo semi-oriental mejor revele el carácter de las obras de los Templarios?

En ella se encuentra, adosada al muro del evangelio, la tumba de un caballero templario. Se ha declarado que ninguna tumba del Mediodía de Francia puede ser comparada con este suntuoso y peregrino mausoleo, en el cual descansa el muerto en un verdadero lecho.
Es un baldaquino con graciosas columnas, en cuyo interior hay un féretro, en su cubierta se aprecia una cruz tallada, en el fondo una tosca estatua de reducidas dimensiones, cubierta de armadura y tendida en el lecho funeral. En relieve aparece el alma, transportada por 2 ángeles al cielo, mientras otros 2 agitan incensarios.
Se aprecia en la parte superior, la simbología románica. En el lado que da a la nave y en altura hay dos timpanillos rehundidos de perfil trilobulado y rodeados de estructuras torreadas en los que apreciamos seres monstruosos: una pareja de dragones que se suelen representar como serpiente alada de dos patas, símbolo del demonio y el pecado, y otra de dos sirenas-pájaro o arpías que se representan con cabeza de mujer o de hombre, cuerpo de ave y cola de reptil, símbolo del animal traicionero y tentador que atrae a los humanos hacia el pecado.
Y en el lado corto que mira al este, una pareja de leones.
De esta decoración forma parte una inscripción que en bellos caracteres góticos corre por la archivolta del arco triunfal del ábside, y que dice: ESTA CAPILLA ES DEL NOBLE CAVALLERO DON JUAN DE ACUÑA, QUE DIOS AYA E DE LA SEÑORA DOÑA MARINA ENRIQUES SU MUJER E LOS QUE DELLOS DESCENDIEREN, LA CUAL DOTÓ DICHA SEÑORA E DESPUÉS DEL SEÑOR MORIO ULTIMO DÍA DE MARZO DE MIL CCCCLXXX.
Pero esta inscripción, grabada en el siglo XV, nada tiene que ver con los demás elementos decorativos que componen el sepulcro, puramente bizantinos y orientalizantes.
La tradición desea adjudicarlo a la Orden del Temple, mas sólo es cierto que perteneció a los Hospitalarios a fines del XIII.
Pero D. Vicente La Fuente, en su Historia eclesiástica (tomo IV) dice, hablando de la Orden de San Juan, en Zamora, que al incorporarse a ella los bienes de la suprimida Orden del Temple y del Santo Sepulcro, llegó á tener allí tres iglesias: la de Santa María de la Horta, que era del Temple; la de la Magdalena, que era del Hospital, y la del Sepulcro, de donde se deduce, que «la Magdalena, antes de pasar los bienes del Temple á la Orden de San Juan, era ya de esta milicia».
Lo que si es cierto es que ésta iglesia dependía de Sta. María de la Horta que si fue del Temple.

Inferior en suntuosidad es ésta iglesia, de Sta. María de la Horta, de la que se afirma con rotundidad que perteneció a los Templarios, y en la que tuve el privilegio de ser bautizada.
En su torre se custodió hasta el sigo XIX el archivo general, conservándose aún el mobiliario.
Adosado a su costado septentrional se ubicaba el convento de caballeros, que fue casa matriz y residencia del Comendador.
- Datos tomados de "Recuerdos y Bellezas de España" (A. 1861)
- Amigos del Románico
- Otras fuentes