Hola a todos:
Mary-Su, me referí a Ireneo de Lyon, discípulo de Policarpo de Esmirna, que lo fue, según se dice , de Juan el Evangelista.
Convencido de la doctrina de los Apóstoles, se enfrentó a todas las herejías del momento, sobre todo la gnóstica, de la que conocía tanto o más que los maestros gnósticos, en sus cinco libros "Contra los Herejes", que te puedes bajar de la página de descargas de la web Templo de Salomón.
No seria nada extraño que, como Agustín de Hipona, hubiera sido adepto en algún momento de su vida de alguna escuela alejandrina de donde se nutrieron grandes personajes que, por su vida ejemplar la Iglesia luego santificó.
Ireneo de Lyon murió sobre el año 200, por lo que no pudo estar presente en la selección de los libros bíblicos.
Los libros canónicos y apócrifos fueron determinados durante el Concilio de Hipona, año 393, siendo la Biblia traducida posteriormente al latín por Jerónimo de Estridón, directamente del hebreo y del arameo, pasando a llamarse la Vulgata, relegándose la Septuaginta, una traducción griega del AT llevada a cabo en Alejandría por 72 hahamin o sabios en el siglo II AC.
Y está documetalmente probado que los libros, tanto canónicos como apócrifos, como tu apuntas, fueron elegidos un tanto a conveniencia de la situación de conflicto que suscitó Arrio, que fue considerado hereje por sus proclamas, en el Concilio de Nicea, año 325.
Con la aparición de los rollos del Mar Muerto y los escritos de Nag-Hammadi, los cuales ya no pueden ser quemados o eliminados inquisitorialmente y, por otro lado, ser estudiados científicamente, las Sagradas Escrituras son más verosímiles y fácilmente aceptadas por el entendimiento humano, que el sempiterno dogma de fe católico. Ahora es más fácil creer.
Un abrazo,
Josep