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En el apartado de General, aceptaré la solicitud de Nuria de continuar con la descripción de las vivencias que comenzaran con aquel viaje a Miravet, más concretamente el 14 de febrero del cte. año, y que prosiguiera por Cretas, Valderrobres y La Fresneda. No obstante, antes quiero mencionar en este preciso sitio de Templo de..., pertenenciente a Templarios, que fue un gusto enorme haber podido realizar ese peregrinaje por lugares tan caros al Temple y a la historia de España.
Cada una de las pequeñas plazas visitadas que fueran en su momento importantes encomiendas regidas por los antiguos freires, dedicadas a la producción agrícola e integradas a los monasterios zonales, me llegaron al corazón por ese vacío de presencia templaria que denotan, donde los signos del pasado parecen gritar a los cuatro vientos: Aqui estuvimos, aquí permanecemos...
La sociedad moderna, ha sustituido el trabajo encomendero por el de pequeños productores de vides, almendros, olivas, albaricoques, etc, y sus impecables plantaciones se suceden sin cesar por el Matarranya y Teruel para regocijo de nuestros ojos.
Al mismo tiempo, esa misma sociedad moderna ha ido creando puestos de labor en las grandes ciudades, más relacionados ellos con la industria, la informática, la construcción, etc, y, sumado a la diáspora de los jóvenes comarqueños hacia las grandes universidades de la península, ha producido el vacío de tránsito local que hoy se observa en esas pequeñas, históricas comunidades, reemplazado por la visita constante de los citadinos que acuden en búsqueda de lo que un día fue, del merecido descanso y de los manjares que estos lugares tradicionales nos ofrecen. Podríamos hablar de todo un recambio de gentes. Muchos de entre los propios se han ido y, sn embargo, los de afuera vienen con renovada afluencia...Es la conclusión que extraigo luego de preguntarme más de una vez ¿Dónde están todos?, esto es cuando mi mirada se pierde sin interferencia humana por el entramado de antiguas callejas.
Uno de los responsables de este flujo contínuo de visitantes a las comarcas más arriba citadas, es nuestro amigo Jesús Avila Granados, quien con sus libros destinados a enaltecer los productos comarcales, sus hosterías familiares, y la buena mesa ligada al trabajo de los habitantes que han decidido seguir residiendo en los enclaves medievales, ha posicionado la región a una escala de notoria dimensión.