Voy a contaros lo que es Roma para mí y para eso he de recurrir a mi experiencia personal, los sentimientos que tuve, mezcla de rabia y dolor, atemperados por la belleza que vieron mis ojos cuando pude contemplar lo que quedaba de la fastuosidad del mundo clásico.
El viaje lo hice con mis compañeros de trabajo, nos habíamos ganado un premio y la norma era irnos a un lugar dentro del ámbito de la Delegación, pero mi jefe encontró que costaba igual irnos a Lanzarote que a Roma, así que decidió darnos una sorpresa.
Cuando llegué al Hotel me asaltó una pregunta ¿que hago en Roma?, de pronto sentí que eso no era casual, era como un presentimiento y escribí ..
Paz y amor ¿Qué hago en Roma?
Me respondió mi Maestro:
Amada mía, el fenómeno de mi mensaje deformado se sale de toda lógica ¿verdad?. ¿Como fue posible que mis representantes legítimos cometieran las barbaridades que cometieron?.
Hicieron de mi doctrina un ultraje, concedieron privilegios a los malvados e hicieron sucumbir al inocente. Mi palabra perdió valor y fue promulgada careciendo de significado.
Volvieron a crucificarme en Roma ...
Recuerdo que el primer día recorrimos toda Roma, el Foro, el Colisseo, la fontana de Trevi .. recuerdo el Moisés de Miguel Angel, la Pietá ... y esculturas muchas y bellísimas esculturas, el Tívoli, las Termas de Caracalla...
Al día siguiente recuerdo que fuimos a visitar las catacumbas, todo el subsuelo de Roma está horadado como un queso de Gruyére por kilómetros de pasadizos, en las paredes a derecha e izquierda miles de huecos donde depositaban los restos de los mártires. Sentí ganas de llorar.
Me produce angustia los lugares cerrados y angostos, me siento atrapada y me imaginé lo que habría sufrido si yo hubiera estado un día en ese lugar. Tuve un sentimiento de dolor intenso.
Al día siguiente me llevaron al Vaticano, después de hacer cola para poder entrar, nos dicen que está prohibido hacer fotos porque toda la exclusiva la tienen los japoneses que son los que están financiando la Capilla Sixtina.
Cuando entré en la Basílica de San Pedro, símbolo por excelencia de la Iglesia de Cristo, me encontré con que no había ni un miserable banco ante el Santísimo, miles de turistas corrian de aqui allá, gritando ... muchos grupos con su guía escuchaban las explicaciones que daban, en todos los idiomas.. me dije ...Dios!! en cualquier iglesia de Zamora hay más respeto que aqui y sentí el deseo de sacar un látigo y echarlos a todos, senti repugnancia.
Luego quise buscar un lugar para orar y en una capilla, al lado de la Pietá protegida por un cristal blindado, vi una fila de personas. Alli tuve que esperar a que me tocara el turno, porque si salían 3 no dejaban entrar mas que a 3...cuando me fui de allí, estaba llena de indignación.
Recuerdo que dije "Señor salva a Roma, pero al Vaticano pásalo por fuego. Este lugar ha de ser destruído".
Ya, ni la Capilla Sixtina, ni el museo, ni nada mereció mi interés.
Vi que la Iglesia se había prostituído, se había vendido como una vulgar ramera, al mejor postor. Desde entonces, mis sentimientos se han atemperado, pero no han disminuído. Sigo sientiendo lo mismo.
Pensaba en los miles de mártires que habían muerto por un ideal, pensaba en las matanzas de los inocentes, en las hogueras de la inquisición, en la ostentación y el lujo, en las obras de arte, en los tesoros que tienen mientras miles se mueren de hambre, y me di cuenta que era la antítesis del amor. Que El no quiere ésto, que es imposible que El lo pueda aceptar... Entonces entendí lo que me había dicho: "me volvieron a crucificar en Roma"
Un abrazo
María