Hola
Lo que siempre he querido ha sido ser realista. La realidad aplicada a la verdad; lo que ocurre verdaderamente, sin ataduras sociales, emocionales o doctrinales, nos debe hacer ver aquello que es correcto. No estar sujeto a compromisos absurdos del ‘que dirán’ o del ‘qué pensarán’, lo contrario nos lleva al engaño... al auto-engaño, que por otro lado muchas veces nos va bien para justificarnos, aún teniendo conciencia de ello.
Yo tengo hijos y los quiero tanto como cualquier padre o madre pueda quererlos, diferenciando el amor puro del amor egoísta y, me consta que mi pareja los quiere por igual. ¿Qué no haríamos por nuestros hijos?
¿Qué pasaría si un mal día me encontrara en una encrucijada tan terrible de tener que decidir un hecho tan dramático?
No sé. Quizás primero lo hablaría con su padre y con la familia, decidiendo entre todos lo qué sería mejor, con las siguientes preguntas:
1 ¿Dejar que ese hijo/a, en estado vegetativo, con muerte cerebral, sin esperanzas de mejora siga viviendo artificialmente?
2 ¿Seguir sufriendo los que somos sus parientes de forma atroz, sin relaciones afectivas naturales, alimentando una vana esperanza que sabemos nunca llegará?
3 ¿Qué si acaso llegara la posibilidad que despertara, tendría grandes probabilidades de sufrir graves minusvalías tanto física como mentales?
4 ¿Si despertara volvería a ser el mismo hijo/a que se durmió?
5 ¿Sería mejor tener en casa ese hijo/a minusválido vivo? ¿Y si despertara conscientemente no sufriría él/ella todavía más? ¿Nos entendería? ¿Hablaría? ¿Tendría conciencia de su situación sin esperanzas de autonomía?
Mi amor egoísta me dice que si, que siga vivo/a. Mi amor realista me dice que hay que dejarlo/a marchar, por su bien y por el de los demás de su entorno.
Aunque no me he encontrado nunca en esa situación, me mojo. Yo le dejaría marchar en paz, y que la paz y el amor volvieran a casa. Mi esposo, mis demás hijos y mi familia entera también tienen el derecho de ser felices y mi deber es que esa felicidad se reparta por igual para todos. Ese malogrado/a hijo/a acapara toda la atención, con abandono de los demás. No hay solución médica y ya ha sufrido demasiado, creo que es mejor dejarle que se vaya al encuentro del amor del Señor, que en su infinita bondad le acogerá.
Una cosa más. No considero lo mismo matar que dejar morir dignamente.
Espero no haber parecido demasiado cruel, si es así perdonadme.
Un beso, Elena
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