No hace muchos días me preguntaban como catalana sobre mi tierra y sobre la polémica referente a la sentencia del TSJ sobre el castellano como lengua vehicular. Lo que me hizo retroceder a mi época estudiantil donde la enseñanza en detrimento del catalán, nuestra lengua materna.
Aprovecho pues el día de hoy, que a parte de rememorar el ataque a EEUU hace ahora 10 años, se conmemora la Diada de Catalunya, donde se recuerda entre otras cosas nuestro particular 11 de Septiembre, para plasmar, desde aquí, un poco de la idea que tengo de mi tierra y mi gente.
Cataluña, es un pueblo con mucha historia, que no conocemos bien, y mucho menos a fondo, ni nosotros mismos. Se ha manipulado mucho en torno a ella, desde el exterior y lo que es peor desde el interior, también hay muchos lobos en la propia tierra.
Lo que si se, porque lo conozco es que somos un pueblo tozudo, no dispuesto a perder sus raíces, ni su carácter, ni su fortaleza que, en parte esta firmeza para algunos terquedad, nos da.
Se nos tacha de cerrados, Tal vez aparentemente lo seamos, pero somos más abiertos y generosos de lo que se quiere hacer creer. Eso sí, nos gusta aquello de 'vive y deja vivir'.
Nos marca también un espíritu inconformista, que quizás nos venga ya de la época visigoda y tal vez también, en parte, de la época albigense, cuando la Inquisición persiguió a los cátaros por su filosofía y usanzas, basadas en la búsqueda y práctica de una vida pacífica de pureza, austeridad, equitatividad e igualdad como personas a los ojos de Dios y de los hombres, que no practicaba la Iglesia, al menos en sus altas jerarquías. Era una filosofía que compartían parte de la nobleza de estas tierras, condes y condados, señores y señoríos y demás, siendo combatidos brutalmente como enemigos de la Iglesia romana, por parte de ésta y de la parte de la nobleza que no compartía los mismos intereses que ellos. Las persecuciones a este pueblo vienen ya de lejos.
Pero volviendo a la actualidad. Somos gente muy dispuesta a la solidaridad y a olvidar, aunque no se puede olvidar cuando no se nos respeta como pueblo, no se respeta nuestra identidad, lengua, raíces, carácter, ni nuestra historia que es tergiversada con tal de anular la poca o mucha grandeza que este pueblo haya podido y pueda tener.
En esta tierra conviven desde hace muchísimo gente de toda España y también foránea. Son demasiados años de dominio, pero también de convivencia, de mezcolanza. Mi padre mismo era andaluz, mi madre catalana cien por cien y cruces, como yo, de distintos puntos la mayoría ¿Cómo no vamos a querer a los españoles?
No ha habido en general problemas de comunicación, pues cuando alguien nos dice que es de fuera y no nos entiende, le hablamos en castellano, español como dicen los españoles, como si el catalán fuese del extranjero, igual somos marcianos y no nos hemos enterado. Encima si circunstancialmente conocemos a alguien comunicándonos en castellano, si después resulta que es catalán o lo habla, nos cuesta reconducir esta comunicación a nuestra lengua. Eso ya casi es ser tonto ¿no? ¡Y nos salen ahora con leyes?
Se nos tacha de orgullosos, creo que es comprensible que uno se aferre a su dignidad, aunque esto pueda parecer o a veces llegar a ser orgullo. Tal vez podamos parecer orgullosos o rencorosos, lo único que estamos es dolidos, por ser tantas veces criticados, malinterpretados e incomprendidos. Con eso no quiero decir que nosotros no pequemos de ello, pues somos tan humanos como el que más. Pero en general creo que hemos amado más que hemos sido amados, mayormente lo que se ha querido de nosotros es todo lo que se nos ha podido sacar.
Afortunadamente algunos nos van conociendo más y mejor, con los cuales nos entendemos bien, lo que lleva a respeto y admiración mutua (en lo que lo merezca). Tengo amigos en diversos puntos de la geografía española y me parecen todos magníficas personas.
Lo lamentable es que la política y sus componentes utilizan todo sólo para sus intereses al precio que sea.
No me extiendo más. Espero no haber resultado demasiado pesada y aburrida.
Un abrazo.
Núria