Amigos, fuera ya del tema concreto del artículo publicado ayer, me permito dar mis opiniones respecto a la labor de la Jerarquía Eclesiástica, que aunque forma parte de la Iglesia no hace Iglesia.
Dado que la Iglesia es una comunidad espiritual en cuya cúspide está Cristo, todo aquello referido a lo temporal debería estar supeditado a ésta.
Ese poder temporal que se trasmite de unos a otros, no lo impone Dios sino los hombres, pues son estos los que hacen y deshacen, atan y desatan, los que dictan las normas, los que aplican las leyes, los que trasmiten la fe, los que interpretan la Palabra, los que perdonan o condenan y todo lo hacen en el Nombre de Cristo.
Aquel que denuncia éste poder temporal, el que se rebela contra él, es excomulgado, anatematizado, y condenado. ¿Como se puede renovar desde dentro aquello que es inamovible?
La iglesia temporal está ávida de poder, y en lugar de considerar la importancia de la calidad sobre la cantidad, se ha llenado a lo largo de siglos de personas desarraigadas. Se han comprado los cargos, se han permutado por tierras, se ha conspirado en las elecciones papales, se han echo concordatos con los príncipes, se han alidado con los poderosos y al final de los tiempos, se ha convertido en lo que es.
El que determinadas personas no sean las adecuadas para estar dentro de la iglesia, es completamente lógico, porque éste poder temporal, se ha ido corrompiendo a lo largo de años, y si ahora nos encontramos con éste despropósito, es porque la iglesia hace historia y la historia no perdona.
Hay algo que me sobrepasa, y es recordar a los miles de hombres y mujeres que han sido, son y serán parte del Cuerpo místico de Cristo. Seres cuya luz se ha quedado impresa en las conciencia del hombre. Aquellos que dieron su vida por su fe en Cristo, abandonando sus familias, sufriendo persecuciones y martirio y no hay que irse muy lejos en el tiempo, hoy los tenemos en todos los lugares de conflicto, están siendo masacrados en el Congo o en Gaza, perseguidos en India o Filipinas, igual que ayer lo fueron por los romanos.
Y la historia se repite porque todo es un ir y devenir de lo que existe en la gran rueda del tiempo. El mundo es como el tren, del que se suben y se bajan los pasajeros. Cambia el pasaje pero no cambia la maquinaria.
Un abrazo
María