La minúscula célula que soy
forma parte de Tu Cuerpo.
La individualidad mía
encontrada en la soledad
y silencio de mi vida
es como la tuya, Señor.
Para formarme como Tú Eres
me alentaste a no desfallecer;
a no valorar la debilidad
como imperfección, sino
como injusticia
del mundo en que vivo.
Porque mi fragilidad
es perfecta.