Autor Tema: Misterios de la Meditación  (Leído 6972 veces)

María

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Misterios de la Meditación
« : enero 05, 2009, 12:48:55 »
"Uno es el ser que crees que eres; otro ser el que los demás creen que eres, y por último el ser que realmente eres. Solo el último es el que importa".

He buscado en la red aquello que se ajusta a la perfección con mi interior, porque es una forma de reconocer la valía de otros, y repicar sobre lo repicado, es pérdida de tiempo. Alguien antes se molestó en ponerlo por escrito, y solo corroboro lo que está dicho aqui. Espero que os sirva.
Un abrazo
María

MISTERIOS DE LA MEDITACION

Los ejercicios de meditación kabalista se combinan con ejercicios respiratorios, alimentación, ayuno, posturas corporales, concentración sobre nombres divinos, colores. El meditador puede acceder a experiencias tales como la visión de un Maestro espiritual (o maguid) o de un ángel (como  Metratón o príncipe de la Faz Divina) o la percepción pura de su verdadero Yo.

Se dice que los kabalistas pueden leer la raíz del alma en otras vidas, es decir, saber cuáles fueron las encarnaciones anteriores. También existen descripciones del aura o éter sutil (en hebreo, tzélem) del que uno está rodeado, de visiones místicas de las letras primordiales de los cielos y de libros sagrados invisibles que sólo es posible leer con los sentidos internos.

También existen prácticas que derivan en una suerte de telekinesis y telepatía, aunque son medios y no finalidades del místico. El desprendimiento del alma del cuerpo o el desdoblamiento son experiencias conocidas para quienes ya saben acerca de los misterios de la meditación.

La sanación es otro de los dones de los Maestros. Conocidos son los dabtara o sanadores místicos kabalistas.

Sin embargo, el estadio más elevado y misterioso del alma es el de la profecía y el de la unión con Dios o debekút.

CLAVES DE LA MEDITACIÓN

Un profeta no puede profetizar en cualquier momento. Él concentra su mente, sentado con un estado de ánimo alegre, meditando. Uno no puede obtener profecía cuando está deprimido, sino únicamente cuando se siente feliz. Cuando los profetas buscaban sus profecías, se conseguían músicos que los alegraran…

HITBODEBÚT: ESTAR A SOLAS CON UNO MISMO

La angustia de la desolación. La soledad. El sin sentido y el desencuentro nos suceden porque nosotros no aprendimos a mirarnos. No aprendimos a percibirnos.

De hecho, no sabemos “estar a solas” con nosotros mismos y, por lo tanto, tampoco sabemos meditar, porque cuando uno quiere comenzar a meditar lo primero que sucede es la incomodidad. No podemos meditar porque tenemos miedo de nosotros mismos, porque no estamos acostumbrados a nosotros mismos, porque si llegamos a encontrarnos con nosotros mismos probablemente surja algo tan distinto, que uno podría temer pensar: ¿y ahora qué hago con esto? Porque construimos la vida sobre la base de los sentidos físicos, en base sólo a lo ya pautado y sobre experiencias no vividas. No vivimos con convicciones ganadas, son convicciones de otros, prestadas.

Las técnicas kabalistas de estar a solas con uno mismo –hitbodedút– son muy profundas y reveladoras. Una es el silencio: quien sabe hacer silencio, conoce la sabiduría. La persona que aprende a escuchar, aprende a  su vez a escucharse a sí misma.

Otra técnica es no ser impulsivo, es decir, meditar las cosas y crear un silencio contemplativo. Otra es el aislamiento o reclusión. Por ejemplo, antiguamente quien quisiera meditar se encerraba en un cuarto o cueva, absolutamente a oscuras, donde comenzaban a aparecer las imágenes internas, hasta que uno lograba verse a sí mismo. También se puede hacer un “ayuno”, en tanto éste constituye también una forma de silencio e interiorización.

Hitbodedút o la soledad mística consiste en aislar la esencia espiritual,  de la personalidad o las máscaras que cubren nuestra interioridad.

En determinado momento, nos constituimos como seres adultos, tomamos decisiones, formamos nuestras familias, desarrollamos nuestro trabajo o profesión, pero nos damos cuenta de que algo está faltando detrás de todo esto: falta un sentido de vida. Es decir, tenemos un estilo de vida cultural, una calidad posible de vida, pero nos falta un sentido.

¿Cómo se alcanza este sentido? Primero, sabiendo qué es lo que nos pasa interiormente. La pregunta sería: ¿Cómo podrá el ser humano encontrarse a sí mismo,  si huye de sí mismo?

No sabemos estar a solas con nosotros mismos y, por lo tanto, tampoco sabemos meditar, porque cuando iniciamos la práctica de la meditación lo primero que nos sucede es sentir incomodidad. Nos sentamos, nos relajamos y nos empieza a picar alguna parte del cuerpo, o el vecino comienza a dar gritos; nos molesta todo.

Si no hay ruidos externos, empezamos a transpirar o a sentir taquicardia y el pensamiento se va a cualquier lado. No podemos estar con nosotros, no podemos meditar, porque tenemos miedo de nosotros mismos, porque no estamos acostumbrados a nosotros mismos, porque si llegamos a encontrarnos con nosotros mismos quizás surja algo tan distinto que nos haría decir: “¿y ahora qué hago con esto?”. Construimos la vida sobre la base de lo fijado, sobre la base de experiencias no vividas, porque nosotros no vivimos con las convicciones que tenemos de vida, sino con convicciones heredadas y prestadas por nuestra cultura.

Si solamente vivimos de experiencias que otros han tenido y no nos conocemos o no vivimos nuestra propia vida, corremos un serio peligro de identidad.

La meditación es mucho más importante de lo que pensamos. La percepción pura, la meditación, se relaciona con hallar el punto justo a partir del cual uno sepa cuál es su sentido. “¿Qué soy yo (ma aní)?”, pregunta el kabalista.

 Cuando hablamos de percepción pura o de percepción engañosa, nos estamos refiriendo a uno de los graves problemas que existen en nuestro mundo: una crisis de percepción. Es decir, uno puede tener su trabajo, puede tener bienes materiales, una familia, y sin embargo ser infeliz, porque la idea contemporánea  de “amor”, por ejemplo, nos es la misma que la del siglo pasado.

Meditar es la mejor manera de encontrarnos a nosotros mismos y estar sanos. Estar sano no es sólo ir a un terapeuta, porque uno puede ir a un terapeuta toda la vida y estar siempre igual. Estar sano es aprender a saber qué es lo que uno quiere, lo que siente, y al saberlo va a hacer el camino que lo conducirá a su propio destino. Nadie puede estar sano si no se encuentra a sí mismo, si no encuentra su destino. Pero para eso es necesario saber desarrollar una herramienta distinta de conocimiento. No nos conocemos a nosotros mismos; por eso la meditación es, entre otras cosas, una forma de dirigir la atención hacia dentro.

La percepción lineal y física está muy cerrada sobre sí misma. Cuando abrimos nuestra conciencia, vemos que la realidad es infinita. Todo es posible con los secretos de la meditación; es la práctica básica de la Kabaláh.

Conociendo las técnicas adecuadas, uno puede despertar, ver más allá, aprender cosas maravillosas, tener una experiencia telepática, una experiencia de éxtasis, de dicha, de felicidad. Todo puede estar fundado con esta nueva forma de percibir las cosas: la percepción pura, directa, sin intermediarios.

El kabalista dice que el Maestro no es más que un guía en un momento del camino, pero la última puerta es individual, ya que la Kabaláh no tiene intermediarios en la experiencia. Si el Maestro enseña las técnicas es para que uno pueda despertar esa experiencia y vivirla, porque la experiencia es propia.

 CONDICIONES PRELIMINARES DE LA MEDITACIÓN

Toda meditación requiere de concentración. La atención es fundamental en este arte. Se puede realizar meditación 2 veces por día por períodos de 25 minutos por las mañanas y por las noches. Se aconseja el amanecer y el atardecer por ser momentos de transición. De todas maneras cualquier tiempo es bueno para meditar.

Es recomendable meditar con ropa cómoda, en un lugar limpio, agradable y en silencio. Se puede elegir un lugar para meditar, en general se aconseja los ángulos de las paredes o mirando hacia oriente. Se pueden colocar sahumerios o aceites esenciales, el incienso es un aroma recomendable pues purifica la atmósfera energética de un lugar. En el antiguo Egipto se utilizaba incienso y mirra. La postura puede ser sentados en el piso sobre un almohadón con las piernas cruzadas (postura del escriba - contemplativa) o sobre una silla con las manos apoyadas en los muslos y sin cruzar las piernas (postura del león - energética), también nos podemos acostar aunque hay que cuidarse de no dormirse, meditar no es dormir sino despertar. No es bueno meditar con el estómago lleno ni vacío al punto de la languidez. Lo ideal es haber culminado el proceso de la digestión, de esta manera la energía no estará centrada en las vísceras y podrán transmutarse. Es bueno hacer algunos ayunos conscientes, con líquidos, esto propicia la meditación.

La meditación es fundamentalmente un medio para conseguir la liberación espiritual. Sus diversos métodos están diseñados para aflojar la atadura de lo físico y permitir al individuo ascender al dominio de lo espiritual y trascendente. Del que culmina esta empresa con éxito se dice que ha conseguido el   rúaj akodésh, el ‘Espíritu Santo’, que es el término hebreo general para designar la iluminación.