Llega el otoño
y el tiempo de las horas
melancólicas.
En la esquina
nos volvimos atrás.
Y otro beso.
De improviso
tus manos en mis ojos.
¡Eras tú!
Sobre tus rodillas
el susurro del viento
y las estrellas.
Noche cálida.
Me persiguen las notas
de una guitarra.
Sale volando,
en la ventana esperaba
sonar un claxon.
Bajo el mantel
la mano en su rodilla.
Sonríen cómplices.
Cuando la mira
le invade el rubor
y vuelve… a los 17
Por el balcón
en sus cuerpos desnudos
un rayo de luna.
Sobre la cama
desfallecidos los dos
en fiebre de amor
De escarlata
se tiñen sus mejillas
adolescentes.
En mi habitación
tumbada, vuelvo a pensar
otra vez en ti.
Sol crepuscular;
prisionera en tus brazos
y el adagio.
Luna llena;
termo con chocolate
tú y el mar.
Noche de estío
tumbados en el asfalto
mirando estrellas.
Piernas cruzadas;
frente a mí, tus rodillas
al descubierto.
Atardecer;
entregada a la dulce tarea
de enamorarte.
Me acaricia
la suavidad de tu voz
a través del aire.
Junto al mar
tus suspiros se confunden
con las olas.
Entrelazados…
un pálpito de locura
a flor de piel.
Tu pálida piel
bañada por la luna,
aún más blanca.