Constantino el Grande

 

Caius Flavius Valerius Aurelius Constantinus, hijo de Constancio I Cloro y de su concubina Helena, nació entre los años 270 y 280 en Niš (Serbia).

 

Fue proclamado augusto –Emperador- en el año 306 tras la muerte de su padre y aunque tenía varios rivales al trono imperial, logró deshacerse de ellos poco a poco. En el año 307 se casó con Fausta, hija del emperador de Occidente Maximiniano, con lo que ganó su apoyo, aunque después lo obligó a suicidarse en el 310.

 

Llamado Constantino I, el Grande, fue el primero de los emperadores romanos en profesar el cristianismo y en elevar esta fe a la religión del Estado por encima de los dioses paganos, lo que permitió que se expandiera el gran movimiento cultural cristiano.

 

En el 311, a la muerte de Galerio, delegado del emperador, se alió con Licinio quien era el marido de su hermana Constancia y venció a Majencio, su cuñado en Puente Milivio cerca de Roma en 312. De este modo se convirtió en Augusto de Occidente.

 

Por otro lado, Licinio venció a su rival Maximino y se convirtió en emperador de Oriente y los dos augustos proclamaron en 313 el "edicto de Milán", que reconocía la libertad de culto para el cristianismo. Más tarde estalló la disputa por el mando único del Imperio y Constantino derrotó y dio muerte a Licinio en 324, quedando como augusto único del Imperio.

 

Su ascenso al poder se ligó al cristianismo luego de una visión que se supone era el monograma de Cristo con una leyenda: "En este signo, vencerás", lo hizo poner en los escudos de sus soldados y luego tuvo lugar la batalla del Puente Milivio, por lo que atribuyó el éxito el Dios Cristiano.

 

En 323 se convirtió al cristianismo y condenó las herejías, en especial la arriana en el Concilio de Nicea en 325; sin embargo años después llamó a los arrianos y condenó a Atanasio, defensor de la fe en Nicea. Para posterizar su nombre hizo llamar Constantinopla a Bizancio, hoy Instanbul, en Turquía. Fue precisamente a Constantinopla que trasladó la capital de Roma en el 330.

 

Su soberanía se caracterizó por una política absolutista y una policía fuerte y activa, menguando el poder del senado y del ejército. Constantino impulsó la construcción de magníficos monumentos religiosos como la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, las basílicas de Letrán y del Vaticano en Roma, y las iglesias de los Santos Apóstoles y de Santa Sofía, tan famosa en Constantinopla.

 

Al morir en el 337 dividió el Imperio entre sus tres hijos e hizo enterrarse entre las estatuas de los doce Apóstoles, precisamente en la iglesia de los Santos Apóstoles.

 

Constantino fue el primer Emperador Romano (306-337) que lucho en el nombre del cristianismo.

 

Los Obispos acompañaron a sus tropas, puesto que de 317 batallas ninguna fue librada sin el "Labarum", es decir, las letras iniciales de Cristo. Aunque Constantino no fuera bautizado hasta después de encontrarse en su lecho de muerte, fue bajo Constantino que la religión cristiana fue legalizada mediante el edicto de la tolerancia en el año 313. Después de derrotar a su opositor Maxentius (ahogado en el río Tiber, en Roma), rompió su alianza con su cuñado, el emperador Licinius. Constantino comenzó una guerra en el año 324, la cual fue realmente una "cruzada". Luchó contra las fuerzas de Licinius, las cuales aniquiló.

 

Aunque la hermana de Constantino abogó por la vida de su marido, quién se encontraba exilado en Tesalónica, Constantino lo asesinó. Entre los otros crímenes de Constantino se pueden enumerar el de su otro cuñado, su sobrino, el hijo de Licinius, su propio hijo ilegítimo Crispus, como así también, a pesar de su religiosidad, en 326 mandó matar a su esposa Fausta bajo alegatos de adulterio durante una crisis política; quién en el año 510 fue hallada inocente. El remordimiento hizo que se bautizase años más tarde en su lecho de muerte, en Nicomedia .

 

Es considerado "Modelo de la virtud y santidad cristiana."

 

 

 

Constancio I Cloro

 

Marcus Flavius Valerius Constantius, nació en Eboracum el año 224. Emperador romano del 305 al 306, llamado el Pálido. De origen irilico, fue designado cesar por Diocleciano cercano al emperador Maximiniano, encargado de defender el Occidente.

 

Adepto al culto del sol ( Sol Invictus ), abrazó el cristianismo, posiblemente por su concubina Helena.

 

Aplicó con moderación el edicto del 303 contra los cristianos. Una vez ascendido a augusto (emperador), después de la abdicación de Diocleciano, el primero de Mayo del 305, adoptó el nombre de césar Severo recomendado por Diocleciano.

 

Murió en el 306, cuando preparaba la candidatura al título de césar del hijo que había tenido con Helena, Constantino (el futuro Constantino el Grande). Fue fundador de la segunda dinastía Flavia.

 

DINASTÍA FLAVIA

 

Nombre que se dio a las dos dinastías que gobernaron el imperio romano.

 

Primera dinastía – Iniciada por una familia de la Sabina, la primera dinastía Flavia la inició Tito Flavio Petrus, centurión que luchó junto a Pompeyo en Farsalia. Su hijo Flavio Sabino Publicano, tuvo dos hijos; el menor, Tito Flavio Vespasiano, emperador, del 69 al 79 aC escogió el apodo del gentilicio materno Vespasiano. Sus dos hijos, Tito (79-81) y Domiciano (81-96), le sucedieron. La disnastía se extinguió con este último.

 

Segunda dinastía – De origen Ilírico, fue fundada por Constancio I Cloro i continuada por su hijo Constantino el Grande, que hizo del cristianismo la religión del imperio, pese a los intentos de restaurar el paganismo por parte de su último heredero Julián el Apóstata (361-363).

 

 

 

Helena o Elena

 

Elena significa "antorcha resplandeciente". Nació en el año 270 en Bitinia o Daprasano (Nicomedia), en el seno de una familia pagana. Allí pudo, en su juventud, contemplar los efectos de las persecuciones mandadas desde Roma: vió a los cristianos que eran tomados presos y metidos en las cárceles de donde salían para ser atormentados cruelmente, quemados vivos o arrojados a las fieras. Nunca lo entendió; ella conocía a algunos de ellos y alguna de las cristianas muertas fueron sus amigas ¿qué mal hacían para merecer la muerte? A su entender, sólo podía asegurar que eran personas excelentes.

 

Ambrosio, que vivió en época inmediatamente posterior, la describe como una mujer privilegiada de dones naturales y nobleza de corazón. Y así debía ser cuando se enamoró de ella Constancio, el que lleva el sobrenombre de Cloro por el color pálido de su tez, general valeroso y prefecto del pretorio durante Maximiano. Tenía Elena 23 años al contraer matrimonio. En Naïsus (Dardania) nació, el 27 de febrero del 274, el hijo que llegaría a ser César de Maximiano como Galerio lo fue de Diocleciano.

 

Pero no todo fueron alegrías. Elena fue repudiada por motivos políticos en el 292 para poder casarse Constancio con la hijastra de Maximiano y llegar a establecer así el parentesco imprescindible entre los miembros de la tetrarquía. Le costó mucho saberse pospuesta al deseo de poder de su marido, pero esto lo aceptó mejor que el hecho de verse separada de su hijo Constantino que pasó a educarse en el palacio junto a su padre y donde se reveló como un fantástico organizador y estratega.

 

Muerto Constancio Cloro en el 306, Constantino decide llevarse a su madre a vivir con él a la corte de Tréveris.

 

En esta época aún no hay certeza histórica de que su madre fuera cristiana. Sí, cuando -por testimonio de Eusebio de Cesarea- aparezca sobre el sol el signo de la cruz con motivo de la batalla de Saxa Rubra y la leyenda "con este signo vencerás" que dio el triunfo a Constantino y lo hizo único Emperador de Roma, en el 312.

 

Aunque el emperador retrasará su bautismo hasta la misma muerte, es complaciente con la condición de cristiana que tiene su madre que daba sonados ejemplos de humildad y caridad. Incluso parece descubrirse la influencia materna tras el Edicto de Milán que prohibía la persecución de los cristianos y los edictos posteriores que terminan vetando el culto a los dioses lares. Agasaja a su madre haciéndola Augusta, acuña monedas con su efigie y le facilita levantar iglesias.

 

En el 326 Elena está con su hijo en Bizancio, a orillas del Bósforo. Aunque se aproxima ya a los setenta años alienta en su espíritu un deseo altamente repensado y nunca confesado, pero que cada día crece y toma fuerza en su alma; anhela ver, tocar, palpar y venerar el sagrado leño donde Cristo entregó su vida por todos los hombres. Organiza un viaje a los Santos Lugares en cuyo relato se mezclan todos los elementos imaginables pertenecientes al mundo de la fábula por tratarse del desplazamiento de la primera dama del Imperio a los humildes a lejanos lugares donde nació, vivió, sufrió y resucitó el Redentor. Pero aparte de todo lo que de fantástico pueda haber en los relatos, fuentes suficientemente atendibles como Crisóstomo, Ambrosio, Paulino de Nola y Sulpicio Severo refieren que se dedicó a una afanosa búsqueda de la Santa Cruz con resultados negativos entre los cristianos que no saben dar respuesta satisfactoria a sus pesquisas. Sintiéndose frustrada, pasa a indagar entre los judíos hasta encontrar a un tal Judas que le revela el secreto rigurosamente guardado entre una facción de ellos que, para privar a los cristianos de su símbolo, decidieron arrojar a un pozo las tres cruces del Calvario y lo cegaron luego con tierra.

 

Las excavaciones resultaron con éxito. Aparecieron las tres cruces con gran júbilo de Elena. Sacadas a la luz, sólo resta ahora la grave dificultad de llegar a determinar aquella en la que estuvo clavado Jesús. Relatan que el obispo Demetrio tuvo la idea de organizar una procesión solemne, con toda la veneración que el asunto requería, rezando plegarias y cantando salmodias, para poner sobre las cruces descubiertas el cuerpo de una cristiana moribunda por si Dios quisiera mostrar la Vera Cruz. El milagro se produjo al ser colocada en sus parihuelas sobre la tercera de las cruces la pobre enferma que recuperó milagrosamente la salud. Tres partes mandó hacer Elena de la Cruz. Una se trasladó a Constantinopla, otra quedó en Jerusalén y la tercera llegó a Roma donde se conserva y venera en la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén.

 

No han faltado autores que atribuyan a la fábula el hecho de la invención por Elena basándose principalmente en que no hay noticia expresa de tamaño acontecimiento hasta un siglo después. Ciertamente es así, pero lo resuelven otros estudiosos afirmando que la fuente histórica que relata los acontecimientos es el historiador contemporáneo Eusebio de Cesarea al que en su Vita Constantini sólo le interesan los acontecimientos realizados por Constantino, bien porque sigue los cánones de la historia contemporánea, o quizá porque sólo le interesa adular a su anfitrión. Murió Elena sin que sepamos el sitio ni la fecha. Su hijo Constantino dispuso trasladar sus restos con gran solemnidad a la Ciudad Eterna y parte de ellos se conservan en la iglesia Ara Coeli, dedicada a Santa Elena, la mujer que dejó testimonio tangible y visible en unos maderos del paso salvador por la tierra de Jesús, el Hijo de Dios encarnado.