Edom

 

Cerca de 100 pedazos de cerámica rota que constituyen un antiquísimo archivo -que data de 2300 años de antigüedad con escrituras en arameo- forman parte de uno de los cúmulos más grandes de ostraca encontrados en la historia de Israel. La ostraca o antiguos cerámicos con escrituras son del período persa, de los dos siglos entre el retorno de los judíos exiliados de Babilonia y la llegada de Alejandro Magno y su ejército en el 322 a.e.c.

 

Estos fueron momentos importantes: el renacimiento de la nación judía después de su aparente destrucción y el inicio del período helenístico con su poderosa cultura. Pero excepto por algunos indicios bíblicos que cubren solo una décima parte de este período casi nada se sabe sobre estos dos siglos en la tierra de Israel. Es en este vacío que la ostraca hallada alumbra su luz. Si bien son de contenido muy prosaico –registros de transacciones agrícolas- proveen información sobre el fondo social, económico y demográfico de esa época, cuando uno de los eventos más importantes de la humanidad tomaba lugar, que fue la canonización de la Biblia.

 

Los cerámicos rotos u ostraca, eran el material más barato y accesible para escribir en la antigüedad, mucho más que el papiro y el pergamino; y más duradero. Quienes escribían en ostraca eran mercaderes o agricultores suficientemente ordenados como para llevar un registro de lo que producían. Estos registros indicaban fecha (el año del reinado de cierto rey), el monto, el precio y los nombres de las personas involucradas en la transacción. Si bien la ostraca no pertenece a Judea o fuera escrita por judíos, forma parte de la historia judía. Su origen es Idumea, en efecto, el estado sucesor de la bíblica Edom, que limitaba con Judea al Sur. La naturaleza rural de la sociedad Idumea era muy similar si no idéntica, a aquella de Judea. Más importante todavía: los idumeos se convertirían al judaísmo dos siglos después.

 

En el principio, aún antes de Israel, existía Edom. Cuando los israelitas salieron al desierto desde Egipto en su viaje a la Tierra Prometida, la Biblia nos dice que los edomitas ya se encontraban en la tierra delimitada entre el Golfo de Eilat y el Mar Muerto al este del Aravá, (la arqueología moderna NO confirma su presencia allí al momento del Éxodo, el siglo XIII a.e.c.) Moisés envió un mensaje al rey de Edom requiriendo seguridad para su paso a través del territorio edomita. Pero Edom amenazó con entrar en guerra y los israelitas se vieron forzados a encontrar otra ruta. En la memoria tradicional este es el comienzo de la asociación de Edom con el enemigo; una asociación que será posterior y ferozmente exacerbada en la mitología judía tiempo después de que Edom y Judea hayan ambos desaparecido del mundo.

 

Una vez que el reino de Israel estuvo en su lugar en el siglo X a.e.c., la naturaleza de la relación con Edom cambió radicalmente. David derrotó al ejército de Edom y reemplazó a su rey con un gobernador israelita, lo cual defendería sus intereses comerciales en el sur, en el puerto de Etzion-Geber (hoy Eilat). El hijo de David, Salomón, explotó aún más el potencial de este puerto. A lo largo de las generaciones siguientes, Edom alternó entre la independencia y el status de provincia de Judea. En los siglos siete y seis a.e.c. las tribus árabes provenientes del desierto comenzaron a hostigar a los edomitas. Cuando Nabucodonosor destruyó Jerusalem en el 586 a.e.c, los edomitas se hallaban en el desierto del Negev entre los vecinos de Judea que colaboraban con los babilonios para la matanza.

 

El mundo revirtió este curso menos de 50 años después cuando en el 593 a.e.c. Babilonia cayó bajo dominio persa. Ciro, su monarca había permitido a los judíos retornar a su patria y llevarse devuelta los tesoros del Templo. La era persa entonces, comenzaba. El Imperio persa se convirtió en el más grande del mundo, se extendía desde India y lo que es el sur de Rusia hoy hasta el norte de Africa y los límites de Grecia. (El libro de Ester escrito en este período habla de un imperio que se extendía desde la India hasta Nubia). Pero Judea, se cae de la historia excepto por algunos pequeños destellos ofrecidos por la Biblia. Esta oscuridad no sucedió precisamente por falta de dramas internos. Algo importante ocurría en las sombras: con la llegada de Ezra a Jerusalem, el material escrito durante los siglos previos comenzó a ser codificado en un texto sagrado –la Biblia- y hecho accesible para el público más que permanecer exclusivo para los ojos de los sacerdotes. Existió un período oscuro antes de Alejandro Magno del cual sabemos muy poco. Fue el proceso de incubación, la reunión de las fuerzas espirituales que luego surgieron en el siglo II a e.c. bajo los hasmoneos.

 

Liderados por los descendientes del último rey de Judea, los retornados de Babilonia habían encontrado una comunidad pequeña de judíos pobres –am haaretz- gente de la tierra- a quienes los babilonios no se habían molestado en deportar. Los retornados comenzaron a delinear los basamentos del Segundo Templo en el mismo lugar del Primero. Cedros se traían del Líbano, al igual de lo hecho bajo el reinado de Salomón para el Primer Templo, cuatro siglos antes. Existió de todas maneras, una oposición del am haaretz a las ambiciones de los retornados – una sugestiva oposición, quizás, Askenazí-Sefaradí, o nuevo inmigrante/viejo inmigrante como la que hay en la actualidad.

 

Como si esto fuera poco, las naciones vecinas habían advertido a las autoridades persas que los judíos planificaban re-fortificar Jerusalem y dejar de pagar impuestos. Esto llevó a un decreto de paralización de la construcción que fuera terminada en el 515 a.e.c. El escenario bíblico se desvanece otra vez en este punto por más de medio siglo, luego se aclara algo cuando Ezra y Nehemia aparecen en la escena desde Babilonia. Ellos proveyeron el liderazgo político y religioso en Jerusalem y sentaron las bases para la nación futura, incluyendo leyes sociales y económicas, el fortalecimiento de la observancia del Shabat y los edictos en contra de los casamientos mixtos. Otra vez, nos quedamos con poca información hasta la llegada de Alejandro Magno en el 322.

 

 

Bajo los persas, Judea y sus vecinos formaban parte de Abar Nahara (más allá del río), una de las 20 provincias más grandes. El río en cuestión no era el Jordán sino el Éufrates. Los retornados se encontraron que el país que sus abuelos conocieron se había reducido en gran proporción. Hacia el sur se encontraba una nueva población llamada Idumea, que se había generado dentro del sur de Judea. Este pueblo consistía mayormente de edomitas desplazados mezclados con árabes. Lo que sabemos de los cientos de nombres a través de las ostracas recientemente descubiertas, como por ejemplo, Naveh y Efal, es que la mezcla era de un 50-50, quizás con algo más de árabes.

 

Los nombres indican una sociedad con estructura de clan. Hasta ahora, la referencia más antigua sobre Idumea era una división territorial que se encontró en un documento griego del siglo I a.e.c. que se refiere a la existencia de Idumea en un año equivalente al 312 a.e.c., el período helenístico. La ostraca muestra que existía el casamiento mixto entre los edomitas y los árabes, de nombres que surgen de la misma como Qoswahab (Qos es el nombre del dios de Edom mientras que Ahab es un nombre propio árabe que significa "dio", como el nombre hebreo Natan. El nombre combinado, con sus elementos edomitas y árabes es equivalenete al nombre judío Jonatán, "Dios dio"). La ostraca también incluye un pequeño número de nombres judíos pero no queda claro si sus propietarios vivían en Idumea o la Judea adyacente.

 

Los mercaderes fenicios que se asentaron en las dos mayores ciudades Idumeas, Maresha y Adora, fueron otro elemento de la población llevando con ellos el eco de la civilización griega. Esto se asentaría mucho más con la llegada de Alejandro en su camino hacia la conquista. Esta llegada marcaría el final del período persa y la era bíblica –sólo una parte de Daniel sería escrita después- y el establecimiento del período helénico. La aparente inconsistencia del período persa dio a la cultura helenística un empuje interesante seguido por la revuelta macabea en su contra, y a favor de la re-instauración de la soberanía judía. Los idumeos lucharon del lado griego contra los judíos y contra Judáh el macabeo. Ben Sira catalogó a los edomitas como "la nación cuya propia alma aborrece".

 

A través de las eras, los judíos desarrollaron un odio visceral en contra de Edom que tiene más que ver con la psicología que con la historia. Los judíos, después de todo, tenían enemigos mucho más poderosos que les habían producido mucho más daño. Así y todo, a los edomitas también se los denomina "hermanos", una designación no otorgada a vecinos como Amón y Moab. Mientras que en la práctica religiosa judía la tradición de Amón y Moab es deplorada, no existe referencia hacia los edomitas. Algunos historiadores sugieren que los orígenes edomitas son similares a los israelitas. La clave de esto yacería en la ecuación bíblica de Edom con Esaú, el hermano gemelo de Jacob. Cuando Rebeca concibió, dice la Biblia que Dios le dijo (Gn. 25:23) "Dos pueblos hay en tu vientre, y dos naciones serán separadas desde tus entrañas; y una nación prevalecerá sobre la otra, y la mayor servirá a la menor." (Gn.25:25) "Y salió el primero –admoní- (rojizo) , todo él como manta de pelo; y le llamaron Esaú".

 

El color de Esaú produce una inmediata asociación con Edom, que también significa rojo. Pero su referencia más explícita es cuando se refiere al potaje rojo: (Gn. 25:29) "Una vez guisaba Jacob un potaje cuando Esaú llegó del campo cansado (:30) Y dijo Esaú a Jacob: Déjame sorber, te ruego, de este potaje rojo, porque desfallezco. Por esto lo llamaron con el nombre de Edom". En pago, Jacob recibe la primogenitura. Edom se convertiría una metáfora para los enemigos de Israel, y ese nombre se aplicaría a los romanos también por más de medio milenio después de que Edom hubiera dejado de existir.

La larga enemistad entre los dos pueblos Esaú-Edom, Jacob-Israel, tiene un condimento sorpresivo al final del siglo II a.e.c. cuando el rey jasmoneo de Judea, Juan Hircano conquista Idumea. En vez de exterminar a la población o dejarla desahuciada, los convierte a todos al judaísmo. El Historiador Flavio Josefo nos dice que Hircano le dio al pueblo a elegir, efectuarse la circuncisión y aceptar la ley hebrea o ser deportados. Finalmente se concluye que los idumeos se unieron a los judíos y compartieron las mismas costumbres. El sucesor de Hircano como rey de Judea sería el abuelo de Herodes, un miembro de la nobleza idumea llamado Antipas, un gobernador de un territorio anexado. Antipas, ahora connvertido en judío, le fue útil al rey para afirmar los lazos con Nabatea, el reino árabe que ocupaba las tierra de Edom y Moab en Transjordania y que era un factor de poder creciente en la región. El hijo de Antipas, Antipatros, se casó con una mujer nabatea –la madre de Herodes, de quien se presume fuera conversa al judaísmo-.

 

En el 40 a.e.c., después de un lucha sangrienta. Herodes fue nombrado por los romanos rey de Judea. No le falta ironía al hecho de que fue este nieto de un idumeo converso e hijo de mujer árabe quien se tomó el trabajo de reconstruir el Segundo Templo y el Monte del Templo cuyas piedras son veneradas hasta hoy día. Si bien algunas autoridades rabínicas protestaron por el origen "medio judío" de Herodes, fue su conducta homicida aún hacia su propia familia, y su flagrante indiferencia a la ley religiosa lo que le llevó a ser considerado como un "rey extranjero" por su propio pueblo, a pesar de sus grandiosos proyectos y construcciones. De todas formas, el pueblo idumeo, que en su forma previa de edomitas habían constituído el arquetipo del enemigo de Israel, se volvieron leales a los judíos.

 

Durante la gran revuelta del 66 al 70 e.c., lucharon al lado de los zelotas en la guerra civil que precedió al ataque romano sobre Jerusalem. En la batalla en contra de los romanos, los idumeos formaron una división de 5000 hombres y fueron diligentes en defender la ciudad. A partir de allí desaparecen de la historia como una entidad separada. Los idumeos, mitad edomitas, mitad árabes, según no cuenta la ostraca encontrada, se han integrado totalmente al pueblo judío.

 

La Escritura en la Ostraca. El Arameo. Los Asirios crearon el primer imperio en la historia, el "Pax Assyriaca". La comunicación en esta vasta e integrada región –ahora un mercado común- se volvió muy importante. Presumiblemente no había escuelas para la gente ordinaria pero de alguna manera mantuvieron la habilidad de escribir al igual que muchas otras. Escribir ya no sería el monopolio de los escribas, de los gobiernos o de los sacerdotes. El lenguaje en el que los idumeos escribían era –y también de la mayor parte de los judíos de la época- era el Arameo. Ésta era la lingua franca en la región. El primer pueblo semítico occidental encontrado por los asirios a medida que avanzaban hacia el Mediterráneo fueron los Arameos, cuyo gobierno principal estaba en Damasco.

 

 

Aún habiendo los asirios destruído Aram como entidad política en el 732 a.e.c., cayeron bajo el hechizo de su lenguaje, el Arameo. Los asirios tenían su propia escritura –cuneiforme- pero la misma poseía cerca de 450 símbolos, cada uno de los cuales se podía leer de diferentes maneras. ¡El Arameo tenía sólo 22 Letras! Era simple para escribir y mucho más adaptable para la comunicación en un imperio que se expandía rápidamente y que incorporaba numerosos pueblos. Así el arameo se convirtió en un lenguaje viviente otorgado por una nación agonizante a un imperio en apogeo.

 

El Arameo era uno de las numerosas escrituras occidentales semíticas –como el hebreo y el fenicio- que se desarrolló desde un alfabeto original creado por los Cananeos algunos cientos de años antes. El griego también se desarrolló a partir del alfabeto cananeo. Cuando los hebreos comenzaron a escribir su propio lenguaje, presumiblemente hacia el 1100 a.e.c., usaban ya sea la escritura cananea u otra alternativa desarrollada por los fenicios. En el siglo IX a.e.c., comenzó surgir una escritura hebrea diferente. Los arameos no escribirían aún su propio lenguaje sino hasta un siglo más tarde.

 

A pesar de su origen tardío, al arameo se desarrolló más rápido y superó al fenicio y al hebreo en eficiencia. "El lenguaje hebreo era escrito por una nación que vivía en las tierras montañosas y lejos de los cruces internacionales, y que tendía a preservar sus valores tradicionales", escribe el Prof. Joseph Naveh de la Universidsad Hebrea. Los arameos, más abiertos al mundo circundante, siguieron perfeccionando su escritura hasta que fue más fácil escribirla, como letra cursiva. Bajo la anuencia asiria, el arameo fue en corto tiempo un lenguaje que se utilizaba para las transacciones oficiales en todo el Cercano Oriente, si bien grandes poblaciones seguían utilizando sus lenguajes propios.

 

Los campesino idumeos que nos dejaron la ostraca probablemente hablaban edomita que era muy parecido al hebreo. También árabe, pero su escritura era aramea. Los judíos por su parte, escribían en arameo para los asuntos administrativos y comerciales, pero continuaron utilizando hebreo antiguo para los textos religiosos. Un cambio ocurrió en el período helenístico cuando el griego reemplazó al arameo como lenguaje oficial del gobierno en toda la región. El arameo estaba tan insertado como lenguaje escrito que permaneció en uso, pero los diferentes pueblos que lo utilizaban, al no encontarse limitados a una escritura universal, comenzaron a desarrollar sus propias versiones.

 

Los judíos también, desarrollaron una escritura diferente al arameo que resultó en el hebreo tardío. Los eruditos, para distinguir la forma nueva y antigua del hebreo, la llaman escritura judía que es la que conocemos hasta el día de hoy. La escritura del hebreo antiguo no era utilizada por los judíos sino por los samaritanos, quienes se consideran los verdaderos descendientes de los israelitas.