El cristianismo primitivo

 

Jesucristo Existe mucha gente que ha sospechado del cristianismo, pero muy poca ha sido lo suficientemente curiosa para ahondar en la historia real de esta religión, que en realidad no es otra cosa que una adquisición accionaria estratégica que Roma utilizó como una herramienta de control. Casi todos saben que la Biblia ha sido editada a través de los siglos, pero pocos conocen exactamente lo que le ha sido quitado o agregado.

 

Luego de la revuelta judía en Jerusalén durante el primer siglo después de Cristo, los guerreros romanos habían destruido todos los documentos relacionados con el legado Davidiano de la familia de Jesús... sin embargo, la destrucción distaba mucho de ser total, siendo retenidos documentos relevantes por los herederos de Jesús, quienes llevaron la herencia Mesiánica desde el Cercano Oriente hacia Occidente.Como lo confirmara la Historia eclesiástica de Eusebio (el Obispo de Caesara del siglo IV), estos herederos fueron llamados los “Desposyni”. El símbolo del pez fue su estandarte. De ellos era el legado de la Casa Real de Judah, un linaje dinástico que aun hoy existe. A través de los siglos, una conspiración continúa de la Iglesia y el gobierno ha prevalecido en contra de la herencia Mesiánica.

 

Esta conspiración se agudizó cuando la Roma imperial desvió el curso de la Cristiandad hacia un ideal alternativo, situación que ha continuado hasta nuestros días.El dogma científico cambia de manera natural, pero es muy raro que suceda lo mismo con el dogma religioso.

 

La Iglesia Cristiana no le presta atención a los descubrimientos y a las revelaciones, y todavía conserva mucho del incongruente dogma que data de los tiempos medievales. La veneración de la primera deidad femenina existía desde hacía mucho tiempo en Canaan, donde tomó la forma de la diosa Astoret. Esta fue abiertamente adorada por los israelitas hasta el siglo VI antes de Cristo. Como Dama Astoret, ella fue la esposa sobrenatural de “Él”, la deidad masculina suprema, y los dos eran juntos la Pareja Divina. Ellos tenían una hija llamada Anat, la Reina de los Cielos, y un hijo, el Rey de los cielos, que fue llamado “He”. A medida que pasó el tiempo, las personalidades separadas de El y He se fueron fusionando para luego convertirse en Yahveh.

 

De manera similar, Astoret (Asera) y Anat se fundieron entre sí dando lugar a la consorte de YHVH, conocida como la Shekina o Matronit. El nombre de Yahveh es una transcripción tardía, la cual es en sí una forma de la raíz hebrea de cuatro consonantes YHVH dentro de la cual han sido interpoladas dos vocales. Originalmente estas cuatro consonantes (que más tarde se transformaron en una especie de sigla para el único dios) representaban a los cuatro miembros de la familia celestial: “Y” representaba a El, el padre, “H” era Asera la Madre, “V” correspondía al Hijo, y “H” era la Hija, Anat. De acuerdo a las tradiciones reales de la época y de la región, la novia misteriosa de D, la Shekina, también fue considerada su hermana.

 

En términos prácticos, la consolidación del ideal hebreo de un único dios no ocurrió realmente hasta después de los 50 años de cautiverio en Babilonia (586-536 AC). Cuando los israelitas primero fueron deportados allí por Nabucodonosor, eran en verdad tribus dispares que pertenecían a por lo menos dos corrientes étnicas principales (Israel y Judá), pero luego regresaron a Tierra Santa con un propósito nacional común, como los elegidos de Yahveh. Gran parte de lo que hoy conocemos como el Antiguo Testamento fue primero escrito en Babilonia.

 

 

La profecía fue suficiente para asegurar la reconstrucción del Templo de Salomón y el Muro de Jerusalén, pero no apareció ningún salvador . El Antiguo Testamento concluye en este punto en el siglo IV A.E.C. Entretanto, el linaje de David continuaba aunque no reinaba en forma activa. El alzamiento del año 168 A.E.C. en el cual la casta sacerdotal de Hasmonaem Macabeos adquirió importancia, fue provocado en buena parte por la acción del Rey Antiochus IV Epifanio, de Siria, quien le había impuesto a la comunidad judía un sistema de veneración griega. Más tarde, los macabeos volvieron a consagrar el Templo pero, así como los judíos fueron exitosos contra Antiochus, el daño social interno había sido hecho, pues habia sido necesario luchar durante el Sabbath.

 

MagdalenaUn núcleo de devotos judíos ultra-estrictos conocidos como los Hasidim (los pios) se opusieron vehementemente a esto y cuando la triunfante Casa de los Macabeos tomó control y estableció su propio Rey y Sumo Sacerdote en Jerusalén los Hasidim no sólo anunciaron su oposición sino que marcharon en masa fuera de la ciudad con el fin de establecer su propia comunidad, una comunidad pura en las cercanías del Desierto de Qumran. Las obras de construcción comenzaron alrededor del año 130 A.E.C. Entonces, la historia soberana comenzó cuando el heredero revolucionario de Judá pasó audazmente a dominio público. El era Jesús, el Rey de jure (por derecho según la ley) de Jerusalem. Con el objetivo de que los Evangelios estuvieran más allá del entendimiento de los romanos, fueron construidos con dos niveles de significado: escritura evangélica en la superficie e información política debajo. Y los mensajes cuidadosamente dirigidos estaban generalmente basados en los códigos de sustitución establecido por los Escribas. El conocimiento de cómo trabajaba el código no estuvo disponible hasta que fuera publicado recientemente uno de los manuscritos del Mar Muerto. Sólo desde entonces se tiene una apreciación de la enigmática técnica que posibilitó una mayor concientización sobre la inteligencia política en los textos Evangélicos, que estaba cubierta por un velo.

 

El Emperador romano era llamado “el león”. Por lo tanto, ser “rescatado de las fauces del león” significaba escapar de las garras del Emperador o de sus oficiales. Los “pobres” no eran ciudadanos sumidos en la pobreza y sin ningún tipo de privilegios: eran aquellos que habían comenzado en un alto escalón de la comunidad y que habían sido obligados a renunciar a sus propiedades y posesiones mundanas. Los “muchos” era un estilo utilizado para designar al líder de la comunidad de los célibes, mientras que la “muchedumbre” era una designación del Tetrarch regional (gobernador). La palabra “multitud” se aplicaba a algún consejo de gobierno. Los novicios dentro del establishment religioso fueron llamados “niños”. La temática doctrinal de la comunidad era conocida como el “Camino” y aquellos que seguían los principios del “Camino” eran llamados “Hijos de la Luz”.

 

El término “leproso” fue a menudo usado para denostar a aquellos que no se habían iniciado dentro de la jerarquías mas altas de la sociedad, o para aquellos denunciados por ésta. Los “ciegos” eran quienes no formaban parte del “Camino”. Los “ciegos” eran aquellos que no eran parte de la conversión hacia el “Camino”. En este aspecto, “curar al ciego” o “sanar al leproso” se refiere más específicamente al proceso de conversión hacia el “Camino”. Librarse de la excomunión era descripto como “resucitar de la muerte”. La definición “impuro” estaba relacionada generalmente con los Gentiles no circuncisos, mientras la descripción “enfermo” hacía notar a aquellos en desgracia pública o clerical.

 

La “Luz” era la doctrina que la comunidad consideraba su mensaje guiador, y fue representada por una trilogía de alto rango, correspondiendo respectivamente a Sacerdote, rey y Profeta. Estos guardaban los títulos simbólicos de Poder, Reino y Gloria. En el patriarcado clerical, el padre era Supremo y sus dos segundos inmediatos eran designados su hijo y su espíritu. Josefus explica que los Esenios fueron muy cultivados en el arte de curar. Una de las creencias fundamentales de los Esenios era que el Universo contenía a los dos espíritus esenciales de la Luz y la Oscuridad. La Luz representaba la verdad y la rectitud, mientras la Oscuridad describía a la perversión y al mal.. El equilibrio de uno contra el otro en el cosmos era establecido por el movimiento celestial, y gracias a su distribución, las personas recibían ciertos grados de cada espíritu, definidos según las circunstancias planetarias de sus nacimientos. La batalla cósmica entre la Luz y la Oscuridad era así perpetuada dentro de la Humanidad y entre una persona y otra.

 

 

Dios fue reservado para ser el regente supremo por sobre los dos espíritus esenciales, pero encontrar el Camino a la Luz requería seguir un largo y arduo recorrido de conflictos. Este recorrido culminaba en una contraposición final de una fuerza con la otra en el Tiempo de la Justificación, más tarde llamado el Día del Juicio. Se pensaba que, a medida que ese tiempo se acercara, las fuerzas de la Oscuridad se fortalecerían durante el período de la Tentación. Por tradición, el Espíritu de la Oscuridad era identificado como Belial (inútil) cuyos seguidores veneraban a otros dioses, y no a Yahveh. El Espíritu de la Luz fue sostenido por su jerarquía y fue simbolizado por la Menora. En la época de los reyes Davidianos, el sacerdote Zadikite fue considerado el defensor más importante de la Luz.

 

Así como el Espíritu de la Luz tenía su representación en la Tierra, también la tenía el Espíritu de la Oscuridad. Este fue un compromiso sostenido por el Jefe de los Escribas, cuyo propósito era establecer una oposición formal dentro de la estructura jerárquica.

 

Una de las principales responsabilidades del Príncipe de la Oscuridad era probar a las mujeres iniciadas en el celibato, por cuya capacidad mantenía el título hebreo de “Satán” (Acusador).

 

En el libro de la Revelación, se vaticina que la gran guerra final entre la Luz y la Oscuridad tendría lugar en Armagedon, un importante campo de batalla palestino donde una fortaleza militar custodiaba las planicies de Jezreel, al sur de las colinas de Galilea. Los denominados “Manuscritos de la Guerra” describe en detalle la lucha cada vez más cercana entre los Niños de la Luz y los Hijos de la Oscuridad. Las tribus de Israel iban a estar de un lado, y los Kittim (romanos) y varias facciones, en el otro. Sin embargo, en el contexto de esta guerra culminante, no se hace mención a un Satán omnipotente: esa imagen no jugó ningún papel en la percepción que la comunidad tuviera sobre El Juicio Final. El conflicto iba a ser una cuestión puramente mortal.

 

IHSMucho más tarde, la noción fundamental detrás de este concepto antiguo fue hurtada y adaptada por la emergente Iglesia de Roma. La simbólica batalla de Har Megido fue removida de su ubicación específica y ampliada a escala mundial. Con Roma, la hasta ahora “Oscuridad” usurpaba la “Luz” a su favor. Con el fin de que las reglas de los Obispos católicos permanecieran, fue estratégicamente decretado que el Día del Juicio no había llegado aún. A aquellos que, a partir de entonces, obedecían el corregido principio de la Iglesia Católica Romana se les prometía el derecho de entrar al Reino de los cielos, siendo santificados por los obispos. Así el Fuerte en la colina de Megido fue investido de un transfondo sobrenatural, por eso la palabra “Armagedon” adquirió un espantoso timbre de terror apocalíptico. Esto implicó el terrible final de todas las cosas que no conducían a la conformidad total con las reglas de Roma. En este sentido, Roma ha probado ser uno de los más ingeniosos manipuladores políticos de todos los tiempos.