La catedral gótica



Catedral de ChartresLa arquitectura gótica surgió en Francia en el siglo XII y fue extendiéndose paulatinamente hasta que, al cabo de cien años, se impuso en toda Europa. Las condiciones políticas que posibilitaron la aparición del Gótico fueron el espíritu de optimismo y de expansión del cristianismo que acompañó a la consolidación política de Occidente, la prosperidad económica general, el resurgimiento de las ciudades, el nacimiento de la burguesía y el fin de las correrías de húngaros, normandos y musulmanes que permitió que las iglesias dejaran de ser fortalezas que albergaran a la población en caso de ataque y pudieran abrirse a la luz mediante grandes ventanales.


El 14 de julio de 1140 se inauguró el nuevo coro de la iglesia de Saint Denis en París. Con esta construcción, llevada a cabo por el poderoso abad Suger y cuyo arquitecto se desconoce, nació la arquitectura gótica. Ésta fue empleada en la construcción de iglesias, conventos, abadías, universidades, castillos, tumbas, etc. Aquí nos limitaremos a la tipología que constituye su más acabada expresión: la catedral. Por otra parte, esta tipología es la que mejor podemos apreciar puesto que los modelos medievales fueron fuente de inspiración para las numerosas iglesias neogóticas del siglo XIX y principios del XX.


La catedral gótica presenta una planta de tipo basilical. Esta tipología espacial consiste en una nave central de gran altura y dos naves laterales más bajas, la diferencia de altura entre ellas permite abrir ventanas en la parte alta de la nave central que, es iluminada directamente del exterior. Las naves laterales suelen tener pequeñas ventanas pero reciben la mayor parte de su luz de la nave central. Es de destacar que algunas iglesias presentan cinco y hasta siete naves en lugar de las tres habituales.


El esquema basilical es generalmente atravesado perpendicularmente por una nave -de idéntica envergadura que la central- denominada transepto. En el Gótico francés los transeptos son iluminados a través de rosetones o ventanas circulares con vitrales. El espacio en el que el transepto se cruza con la nave central se denomina crucero. Pasando el transepto, la nave principal se continúa hasta terminar en un ábside de planta circular o poligonal. En este espacio, denominado coro, se ubicaba el clero. El coro en las catedrales góticas presenta un amplio desarrollo debido al considerable aumento del número de clérigos, con lo cual, el transepto queda casi en la mitad de la iglesia.


En las grandes iglesias, las naves laterales también se continúan después del transepto -rodeando el coro- conformando el deambulatorio. Este espacio de circulación permite el acceso de los fieles a las capillas radiales en las cuales se exhiben reliquias. De esta manera, el deambulatorio y las naves laterales se convierten en una vía de circulación perimetral por la cual los fieles hacen su recorrido de veneración sin interferir en la ceremonia.


En la catedral gótica, los alzados de los muros de la nave central se dividen en cuatro niveles:

 

  1. Arcada, en planta baja.
  2. Galería, en un nivel superior.
  3. Triforio, en un tercer nivel, es una galería más baja.
  4. Claristorio, nivel más alto, en el que van los ventanales.

 


Sólo algunas iglesias primitivas presentan los cuatro niveles. Con el correr de los años se suprimió la galería y posteriormente el triforio.


La arquitectura gótica sistematizó varios elementos estructurales, algunos de los cuales ya habían hecho su aparición en el románico tardío. Estos elementos son: el arco ojival, la bóveda de crucería, el contrafuerte y el arbotante.


La arquitectura romana y todas la que de ella derivaron son sistemas de masas. En éstos, las estructuras son pesadas y continuas. El Gótico, por el contrario, es un sistema de nervios. En éste las estructuras se presentan como finos elementos lineales por los cuales va conducido todo el peso del edificio. Otra clave del sistema es que todas las estructuras destinadas a resistir los empujes laterales de las bóvedas se encuentran fuera del edificio. Estas estructuras son los contrafuertes y los arbotantes. Los contrafuertes son pilares adosados a la pared para reforzar los puntos en los cuales están concentrados los empujes. Los arbotantes son arcos que conducen los empujes desde las paredes de la nave central hasta los contrafuertes, pasando por arriba a las naves laterales. La racionalidad estructural de la arquitectura gótica fue la condición técnica que permitió abrir grandes ventanales y arcadas posibilitando la fluidez espacial, la verticalidad y la luminosidad que, son los rasgos distintivos del arte ojival.


En las iglesias góticas las naves están cubiertas por bóvedas de crucería. Éstas son una evolución de la bóveda de arista que, es el resultado del encuentro perpendicular de dos bóvedas de cañón. Las bóvedas de arista presentan cuatro paños que determinan aristas en sus encuentros. En la bóveda de crucería, las aristas están reforzadas por nervaduras. La ventaja estructural de estos tipos de bóveda es que descargan su peso en sólo cuatro puntos, a diferencia de las de cañón que, apoyan a lo largo de todo el muro. Desde los puntos de apoyo se desvían los esfuerzos laterales hacia los arbotantes y contrafuertes, y los gravitacionales hacia los cimientos, mediante columnillas adosadas al muro que son una continuación de las nervaduras de las bóvedas.


Es necesario aclarar que el uso de las bóvedas de piedra, que se hizo corriente mucho antes de la aparición del Gótico, estuvo motivado por los incendios que frecuentemente se producían en las iglesias con cubierta de madera a la vista. De todos modos, existen varias capillas góticas -sobre todo en Inglaterra- que continuaron con la tradición maderera.

 

 


Catedral de SevillaEl espacio gótico se caracteriza por su fluidez. Ésta se logra por el hecho de que las paredes de la nave central estén caladas con grandes ventanales y arcadas; por la redondez de los pilares, columnillas y nervaduras; por la luz que entra por todos lados y; porque todos los elementos estructurales presentan una clara continuidad entre sí. Esta última característica del gótico contrasta con la arquitectura clásica, en la cual, los elementos estructurales están bien diferenciados. En el interior de los edificios góticos, las nervaduras de las bóvedas van bajando por las paredes sin perder su forma. Este rasgo de las estructuras góticas, la altura descomunal de la nave central y el arco ojival, definen otra característica del espacio gótico que es su acentuada verticalidad.


La otra característica del espacio gótico es su luminosidad. A través de los vitrales de colores, algunos con imágenes y otros con figuras geométricas, articulados con elementos de tracería que les sirven de soporte, penetra una suave luz coloreada. Esta es la luz gótica que al no ser natural, impresiona como sobrenatural. El efecto lumínico es deliberado: Dios se identifica con la luz.


Todas las características del espacio gótico -fluidez, verticalidad y luminosidad- dan como resultado una impresión general de ingravidez. Este efecto busca que el observador se sienta elevado desde lo material hacia lo inmaterial. El templo se vuelve así una representación de lo divino y, una nave que conduce al Cielo.


Contribuía al grandioso efecto general el hecho de que las catedrales estuvieran pintadas interiormente de los más vivos colores. Lamentablemente, a partir del Renacimiento empezó a considerarse de mal gusto la pintura de las iglesias, lo cual determinó que fueran despojadas del color, quedando la piedra a la vista. Por eso los colores no han llegado hasta nuestros días, salvo raras excepciones como la de la Sainte Chapelle de París o la de la iglesia de San Francisco de Asís.


La cabecera de las iglesias medievales está siempre orientada hacia el este. Ello se debe al simbolismo de ese punto cardinal: Cristo es la luz del mundo y se identifica con el sol naciente que, por resurgir cada mañana, es símbolo de la resurrección.


El exterior de las iglesias exhibe con toda franqueza la organización interior. La diferencia de altura de los tejados trasluce la división de las naves. Por otro lado, gran parte de la gracia exterior de las catedrales góticas se debe al tratamiento plástico de las estructuras de soporte. Las fachadas laterales están ritmadas por la regular disposición de arbotantes, contrafuertes y ventanas. Esta sucesión es interrumpida por el transepto. Pasado éste, la sucesión continúa y empieza a girar alrededor del ábside para reaparecer en la fachada opuesta.


La fachada principal de las iglesias góticas generalmente presenta dos torres flanqueando el acceso principal. Este esquema, tan frecuente en las puertas de los castillos y de las ciudades amuralladas, pretende –en las iglesias- simbolizar la puerta de acceso al reino de Dios. No olvidemos que San Pedro, símbolo de la Iglesia misma, es quien tiene las llaves del cielo. En referencia a esto, la iglesia de Azul, Argentina, presenta una inscripción en la puerta principal que reza “Haec est domus Dei et porta Caeli”, “esta es la casa de Dios y la puerta del Cielo”. Si bien el esquema de dos torres es el ideal, el de una sola no es menos frecuente, sobre todo en Bélgica y Alemania.


En las iglesias góticas, las puertas de acceso están enmarcadas por varios arcos que se encuentran uno más atrás que el otro. Así, profundizando las puertas, se jerarquiza el acceso.


Los exteriores de las iglesias están decorados con pináculos y florones que coronan las partes altas. Las torres suelen estar rematadas por pronunciadas agujas en cuyos extremos superiores se alzan las cruces. Todos estos elementos acentúan el carácter vertical de los templos en su voluntad de alcanzar el cielo.


Las catedrales góticas presentan generalmente gran cantidad de esculturas. La de Chartres presenta más de mil ochocientas. En el Gótico, la escultura está subordinada a la arquitectura. Su función no es meramente decorativa sino instructiva. En la edad media, la lectura estaba reservada a los nobles y clérigos que, por otro lado, eran los únicos que sabían latín. Por esta razón, gracias a los vitrales y estatuas, las iglesias se convertían en libros abiertos que permitían que el pueblo se familiarizara con los temas religiosos. Otro tema común en las iglesias eran los seres monstruosos que decoraban los lugares altos y las gárgolas. Estos seres fabulosos cumplían la misión de ahuyentar los espíritus del mal.


Con la llegada del Renacimiento, la arquitectura gótica comienza a declinar hasta que sus últimos estertores se apagan en el siglo XVI. Del Renacimiento en adelante, el gótico empieza a ser tenido por un arte bárbaro y desproporcionado. Por esta razón, el estilo hasta entonces llamado ojival, fue peyorativamente tildado de “gótico” pues los godos eran considerados el símbolo de la barbarie. Desde entonces, ese es el nombre con el que lo conocemos. La arquitectura gótica recién fue reivindicada, por el Romanticismo, en el siglo XIX. Durante ese siglo y parte del XX se construyeron en el mundo cientos de edificios neogóticos. En la literatura aparecen temas medievales con trasfondos de castillos e iglesias. Quizá la obra más representativa sea “El jorobado de Notre Dame” de Victor Hugo.


La arquitectura gótica junto con la clásica ha pasado a ser la más emblemática de nuestra civilización y a casi novecientos años de su invención bajo los auspicios de Suger, sigue siendo un signo inequívoco de religiosidad para todo el mundo occidental.



Augusto Rocca, arquitecto

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