Dalái Lama

 

Dalai Lama Tenzin GyatsoTemplo de Salomón se une a la repulsa popular a nivel mundial en contra de la feroz y atroz ocupación de China en el Tibet, donde impunemente se está atentando de forma continuada contra los derechos humanos, cívicos y sociales sin que nadie se atreva a hacer nada.


Es hora que se pase a la acción, de manera pacífica, pero con la contundencia que clama en el espíritu de la gentes de bien, tal y como está llevando a cabo el Dalái Lama en su peregrinaje por el mundo.


¡Basta de barbarie y abusos! Es impensable e inadmisible que se puedan cometer estos actos en los albores del siglo XXI, donde la tan cacareada sociedad del desarrollo y la libertad aparta la mirada hacia otro lado, mientras los inocentes y los indefensos son miserablemente masacrados y sometidos por la fuerza de la sinrazón y de las armas con total impunidad.


Si Justicia es dar a cada uno lo que le pertenece y es suyo, ¡Exigimos justicia para el Tibet!
 

 

Boicot J.J.O.O.China 2008 Con Sangre NO


 

 

 

 

 

 

Dalái Lama, del mongol dalaï, océano, y del tibetano lama (bla-ma), maestro espiritual o gurú. Traducido generalmente como "océano de sabiduría", este título fue forjado por el jefe mongol Genkhis Khan, al aceptar a Sönam Gyatso como maestro excepcional, alentando al pueblo mongol a la conversión al budismo vajrayana. Nótese que en este caso, dalay era la traducción de "Gyam-tsho" (Gyatso), el apellido de los Dalái Lamas desde Gedun Drup.

 

Los budistas tibetanos consideran que los Dalái Lamas son emanaciones del Buddha Avalokiteśvara , aunque no es un maestro Buddha sino uno Bodhisattva, es al patrono del Tíbet y se cree que, tras su muerte, su conciencia sutil tarda un intervalo de cuarenta y nueve días, por lo menos, para nacer de nuevo en un niño que ya desde su nacimiento puede dar señales de su carácter especial. Avalokiteśvara es una deidad importante para el budismo tibetano y es considerado en las enseñanzas vajrayāna como un buda. En cambio, para las enseñanzas mahāyāna es visto más bien como un bodhisattva de elevado nivel.

 

Tras la muerte del Dalái Lama, el Panchen Lama se encarga de reconocer su reencarnación, o tulku (normalmente un niño) por estas señales, quien pasará a ser el nuevo Dalái Lama. A su vez, el Dalái Lama debe reconocer a la reencarnación del Panchen Lama tras la muerte de éste.

 

Tradicionalmente, el Dalái Lama ha sido el líder espiritual y temporal del Tíbet; Tenzin Gyatso, actualmente en el exilio, tras la ocupación y anexión forzada por parte de la China maoísta, ha abandonado la preeminencia política tradicional, y ha creado un Ministro presidente del Kashag (gabinete), elegido por sufragio universal.

 

El 17 de octubre de 2007 el Congreso de los Estados Unidos le ha otorgado la Medalla de Oro, lo que ha desatado la furia del Gobierno de China.

 

 

 

 

 

La Ocupación del Tíbet

 

En la víspera del inicio del festival anual de ópera tibetana (Lhamo) de 1950, se sintió, en los aproximadamente dos millones y medio de kilómetros cuadrados que conforman el Tíbet, un temblor inusual: iba acompañado por el sonido de explosiones que se escucharon tan lejos como Calcuta, y de un resplandor rojizo que iluminaba el cielo. El pueblo tibetano, tan propenso a la interpretación mágica de la realidad, vio en el extraño fenómeno un oscuro presagio. Los acontecimientos que tendrían lugar dos meses después, en octubre, podrían tomarse como la confirmación de aquellos sentimientos.

 

Cuando en 1949, el Ejército Popular de Liberación (EPL) ganó en forma definitiva el control de China, anunció que una de sus prioridades sería la liberación del Tíbet. De qué debería liberarse, no quedaba muy claro. A lo largo de todo este siglo, China ha reclamado soberanía sobre el Tíbet, lo cual es una aberración histórica. Una aberración que ha costado la vida a 1,200,000 tibetanos desde 1950, (1,207,387 hasta 1988). En octubre de 1950, un ejército de 80,000 soldados comunistas chinos atravesó el río Drichu, la frontera de la provincia tibetana de Chamdo con la naciente República Popular China (RPC).    

 

China reclama derechos sobre Tíbet desde la época de decadencia de la dinastía Qing, de origen Manchu. Esto último es importante, puesto que se trata de una dinastía extranjera en China, no se trataba de gobernantes chinos, sino mongoles. La dinastía Qing fue arrojada del poder por el ejército nacionalista de Chiang-Kai-Shek en 1912. Este evento permitió al ejército tibetano expulsar a los últimos remanentes del ejército imperial chino, que había invadido al Tíbet en 1910.

 

Mientras el EPL seguía su avance hacia Lhasa, la capital tibetana, la RPC impuso un “Acuerdo en diecisiete puntos” que hacía al Tíbet parte integral de la república, exigía de una manera eufemística la rendición del reducido ejército tibetano, despojaba a la nación de toda capacidad para establecer relaciones internacionales. Se estipulaba que se respetaría el sistema político local, la autoridad y posición del Dalai Lama, las pertenencias y las personas de los tibetanos, así como la libertad de culto. No pasó mucho tiempo antes de que el EPL violara cualquier artículo que fuera favorable al Tíbet. Al colectivizarse la tierra, e introducir tipos de cultivo inadecuados para las particulares condiciones de la meseta tibetana, por primera vez en la milenaria historia del país de las nieves eternas, se conoció el hambre.

 

Los abusos y atrocidades cometidos por los soldados y oficiales chinos llevaron a una serie de sublevaciones. Para 1957 había una situación de guerra franca en las provincias de Amdo y Kham. La mayoría de los sublevados eran Khampas, la subetnia tibetana más aguerrida. Al irse aproximando a la capital, los chinos temieron una insurrección generalizada, por lo que “invitaron” al Dalai Lama a acudir a una representación cultural en un cuartel militar chino establecido en Lhasa, "por su seguridad", se le pidió que su escolta personal fuera lo más reducida posible, y se presentara desarmada.

 

La situación alcanzó un punto crítico el 10 de marzo, fecha que se fijó para la visita del líder tibetano al cuartel chino. Cuando la noticia, que los chinos trataron todo el tiempo de mantener en secreto, trascendió, el resultado fue inesperado: espontáneamente, el pueblo tibetano tomó las calles para impedir que Su Santidad saliera de su palacio, porque tenían la seguridad que las intenciones del EPL eran el secuestro del Dalai Lama. Huelga decir que no fue posible la visita a las instalaciones militares. Durante los siguientes seis días, hubo un intercambio de misivas entre las autoridades militares y los tibetanos. Al séptimo, cuando los chinos habían hecho explícito que pensaban bombardear a la población apostada en las afueras del Palacio de Norbulingka, donde se encontraba el Dalai Lama, y tras consultar con el oráculo estatal de Nechung, el décimo cuarto Dalai Lama del Tíbet, Tenzig Sonam Gyatso, decidió huir al exilio.

         

La huida del joven monje, que a la sazón contaba con 24 años de edad, no impidió que la represión que se desató cobrara la vida de 82 000 personas. Poco antes de abandonar suelo tibetano, el Dalai Lama, y el Kashag "el consejo de ministros", repudiaron el "Acuerdo en diecisiete puntos" y proclamaron el gobierno tibetano, hoy en el exilio, que hasta la fecha es la única autoridad legalmente constituida para el Tíbet, lógicamente sólo de derecho. La ceremonia fue presenciada por un auditorio de alrededor de mil personas. Pocos días después, la partida ingresó al territorio de la India. Desde entonces, el Dalai Lama ejerce el gobierno en el exilio desde ese país, teniendo su residencia en la ciudad de Dharamsala.

 

A partir de entonces, Su Santidad ha recorrido el mundo incansablemente en busca de apoyo para el pueblo tibetano. Hasta ahora, ha recibido más ayuda de la población civil, ya que ningún gobierno ha reconocido oficialmente al gobierno del Dalai Lama. Sin embargo, la Comisión Internacional de Juristas declaró que:

 

La postura del Tíbet referente a la expulsión de los chinos en 1912 puede con justicia describirse como una independencia de facto [...] Por tanto, puede afirmarse que los acontecimientos de 1911-1912 señalan la reemergencia del Tíbet como un estado plenamente soberano, independiente de hecho y por ley del control chino.

 

Ya en el exilio, el gobierno tibetano ha sido reformado, en busca de esquemas democráticos. El 2 de septiembre de 1960 quedó inaugurado el Comité de Diputados del Pueblo Tibetano, como el cuerpo legislativo supremo. En él, están representados los habitantes de las tres regiones del Tíbet: Ü-Tsang, Amdo y Kham, las principales sectas del budismo tibetano, así como la religión antigua del Tíbet, el Bön. En la actualidad, ese organismo se llama Asamblea de Diputados del Pueblo Tibetano, o Bhoe Mimang Chetui Lhenkhang.

 

En 1989, año en que visitó México para establecer la primera representación oficial del Gobierno Tibetano en el Exilio para Latinoamérica óCasa Tíbet Méxicoó, recibió el Premio Nobel de la Paz. Desde entonces ha sido creciente el apoyo que recibe la causa tibetana en Occidente.

 

El Premio Nobel le fue concedido con base en su Plan de Paz en Cinco Puntos, que consiste en lo siguiente:

 

  • Transformación de todo el Tíbet en una zona de paz.
  • Abandono de la política de transferencia de población china que significa una amenaza a la existencia misma del pueblo tibetano.
  • Respeto por los derechos humanos fundamentales del pueblo tibetano y por las libertades democráticas.
  • Restauración y protección del medio ambiente natural del Tíbet y abandono de la utilización que China está haciendo del Tíbet para la producción de armas nucleares y como cementerio de residuos nucleares.
  • Comienzo de negociaciones formales sobre el futuro status del Tíbet y sobre las relaciones entre los pueblos tibetano y chino.

 

El plan había sido hecho público el 21 de septiembre de 1987, en una presentación frente a la Comisión de Derechos Humanos del Congreso de Estados Unidos. En realidad el plan era bastante más viejo, pues en su contenido consistían las propuestas que había hecho a China desde 1979, cuando Deng Xiao Ping declaró que todo era negociable, excepto la independencia del Tíbet. Como se puede ver claramente, en ninguno de los cinco puntos se habla de independencia, ni siquiera en el quinto, que lo único que hace es establecer la diferencia que existe entre chinos y tibetanos, también sostenida por la RPC. Hoy en día es evidente que no hay voluntad por parte de China para solucionar este problema, y nunca se podrá saber si la declaración de Deng Xiao Ping fue sincera. 

 

El 29 de julio de 1997, la Secretaria de Estado de Estados Unidos, Madeleine Albright, declaró a líderes del Congreso de ese país que nombraría un "coordinador especial" para vigilar la política estadounidense sobre el Tíbet. El anuncio fue hecho como respuesta a la presión ejercida por las facciones tanto demócrata como repúblicana. El nuevo coordinador no tendrá el rango de embajador, aunque hay miembros del Congreso que pugnarán porque así sea. China protestó inmediatamente, aduciendo que Estados Unidos estaba interfiriendo en la "asuntos internos". La RPC siempre ha esgrimido ese argumento ante cualquier crítica por parte de la comunidad internacional sobre violaciones a los derechos humanos. La postura de Estados Unidos puede significar en el mediano plazo que se inicien negociaciones tendientes a solucionar el conflicto chino-tibetano.

 

En este momento la situación del Tíbet es desesperada. La población tibetana ya es una minoría en su propio país, frente a la población de etnia china que ha sido transferida. Los tibetanos no tienen acceso a la educación ni a servicios médicos. La práctica de la religión está prohibida. Las mujeres tibetanas están siendo sometidas a abortos y esterilizaciones forzadas, parte de lo que el Partido Comunista chino, en una reminiscencia del Partido Nazi, llama la solución final.

 

El futuro del Tíbet está en las manos del apoyo que pueda recibir por parte de los países occidentales, que se rehusan a aplicar sanciones económicas al país que está realizando el genocidio más escandaloso de la segunda mitad del siglo XX.

 

Como se puede deducir fácilmente por lo expuesto hasta este punto, la historia del Tíbet está inextricablemente unida a la del Dalai Lama. Por eso, no resulta raro que se termine este texto con uno de los párrafos finales de su autobiografía:

 

"Desearía acabar este libro con una nota de agradecimiento a todos los amigos del Tíbet. La preocupación y el apoyo que han expresado en favor de la causa de los tibetanos nos ha llegado profundamente al corazón, y continúa proporcionándonos el coraje para luchar por la libertad y la justicia, no por medio del recurso de las armas, sino con las armas más poderosas de la verdad y la determinación. Sé que estoy hablando en nombre de todos los tibetanos cuando les doy las gracias, y les pido que no olviden al Tíbet en este momento crucial de la historia de nuestro país."