La iglesia románica



Hacia fines del primer milenio, la gradual estabilización política de Europa tuvo como consecuencias una mejora en las condiciones de vida, una mayor seguridad general y un incremento del intercambio comercial. Estos factores materiales sumados al fervor espiritual de aquella época y a la fundación de nuevas órdenes monásticas como la de Cluny y la del Císter, fueron las condiciones que permitieron la aparición de la arquitectura románica.


Este nuevo arte nació a mediados del siglo X y dio forma a castillos, iglesias y monasterios hasta el siglo XII. Su nombre fue concebido en 1818 por el arqueólogo D. Gelville. En parte porque el Románico emplea estructuras romanas como el arco de medio punto y la bóveda y, en parte, por oposición al otro gran arte medieval, el gótico.

La arquitectura románica presenta un nuevo ordenamiento, modulación y articulación del espacio, una armónica integración de los volúmenes del edificio y una marcada verticalidad. Para ello, toma como punto de partida el esquema basilical de las iglesias paleocristianas y se sirve de los tanteos e innovaciones efectuados por los arquitectos del período carolingio y prerrománico.


Otra característica del Románico es el carácter macizo de su estructura. Por razones estéticas y a fin de evitar incendios, las naves comenzaron a cubrirse con bóvedas. Para poder soportar el peso y los empujes laterales que éstas ejercen, los muros y pilares debían ser muy gruesos y las ventanas debían ser más bien pequeñas. Por otra parte, la iglesia era un refugio ante los sorpresivos asaltos de los moros, magiares y vikingos. Aunque ya casi no se produjeran, la sola eventualidad exigía que las puertas y ventanas fueran pequeñas. A eso se debe que la iluminación natural de los templos románicos sea bastante escasa.


En cuanto al nuevo ordenamiento del espacio, la iglesia románica adoptará una planta de cruz bien definida. La nave central será muy alargada y estará flanqueada por naves laterales más bajas, siguiendo el esquema de las basílicas paleocristianas. Este esquema estará atravesado por un transepto o nave transversal de igual altura y ancho que la nave central. Los brazos del transepto serán muy alargados. Pasado el transepto, la nave central se prolongará formando un nuevo espacio llamado coro. Este ambiente debe su origen al incremento del número de clérigos, a los cuales dará asiento. El coro terminará en un ábside semicircular o poligonal.


Como consecuencia de la difusión del culto a las reliquias, se construyeron gran cantidad de iglesias de peregrinación a lo largo de las cinco vías que desde Francia conducían a Santiago de Compostela, principal centro de peregrinación junto a Roma y los Santos Lugares. En este tipo de iglesias, a fin de evitar que los peregrinos interfirieran con la misa, los arquitectos del Románico prolongaron las naves laterales, haciéndolas rodear los brazos del transepto y el coro. Así, se puede dar una vuelta completa a toda la iglesia sin poner un pie sobre los ambientes centrales. Esta circulación perimetral recibirá el nombre, a la altura del coro, de deambulatorio o girola.


En las iglesias de peregrinación se adosarán al deambulatorio capillas radiales, las cuales contendrán las reliquias.

Además de dotar de valor simbólico al edificio, el esquema de cruz latina permite centralizar el espacio en el crucero. Este último es el lugar determinado por la intersección de la nave central con el transepto.


Para acentuar más aún la centralización, las iglesias románicas presentan sobre el crucero una torre con ventanas llamada cimborrio. Desde este elemento se derrama la luz, bañando de misticismo el espacio central del edificio.


En cuanto a la modulación, la arquitectura románica se caracteriza por la segmentación del espacio. En las iglesias paleocristianas, los muros de las naves eran continuos, en las románicas comienzan a tener divisiones verticales mediante gruesos pilares que soportan arcos que, a su vez, dividen las bóvedas. De esta forma, cada uno de los tramos presenta su unidad de alzados, de ventanas y de bóveda. Las naves se convierten así, en una sucesión de tramos yuxtapuestos lo cual acentúa su carácter direccional. En muchas iglesias cada unidad presenta entre los pilares principales pilares intermedios. Éstos están bien diferenciados de aquellos. Esta alternancia enriquece el ritmo de los alzados.

Otra característica del espacio románico es la excesiva altura de los ambientes en relación al ancho de los mismos.


En las iglesias románicas los alzados de los muros de la nave central se dividen en distintos niveles:


  1. arcada, en planta baja (correspondiente a las naves laterales).

  2. galería, en un nivel más alto (naves laterales superiores).

  3. claristorio, que es el nivel más alto, en el cual se ubican las ventanas.



Sin embargo, no todas las iglesias románicas presentan los tres niveles, algunas no tienen claristorio, otras no tienen galería, otras no tienen ninguna de las dos cosas y algunas pocas no responden a este esquema.

 

 


Para hablar de la volumetría es necesario recordar que en las iglesias paleocristianas toda la belleza se concentraba en el interior. Por contraste, los exteriores lucían despojados y parecían rechazar el mundo que los rodeaba. La arquitectura románica busca armonizar todo el conjunto dando igual tratamiento al interior y al exterior.


Las fachadas presentan divisiones verticales ya sea por medio de bandas lombardas (pilastras lisas) o de los contrafuertes que contribuyen a contrarrestar los empujes de las bóvedas. En las fachadas laterales, esta segmentación se corresponde con los tramos interiores. Para marcar las líneas horizontales se disponen series de arquillos ciegos a modo de cornisa, muchas veces sobre ménsulas. Otras veces hallamos columnillas y pilastras que pretenden imitar a las romanas aunque -por falta de comprensión de los órdenes clásicos- se ven más toscas y desproporcionadas.


También, en el período románico reaparece la escultura en la decoración de las fachadas, ausente desde los tiempos del Imperio Romano. Las estatuas se disponen en torno a los portales de acceso. Éstos últimos se hallan enmarcados por arcos concéntricos que se disponen uno por detrás del otro a fin de dar profundidad y jerarquía a las puertas de entrada.

Las iglesias románicas presentan una armónica disposición volumétrica. Hasta entonces las torres campanario –cuando las había- se presentaban aisladas del edificio. El románico las integra al volumen principal. Según las regiones habrá más o menos torres En Italia los campanarios seguirán apartados, como en el caso de Pisa. Sin embargo prevalecerá el esquema de dos torres integradas a la fachada occidental, flanqueando el acceso.

Esta forma que -por razones de defensa- era típica de los accesos a los castillos y ciudades amuralladas, simboliza la entrada al reino de Dios. El esquema se completa con el cimborrio, la torre más alta del edificio, que señala su centro espacial.


Otro aspecto importante del desarrollo morfológico de las iglesias románicas está relacionado con el mencionado desarrollo del coro, el deambulatorio y las capillas radiales. Todas estas partes del edificio conforman la cabecera de la iglesia. El coro presenta la misma altura de la nave central o casi.


El deambulatorio es un poco más bajo para permitir la ubicación de ventanas que iluminen el coro. A su vez, las capillas radiales son más bajas que el deambulatorio a fin de que, de igual manera, la luz llegue a este último lugar. El escalonamiento de alturas que acabamos de describir conforma exteriormente lo que se denomina “cabecera armónica”.


Todos los rasgos de la iglesia románica contribuyen a darle verticalidad. La desmesurada altura de las naves, la división de los muros en tramos y los techos abovedados determinan el carácter ascendente del espacio románico. La segmentación de las fachadas en tramos, las pendientes de los techos, las torres y el escalonamiento de la cabecera confieren también un sentido de elevación al exterior del edificio. Este simbólico afán de llegar al cielo alcanzará en la arquitectura gótica su máxima expresión.


En cuanto a la orientación, las iglesias románicas continúan la tradición de las iglesias primitivas. La cabecera de la iglesia se orienta hacia el este, símbolo de la resurrección.

Los ejemplos más interesantes de la arquitectura románica en Francia son: San Saturnino en Toulouse, Santa Fe en Conques, Saint Fronte en Perigeaux y San Martín en Tours, todas iglesias de peregrinación. Famosas son también las catedrales de Angulema, y de Tournai.


Además de muchas iglesias abaciales, de entre las cuales la más famosa era la de la abadía matriz de la orden de Cluny. Este templo fue el más grande de la cristiandad hasta que en el Renacimiento se edificó la basílica de San Pedro en Roma. Lamentablemente, esta joya de la arquitectura fue vendida y demolida durante la Revolución Francesa.


En suelo alemán el románico produjo tres obras maestras: las catedrales de Spira, Worms y Maguncia. Las iglesias más genuinamente italianas mantienen la volumetría típica de la arquitectura paleocristiana, sin embargo adoptan la decoración románica, tanto en sus principios como en sus detalles.


Esta hibridación produce obras maestras como la catedral de Pisa con su famoso campanario inclinado y su baptisterio. Las obras más puramente románicas de Italia son las iglesias abaciales de las órdenes francesas. Éstas siguen el modelo de sus casas matrices. En España se encuentra la iglesia de Santiago de Compostela, meca de los peregrinos de Occidente. Infortunadamente, durante el período barroco se modificó su fachada principal.


La arquitectura románica fue la expresión artística de la naciente civilización occidental. Sus formas evolucionarán y permitirán el surgimiento del Gótico. La organización en planta y la volumetría románicas siguieron ejerciendo su influencia en los períodos posteriores. En el siglo XIX, durante el período del eclecticismo, se construirán iglesias neorrománicas.


Éstas se inspirarán en los modelos medievales. Quizás sea el Sacre Coeur, en el barrio parisino de Montmartre, el ejemplo más famoso del estilo. Esta iglesia, inspirada en Saint Fronte de Perigeaux, sirvió de modelo, a su vez, del Santísimo Sacramento en el barrio porteño de Retiro. Otros ejemplos de arquitectura neorrománica en Buenos Aires son Santa Felicitas, Santiago el Apóstol, Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa y Nuestra Señora de Guadalupe.




Augusto Rocca Arq.

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