El Coliseo

 


El ColiseumLa edificación del anfiteatro Flavio, mejor conocido como el Coliseo, fue comenzada por orden del emperador Vespasiano, primero de la dinastía Flavia, en 72 d.C. A la muerte de Vespasiano, las obras fueron continuadas por su sucesor, Tito, quien las inauguró en 80 d.C. Este acontecimiento -a pesar de que, pocos meses antes había muerto Vespasiano y se había producido la erupción del Vesuvio que terminó con las ciudades de Pompeya, Herculano, Stabias y Oplontis- dio lugar a unos festejos que se prolongaron por cien días. Se supone que fue Rabirio quien diseñó el Coliseo, el mismo que proyectó la Domus Aurea que, era el palacio de Nerón.


El nuevo anfiteatro fue edificado en una cava dejada por la desecación del lago artificial que decoraba los jardines de la Domus Aurea. Próximo al Coliseo, se encontraba el Coloso de Nerón, una gran estatua de bronce del emperador. Se supone que a eso se debe el nombre del Coliseo. Podemos añadir que el nombre no sonaba mal teniendo en cuenta el tamaño del nuevo edificio.


Los griegos construían teatros cuyas tribunas formaban un semicírculo a un lado de la escena. Los romanos se destacaron por construir anfiteatros. Estos no tenían planta semicircular sino elíptica, de esta manera la escena se encontraba totalmente rodeada. A esto se debe la utilización de la palabra anfiteatro para designar a este tipo de construcciones: “anfi”, en griego significa “a ambos lados”. Esta es la tipología a la que corresponde el Coliseo.


Este monumental estadio, con capacidad para 50.000 personas, estaba destinado a distraer y divertir a las masas ociosas con los espectáculos del circo. Estos constituían una tradición muy antigua que los romanos habían tomado de los samnitas. El rasgo más característico de los espectáculos era su crueldad, había duelos de gladiadores, luchas entre fieras y batallas navales o naumaquias. En la antigüedad era mucha la población desocupada puesto que el trabajo era prácticamente monopolizado por los esclavos. Este orden de cosas originó esa forma típicamente romana de populismo que se resume en la expresión “panem et circenses”, pan y circo.


Se dice que en el año de la inauguración del Coliseo fueron aniquilados más de cien mil animales y centenares de humanos. Con estas prácticas, entre otras cosas, se diezmaron varias especies nativas del Africa y medio oriente. Sin embargo, la crueldad de los antiguos, en general, y de los romanos, en particular, no deben asombrarnos. En ese entonces la muerte y el sufrimiento eran omnipresentes. Por otra parte, la defensa del imperio necesitaba de hombres rudos y valientes que estuvieran familiarizados con el dolor y la muerte.


El Coliseo es un edificio de planta elíptica, de 188 m de largo por 156 m de ancho, en cuyo centro se encuentra la arena, ésta se halla rodeada de gradas concéntricas y continuas. Estas se dividían en 76 bloques de asientos con acceso independiente. Se llegaba a cada uno de ellos mediante un sistema de rampas y galerías que partían de los cuatro accesos desde la calle. Estos estaban alineados con los ejes de la elipse.


Las gradas eran cubiertas del sol y de la lluvia por un sistema de puntales y lonas que los romanos habían inventado basándose en los velámenes de las embarcaciones. Debajo de la arena se encontraban los subsuelos en los cuales se alojaban los animales. Estos eran elevados mediante un ascensor movido por esclavos. Para las guerras navales o naumaquias era necesario inundar la arena. El agua llegaba desde los acueductos por medio de cañerías. Cuando el espectáculo terminaba era evacuada por desagües hacia las cloacas.


La estructura del Coliseo está constituida por muros en los cuales apoyan las bóvedas que soportan los distintos niveles. Las rampas interiores también estaban sostenidas por bóvedas. Los empujes laterales de las angostas bóvedas estaban contenidos por las gruesas paredes. Los de los arcos de la fachada se contenían recíprocamente.

 



Exteriormente, el Coliseo presenta una fachada continua que alcanza los 48,5 m de altura. Esta consta de cuatro niveles, los cuales están divididos entre sí por entablamentos continuos que, apoyados sobre semicolumnas, son la base del piso siguiente. Los tres primeros niveles presentan, entre arco y arco, semicolumnas empotradas en los pilares. Las del primer nivel son toscanas, las del segundo, jónicas y, las del tercero, corintias. Este ordenamiento responde a que, según las proporciones clásicas, las columnas toscanas son las más robustas, las jónicas son un poco más esbeltas y las corintias más aún.


Cuanto más esbeltas son, menos capacidad portante tienen. Por esta razón se van colocando más arriba o más abajo según el peso que pueden soportar. Estas columnas no deben soportar nada puesto que su función es decorativa, no obstante, se han colocado así para dar idea de tectonicidad, esto significa, dar la apariencia de que lo de abajo puede soportar a lo de arriba.


El último piso está decorado con pilastras de estilo compuesto, mezcla de jónico y corintio típicamente romana. Las pilastras son columnas aplanadas y adosadas al muro. Este nivel no presenta arcos como los tres pisos de abajo sino pequeñas ventanas rectangulares.


Las columnas, pilastras y entablamentos fueron colocados para dar gracia a la fachada que, si sólo presentara arcos, se vería muy dura y anodina. De esta manera, el frente del Coliseo se ve ritmado por una regular sucesión de arcos y columnas.


La continuidad de la fachada solo se ve interrumpida en la planta baja por los cuatro accesos. Estos estaban jerarquizados por un frontón triangular que apoyaba sobre dos columnas.


Contribuía al majestuoso efecto general el hecho de que todos los arcos de la fachada alojaran estatuas de mármol. Tengamos en cuenta que el Coliseo presentaba 240 arcos a lo largo de su frente.


Los cimientos del Coliseo estaban construidos con hormigón, el resto de la estructura se edificó con ladrillos y bloques de toba. Su fachada estaba revestida en travertino y sus galerías interiores en estuco y decoradas con relieves policromados. Los paramentos de las tribunas que, eran el límite con la arena, eran de mármol pulido. Esto conseguía un imponente efecto estético a la vez que impedía que las fieras subieran a las tribunas puesto que sus uñas resbalaban en el mármol.


Los bloques de toba y travertino estaban unidos entre sí mediante grapas de bronce. Así, las juntas se presentaban sin mortero, con un acabado perfecto.


En el año 404 las luchas de gladiadores fueron definitivamente prohibidas, sin embargo, las luchas entre fieras no lo fueron hasta 523. Posteriormente, el monumento pasó a manos de la Iglesia que, lo dejó en el más completo abandono por no disponer de recursos para mantenerlo. Entonces, las familias nobles empezaron a despojarlo de las estatuas que ornamentaban su frente. Los terremotos de 801 y 847, lo afectaron seriamente. En el estado ruinoso en que quedó, fue usado como cantera de materiales que, eran aprovechados en otras construcciones.


Dos siglos después fue convertido en fortaleza por una familia noble de Roma hasta que, en 1312, volvió a manos de la Iglesia. Los Papas extrajeron del Coliseo centenares de bloques de travertino para construir, entre otras cosas, el palacio Barberini y la iglesia de San Pedro. Otra práctica común era la de extraer las grapas metálicas que unían los bloques, por esta razón la fachada se encuentra actualmente llena de hoyos. En 1749 fue consagrado monumento de la Iglesia, en memoria de los mártires cristianos allí ejecutados.


Esto era un afortunado error, se supo con posterioridad que dichas ejecuciones se llevaron a cabo en el Circo Máximo. En el siglo XIX comenzaron las obras de reestructuración del edificio. En ese entonces se añadieron los contrafuertes que impiden que las fachadas se desmoronen. Hoy, después de 20 siglos de agitada historia, las imponentes ruinas del Coliseo, convertidas en un símbolo de Roma, de Italia y de la misma Europa, son un fiel testimonio del genio romano.



Augusto Rocca Arq.

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