Las Tablas de la Ley

 

NOS ENCONTRAMOS EN LOS AÑOS 1191 Y 1280 ANTES DE CRISTO, FECHAS PROBABLES EN QUE LOS HISTORIADORES SITUAN EL EXODO DEL PUEBLO JUDIO, ES DECIR SU PARTIDA DESDE EGIPTO CON DESTINO A LA TIERRA PROMETIDA.


Aunque este éxodo de los israelitas es considerado con justicia uno de los momentos cruciales de la historia de la humanidad, en el conjunto de la época en que tuvo lugar, debió parecer un hecho trivial.

 

La arqueología aún no ha proporcionado ningún vestigio material que permita aclarar científicamente la historia de la estancia en Egipto de los israelíes, como así también del Exodo.

 

De todas maneras, algunos relatos circunstanciales contenidos en el relato del éxodo, nos sugieren que José y Moisés encajan mejor en el conjunto de la dinastía 19, cuando la ciudad de residencia de los faraones no era ni Tebas ni Menfis, sino Pi-Ransés, al este del Delta, probablemente la misma ciudad llamada Rameses que ayudaron a construir los hebreos. En tal caso, es verosímil que el faraón del éxodo fuera Ransés II quien por otra parte fundó esta ciudad de Rameses embelleciéndola con artísticos edificios, jardines y huertos.

 

Otros historiadores quienes desestiman asimismo que Moisés fuese un personaje mítico, sitúan los a los entredichos del líder del Exodo con su faraón ya en épocas de Merneptah, hijo de ya aludido Ramsés II.

 

Louis Charpentier, en su libro “Los Misterios Templarios”, y en su afán revisionista mosaico, va más lejos que otros autores, casi tanto como ciertas doctrinas esotéricas de la actualidad.

 

Así, nos expone este autor, (ediciones Apóstrofe, 1995, pag. 26) que nadie sabía de donde provenía el saber de los egipcios, y que apareció tan de pronto que podría decirse que sin padres. A su entender, parece probable que las Tablas de la Ley hubiesen sido copias de algunos documentos sagrados egipcios que Moisés muy bien hubiese podido llevarse consigo al Exodo. Ello explicaría, de acuerdo siempre a Charpentier, la persecución contra los hebreos emprendida por el faraón.

 

 

 

Si el presunto Moisés histórico de quien se dice se crió en palacio como un príncipe más, hubiese tenido educación principesca, y por ende, mediante ése tipo de preparación, hubiese accedido asimismo a los secretos del Templo, sin lugar a dudas que la reacción de las autoridades de la época, (padres adoptivos incluidos) ante la firmeza en su deseo de emigrar, hubiese sido francamente furibunda.

 

Quien se formaba dentro de los cánones del Templo egipcio, era, de por sí, el Templo mismo y había con seguridad trascendido en tal carácter formativo, a instancias y planos muy superiores al resto de los comunes educandos, a esferas tan encumbradas de iluminación, que hacían de él un verdadero peligro fuera de las fronteras de su país natal, y ni qué decir si esos secretos que los egipcios guardaban con sumo celo bajo siete llaves, fueran hipotéticamente develados con el correr del tiempo a otros pueblos y culturas.

 

La Sabiduría que hizo de éste pueblo uno tan diferente si se lo compara con otros nómadas y pastoriles de la época, estaba a todas luces en peligro y su poderío innegable en camino de extinción.

 

Nótese que los hebreos eran pastores, alfareros a lo sumo y que hasta Salomón se vio impelido a llamar a extranjeros para construir su templo. El, el rey sabio que rezumaba oro, no contaba con constructores en el seno de su pueblo, con calculistas y artistas aptos para realizar, dirigir y embellecer la gran obra.

 

El Antiguo Testamento nos dice que Yahvé negó a David el privilegio de construir una morada para el Arca de la Alianza y su invalorable contenido, pues éste rey tenía las manos manchadas de sangre a lo largo de tantas campañas y conquistas emprendidas con la finalidad de agrandar los límites de su poderío. Por tanto, otorgó dicha facultad edilicia a su hijo Salomón, quien reinó desde el año 970 al 931 antes de nuestra era.

 

Charpentier nos dice que es probable que para la lectura de las Tablas de la Ley, fuesen necesarios los libros crípticos de Moisés en los que constaba la clave cabalística. Más tarde en los tiempos, vemos que fueron los cabalistas judíos quienes detentaron el arte de transcribir en cifras y fórmulas, los libros mosaicos.

 

El mismo autor nos manifiesta que las Tablas de la Ley constituyen una “fórmula del Universo” y que, apelando quizás a la teoría pues no existen constancias de ello, esas mismas tablas sacadas de Egipto, estaban en poder de los constructores de catedrales en su momento. O bien su esencia y contenido cosmogónico, a mi entender.

 

El ensayista-escritor traza un paralelo entre las pirámides como formulario de “ciencia cósmica” y la catedral de Chartres. Agrega, asimismo, que, si el Grial ha sido considerado siempre “la copa del saber”, ir a buscar las tablas de la Ley era precisamente, para los que se cree fueron los nueve primeros enviados de San Bernardo, ir a la conquista del Grial.

 

La huída de los judíos, conmemorada sistemáticamente durante más de tres mil años durante la Pascua judía, dejando ahora de lado al aludido Charpentier, es indudable que ha sido teñida de leyenda a través del tiempo, y del mismo modo así ha sucedido respecto de la vida de Moisés y “la entrega de la Ley” al pié del monte que la Biblia denomina Sinaí u Horeb. Dicha Biblia relata que Moisés, jefe del exilio de su pueblo, subió a la cúspide del Sinaí y allí habló cara a cara con su Dios Yahvé, mientras su pueblo hebreo en tránsito esperaba en el llano entre nubes relampagueantes, que ocultaban la cima del lugar geográfico al que su líder había ascendido. El desconcierto se hizo presa de la gente y en un anhelo de respaldo, buscaron apoyo en Aaraón, hermano de Moisés. Se dice que Moisés tenía dificultad para hablar y que se comunicaba por boca de Aaraón.

 

 

 

Los Libros de la Ley o los Diez Mandamientos para los cristianos que fuesen contenidos tiempo después y venerados en el Arca de la Alianza, significan la Toráh para los israelitas y la base de todos los libros sagrados que se le atribuyen a Moisés como autor, y que fuese plataforma indiscutible de los códigos incorporados en el Antiguo Testamento. Marcan la famosa “Alianza” entre Yahvé y su pueblo “elegido” de Israel.

 

Cuarenta años aproximadamente luego de la entrega de la Ley, los hijos de Israel cambiaron su vida nómada en los desiertos del Sinaí por un establecimiento en Palestina. Moisés no lo vería con sus ojos; sería Josué en su reemplazo quien dirigiese esos asentamientos.

 

Volviendo al Arca y al tesoro contenido en ellas, se estima que desapareció misteriosamente alrededor del año 900 a.c. o bien fue saqueada y/o destruída alrededor del 586 a.c. por Nabucodonosor, cuando éste arrasó hasta sus cimientos el templo construido por Salomón y llevó en cautiverio al pueblo judío a Babilonia.

 

Se estima y/o pretende que en el año 1119 de nuestra era, tras la conquista de Jerusalén por parte de los Cruzados, los caballeros Templarios se instalaron en la cima de la montaña donde se hubo situado una vez el templo levantado por Salomón, y comenzaron a llevar a cabo interminables excavaciones en el interior de sus ruinas, con la finalidad de hallar el Arca perdida.

 

Hay quien supone que la encontraron y existen del mismo modo los que suponen que no fue así.

 

Es probable que el tesoro obtenido haya sido el de un ignoto legado arquitectónico, que de regreso a Europa, los caballeros portaran con ellos dando inicio a una revolucionaria forma del arte, como está comprobado lo ha sido el Arte Gótico.

 

Están asimismo los que sostienen que el Arca de la Alianza se halla en una iglesia de Etiopía, donde extrañamente el Arca es cabecera de culto por parte de los fieles cristianos que acuden a sus 20.000 iglesias, habiendo supuestas réplicas de la misma en todos estos templos.

 

Nacido Menelik de una relación entre Salomón y la reina de Saba, quien se cree era de origen etíope, éste se educó junto a su padre en Jerusalén para regresar años más tarde al reino de su madre y portar el Arca consigo. Luego de permanecer el tesoro en un templo al efecto sito en la isla de Elefantina durante 800 años, Etiopía es conquistada por un rey cristiano y éste la colocó finalmente en la Iglesia Santa María de Sión donde reside hasta el presente.

 

Muchas son las especulaciones, más nada existe en concreto referido a la existencia en la actualidad del legado de Dios a Moisés.

 

 

 

Pero vayamos a los Diez Mandamientos en sí mismos, los cuales presentan remarcables diferencias entre los promulgados por nuestra iglesia respecto de aquellos que nos recita el Decálogo bíblico original, de acuerdo al Dt. (5,7-21).

 

Ellos nos dicen:

 

  1. No tendrás más Dios que a mí.

  2. No te harás imagen de escultura, ni de figura alguna de cuanto hay arriba, en los cielos, ni abajo, sobre la tierra ni de cuanto hay en las aguas debajo de la tierra. No las adorarás ni le darás culto porque yo, Yahvé, tu Dios, soy un Dios celoso que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen y hago misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos.

  3. No tomarás el nombre de Yahvé, tu Dios, en falso porque Yahvé no dejará impune al que tome en falso su nombre.

  4. Guarda el sábado para santificarlo, como te lo ha mandado Yahvé, tu Dios. Seis días trabajarás y harás tus obras, pero el séptimo es sábado de Yahvé, tu Dios. No harás en él trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno (...) y por eso Yahvé, tu Dios te manda guardar el sábado.

  5. Honra a tu padre y a tu madre, como Yahvé, tu Dios te lo ha mandado, para que vivas largos años y seas feliz en la tierra que Yahvé, tu Dios, te da.

  6. No matarás.

  7. No adulterarás.

  8. No robarás.

  9. No dirás falso testimonio contra tu prójimo.

  10. No desearás la mujer de tu prójimo, ni desearás su casa, su campo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada cuanto a tu prójimo pertenece.

 

Invito al lector a establecer un paralelo con el catecismo según la iglesia católica.

 

La verdad os hará libres”, (Juan, 8,32)

 


Mary-Su Sarlat



FUENTES: HISTORIA UNIVERSAL AGUILAR, DIVERSOS SITIOS DE INTERNET, LOUIS CHARPENTIER, KABBALAH HEBREA ( ref: magister in Kabbalab Beatriz Borovich, UBA) y SANTA BIBLIA.