Hermes TrismegistoHermes Trismegisto (del griego: ρμς Τρισμέγιστος, "tres veces-gran Hermes"; y del latín: Mercurius ter Maximus, es considerado como el padre del tipo de saber que lleva su nombre: el hermetismo, pero hay que hacer una aclaración con respecto a este tema, y es que no se trata de un único autor, sino de varios, tal vez un grupo de iniciados, lo cual se comprende fácilmente porque de lo contrario, tendría que haber escrito día y noche para producir los 2.000 libros que se conocen de él. El nombre Hermes quiere decir Mercurio, el mensajero de los dioses (para los egipcios, Dyehuty (Thot), el dios de la sabiduría, patrón de los magos) y Trismegisto es una palabra griega que significa “Tres Veces Grande”.

 

Los enigmas relacionados con su actividad propiciaron el surgir de la literatura hermética (Hermes tiene el "poder de la palabra", conoce las fórmulas mágicas) sólo asequible a los iniciados en las revelaciones del dios. A los escribas que accedían a su saber se les conocía como "sacerdote-lector". A Dyehuty se le veneraba en Hermópolis Magna.

 

Los libros atribuidos a Hermes se encuentran en el Corpus Hermeticum. La tradición cristiana medieval lo venera como protector y guía de los hermetistas, que practican las ciencias de la alquimia, la magia y la astrología. Se le atribuye la redacción de la Tabla de Esmeralda.

 

Entre su sobras más destacadas están: “El Poimandres”, “El Kybalión”, ciertos libros de poemas sueltos y “El Libro a la Salida de la Luz del Día”, también conocido como “Libro de los Muertos”, por haberse encontrado ejemplares de él dentro del sarcófago de las momias de algunos destacados egipcios.

 

Fueron los colonizadores griegos en Egipto, en la antigüedad, quienes identificaron a uno de sus dioses, Hermes (en latín Mercurius) mensajero alado y conocedor del arte de curar, con Thot, el Tres veces grande, del Antiguo Egipto. Thot era el dios de la escritura y de la magia, siendo venerado al igual que Hermes, como "psicopompos".  

 

El psicopompo es un ser que en las mitologías o religiones tiene el papel de conducir las almas de los difuntos hacia la ultratumba, cielo o infierno. La voz proviene del griego ψυχοπομπóς (psychopompós) que se compone de psyche, "alma", y pompós, "el que guía o conduce".

 

La figura de Hermes Trismegisto se asocio también a un faraón legendario que había dotado al pueblo egipcio de más de 30.000 volúmenes que contenían todos los conocimientos naturales y sobrenaturales, entre ellos la escritura jeroglífica. Había transmitido los mandamientos divinos de su arte en la "Tabla Esmeralda". Esa "tábula smaragdina" hoy día data entre los siglos VI y VIII de nuestra Era, andaba por el Occidente cristiano a partir del Siglo XIV, en traducciones del árabe.

 

Su legado

 

Hermes Trismegisto, Hermes Tres Veces Grande como se traduce su nombre, reaparece hoy en la historia y la vida cotidiana luego de siglos de ocultamiento.

 

De sus legendarios millares de escritos, han llegado hasta nosotros, dieciocho tratados redactados en griego, y uno más conservado en latín llamado "Asclepio" o Esculapio.

 

Quedan de ellos una treintena de manuscritos de copistas de los siglos XIV al XVII que constituyen lo que técnicamente se llama el "Corpus Herméticum" o Biblioteca Hermética.

 

En su conjunto testimonian de cuánto fue leído y releído en la Edad Media y Moderna, especialmente por sus adeptos, los "filósofos de la naturaleza", "filósofos herméticos" o alquimistas. Hasta nuestros días, su nombre vulgarizado, sirve para indicar lo oculto, secreto y sellado, lo hermético, lo que es difícil de penetrar y lo que se conserva vivo mucho tiempo.

 

Los redactores del corpus hermeticum lo presentan como una traducción de libros egipcios atribuidos a Hermes, nombre griego del dios Thot, escriba de los dioses, y como tal, revelador de conocimientos arcanos. Iámblico, que vivió en la segunda mitad del siglo II d. de C. y murió hacia el año 330, en su libro "Los Misterios Egipcios", nos dice al respecto:

 

  • "Hermes, dios que preside las palabras, es considerado desde antiguo como propio de los sacerdotes sagrados y su común inspirador. Protector del verdadero conocimiento y ciencia de los dioses, es uno y el mismo en todas partes: es aquel al que nuestros ancestros atribuían todos sus hallazgos de sabiduría, y ponían bajo el nombre de Hermes todos sus escritos."

 

  • "... Los libros que circulan hoy bajo el nombre de Hermes contienen la doctrina hermética, bien que el texto haga uso frecuente de expresiones filosóficas, precisamente porque fue traducido del egipcio por gente que no ignoraba filosofía."

 

Y testimonia de la antigüedad de la enseñanza contenida en sus escritos al decir:

 

  • "... las antiguas estelas de Hermes, que ya Platón anteriormente y Pitágoras habían leído y considerado para dar forma a sus propias filosofías..."

 

Francisco Daumas, en su obra "Los Dioses de Egipto" dice:

 

 

  • "Los griegos, para quienes Thot era Hermes, tradujeron un epíteto egipcio que debía significar "siempre grande" y lo denominaron Trismegisto: "tres veces grande".

 

 

  •  "Con ese nombre han llegado hasta nosotros una serie de tratados filosóficos, denominados herméticos, escritos en griego y sin duda teñidos de neoplatonismo.

 

Estos tratados trasmiten sin embargo, una parte muy apreciable de viejas especulaciones egipcias, hasta tal punto que se ha creído ver en ellos una traducción pura y simple de los libros filosóficos egipcios mencionados por Clemente de Alejandría al referirse a los conocimientos que debían adquirir los sacerdotes."

 

Una última observación: los libros de Hermes no son "filosofía", ni pertenecen a ninguna escuela. Son un texto sagrado como el I Ching, como la Biblia, como el Libro de los Muertos egipcio, como los Vedas y los Upanishad.

 

Como los símbolos y los mitos, habla el lenguaje del espíritu y de la inteligencia, más allá del Tiempo, en el instante Eterno e incomprensible del entender, del darse cuenta y del tomar conciencia. Del instante cuando se hace la Luz, a la que sigue el recuerdo de lo que una vez entendí, y de que estoy seguro de que así fue, y que lo guardo en la memoria y en la Pistis, la Fe, que es la Piedra firme sobre la que se puede construir una Morada segura.

 

Luego vendrá el Tiempo, el devenir de la Razón, del Logos, que establece las diferencias, controla las fantasías y separa la paja del grano, que emite hipótesis y tesis, que desarrolla la Luz, para decirlo en términos de Hermes, "en un Cosmos infinito de arquetipos", de infinitos posibles, de "Todo lo que ha sido, es y será, y de lo cual ningún mortal jamás alzó el Velo".

 

Porque como todo libro sagrado, la Revelación que nos trasmite, viene mezclada con fantasías y características propias del que la trasmite: no es un credo ciego, sino proposiciones a comprender e interpretar.

 

 

 

Su historia 

 

Tabla de EsmeraldaDe los libros de Hermes, el “Tres veces Grande”, procedentes del país del Nilo, han quedado muy pocos datos y escasos originales dignos de auténtica fe.


Según antiguas crónicas, en la famosa Biblioteca de Alejandría, durante el reinado de la última dinastía de los Tolomeos, se guardaban de Hermes, el más sabio maestro de la antigüedad, 42 libros esotéricos que resumían toda la sabiduría de las edades.


Mas, después de la inmensa catástrofe que significó el gran incendio que asoló dicha Biblioteca a raíz del desembarco de la armada romana de Julio César en el puerto de Alejandría, no se pudo recuperar sino algunos fragmentos que se suponen son derivados de fieles traducciones griegas efectuadas por escribas y eruditos por encargo de los faraones Tolomeos.


Ellos son “El Pymander o Poimandres”, “El Kybalión”, ciertos libros de poemas sueltos y “El Libro a la Salida de la Luz del Día”, más conocido como “Libro de los Muertos”, por haberse encontrado ejemplares de él dentro del sarcófago de las momias de algunos destacados egipcios.

 

Algunos fragmentos sueltos proceden de citas de las que fueron depositarias diversas escuelas de la época: gnósticas, teosóficas, platónicas, herméticas o eclécticas, acogidas en Alejandría y más tarde agrupadas e interpretadas bajo el título genérico de “Libros de Toth-Hermes”.


Tales libros de Toth circularon profusamente durante el período de dominación romana por los tres continentes de África, Europa y Asia cercana bajo el lema de “Copus-Herméticum” en traducción latina la que, unida a la griega, a otras de procedencia árabe y a las egipcias en lengua popular, han llegado hasta nuestros días.


La línea esencial de toda la ideología hermética es la afirmación básica de un solo inmenso dios y de una sola religión raíz, científica y filosófica, a la que servían sabios moral y espiritualmente excelsos, ya que no podía encarnar tan elevada doctrina en quien no estuviera dotado de verdadera experiencia espiritual. Así lo justifican los sabios herméticos.


De ello se infiere que las verdades herméticas no podían transferirse integralmente más que a través de un auténtico y probado merecimiento.


La senda más perentoria de tal logro era el conocimiento, pero no a través de estudios mentalizados, sino de la llamada mente iluminada o superior, lo que podríamos llamar intuición adherida al super-razonamiento, traducida por Nous por griegos y exégetas hermenéuticos.


La opinión de los antiguos respecto a las enseñanzas de Hermes se objetiva en esta imagen: es una puerta abierta a una dilatadísima perspectiva de praderas verdes, inmensas, llenas de sol y de flores preciosas y multicolores.


Esa maravillosa “puerta abierta” a lo desconocido, y cuyo alto mirador franqueaban los escritos de Hermes, constituía el gran aliento vital, el aliento del espíritu de toda agrupación humana selectiva, cuya finalidad era la investigación de la verdad en el hombre y en el cosmos. Y su divisa común, la famosa frase de la llamada Tabla Esmeraldina del propio Hermes: “Como abajo, así es arriba; como arriba, así es abajo.”

 

De ese modo, el fundador de la religión-filosofía, poniendo en juego el estudio y la experiencia profunda y directa a través de la supermente y del espíritu, alimentó, desde aquella remota época, todo empeño del hombre en atisbar las esencias reales de la vida divina, así en el interior del propio individuo como en el Universo, en todas sus trascendencias y sus misterios. Hijos de la sabiduría hermética fueron, pues, los mensajes espirituales de Persia, Siria, Judea, Anatolia, Grecia, y otros nacidos y derivados de esa semilla espiritual depositada en las fecundas aguas del Nilo. Todas las civilizaciones antiguas tienen, por lo tanto, la misma fuente.


Porque desde Egipto Hermes pasó a Grecia, apoyado en su trascendente mitosofía y aportando a ella todo su bagaje de sabiduría. Por el delta del Nilo se derramó el mensaje profundo y legendario del “Tres Veces Grande”, desde Alejandría a todo el Mediterráneo.


Entre las obras herméticas perdidas debido a catástrofes, guerras, ignorancias, fanatismos y la falta de comprensión posterior, parece que se hallaba una obra llamada “Libro de los Alientos o de las Respiraciones”, cuya ciencia enseñó el gran Hermes, y cuyas lecciones se recogieron en la India y fueron divulgadas a través del Hatha Yoga, y, en su más trascendente efectividad, a través del Raja Yoga o Yoga Real. De todos modos, también en occidente existen testigos fidedignos de estas específicas enseñanzas del maestro egipcio y de su importantísimo libro.


Mead, el gran escritor hermetista del siglo antepasado, realizó un exhaustivo estudio de las obras herméticas. Nos dice a propósito de ellas que llegó a la conclusión que tales obras se originan en otro Hermes predecesor del “Tres Veces Grande”, un Hermes antiquísimo, anterior al diluvio, o sea, anterior al hundimiento de la Atlántida. Esto confirmaría nuestro aserto de que la sabiduría, la ciencia, las artes todas del primitivo Egipto, tan extraordinariamente avanzadas, les fueron legadas por los atlantes antes del hundimiento. Los datos más precisos se encuentran grabados en un pilón de piedra de una de las más antiguas construcciones de Egipto.

 

Y a través de los milenios sucesivos, sobre todo durante el período alejandrino, otros sabios atestiguaron diversos sucesivos Hermes, avatares cíclicos que renovaban el mensaje de las edades mediante la adaptación cíclica de la misma eterna sabiduría. Es por esto que las enseñanzas herméticas constituyen una síntesis de verdades perennes.


Los sabios que han dado fe de las originarias enseñanzas de Hermes y de los mencionados principios, fueron Manethon, Cicerón, Ammiano, Josefo, Heródoto, en cierto modo Plinio, así como muchos otros.


Al sucederse las épocas y las dinastía en las orillas del Nilo, se fueron encontrando fragmentos de los Libros de Toth en inscripciones de origen antiquísimo, sobre todo en el interior de las criptas secretas de los grandes templos, especialmente en las cercanas al Delta, donde florecieron los primeros núcleos de civilización egipcia, no lejos de la Esfinge y de las Pirámides.


En el cercano oriente se conocieron durante muchos siglos dichas verdades compiladas en una obra que llevaba por título “La Profecía de Hermes”.


Las enseñanzas herméticas lograron un inmenso auge con la extensión del platonismo en el mundo culto, durante el esplendor de la civilización griega que nació entreverada con la egipcia. También parece que las enseñanzas herméticas constituyeron el trasfondo del ideario de la escuela estoica; lo que da a entender su fuerza y su importancia y la cosecha de su poderosa siembra eficaz en el mundo antiguo, así como su trascendental raigambre proseguida y reconocida en el campo de las ideas madres y de la conducta del hombre superior.

 

 


Como hemos insinuado al comienzo, fueron los griegos ilustres los que tradujeron pulcra y fielmente las enseñanzas herméticas, haciendo que sobrevivieran y se difundieran en el mundo antiguo después de la gran catástrofe del incendio de la Biblioteca y la desaparición de la Escuela de Alejandría. Estas traducciones fueron citadas posteriormente y vertidas al sirio, al árabe, a diversas lenguas asiáticas, hasta llegar a nuestros días y a nuestra época, la que está en trance de renacer espiritualmente al iniciarse un nuevo ciclo zodiacal de civilización a nivel mundial: la Era de Acuario. Porque debido a la acción de esta ley cíclica y a sus ondas de avance y aparente retroceso, se indagan los orígenes de estas inmensas raíces espirituales que alimentaron edades y que constituyeron la divina herencia del mundo de todos los tiempos.

Parece ser que la postrera dinastía egipcia de faraones, la de los Tolomeos, fomentó excepcionalmente el estudio y la fiel versión a varios antiguos idiomas de las obras herméticas.

 

En las aulas de Alejandría, en su biblioteca y museo, sostenidos por los faraones, había centenares de escribas consagrados a la copia manual de tales primitivos códices allí depositados, archivados como joyas auténticas del saber en los anaqueles del más destacado centro cultural del mundo antiguo.


Consta en las antiguas crónicas dispersas que los Libros de Hermes, fragmentariamente salvados, constituyeron después el alimento espiritual de filósofos, profetas, pedagogos, científicos, investigadores, poetas y místicos de todos los países en todas las lenguas cultas conocidas. El ansia de investigación y estudio alentaba en todos los ansiosos de la verdad que se afanaban en allegar conocimientos en aquellas limpias fuentes del saber, sin discriminación de escuela, tendencia, religión, psicología, formación o raza. Debido a ese elemento ecléctico imperante en la mejor época alejandrina, podemos todavía hoy aprovechar la ofrenda milenaria de aquellas enseñanzas puras.


Con respecto a los Libros herméticos, cita Duncan Grenlees un pasaje de Efraín Syrius, en el que se dice que en el año 365 dc. existían varios libros de Hermes en Siria, sin duda traducidos del griego o del latín

 
Otros afirman que los primeros musulmanes protegían la secta de los herméticos, y que en ellos se inspiraban sus libros. Lo cierto es que hasta el siglo VIII, podían encontrarse en Siria varios fragmentos.

 
El escritor hermético Scott, afirma que en el siglo XI una copia de tales libros pasó a Constantinopla, entonces la capital del cristianismo. Esta copia, al parecer, llegó mas tarde a Florencia, centro del renacimiento de todas las culturas clásicas, especialmente impulsado por la hegemonía de los Medici y de su Escuela Neoplatónica, la que atrajo a los mejores talentos asiáticos cuando los turcos invadieron Constantinopla.

 

Volviendo al período alejandrino, Jámblico, el gran maestro sirio radicado en Egipto, afirma que el pensamiento hermético impregnó en aquella época a la filosofía platónica.


Posteriormente, autores ignorados difundieron los libros de Hermes en forma fragmentada y tal vez mistificada, como diálogos breves entre Hermes y su hijo o discípulo Tat. Dos de tales fragmentos dialogados eran conocidos como enseñanzas de Isis a su hijo Horus. Según los críticos antiguos, tales diálogos eran los mejores porque constituían una traducción fiel del antiguo original egipcio, lo que es dudoso. Sin embargo, en tales diálogos no se advierte el influjo gnóstico o hebreo, ni tampoco las tendencias de otras escuelas de la época alejandrina. De acuerdo con este aserto, parece que las obras de Plutarco sobre Isis y Osiris, y los mismos escritos de Manethon, el favorito del segundo Tolomeo, se inspiran en los textos herméticos directos que alimentaron, a su vez, las copias sucesivas.


De todos estos libros herméticos, vulnerado en parte su sentido original a través del tiempo y las excluyentes tendencias ideológicas, el conocido como “Asclepio” es de la máxima importancia para los estudiantes de hermetismo, a pesar de las naturales corrupciones. Parece que su mejor parte ha sido compilada bajo el título de “Pymander o Poimandres” y que ha conservado bastante bien su aliento original merced a haber sido cuidadosamente traducido al demótico o lengua jeroglífica popular en las postrimerías de la gran civilización egipcia
.

 

 

Si quiere ver su obra clique sobre el icono Image