Masonería
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Entre la historia y la leyenda


Pero, ¿es en realidad una asociación secreta? ¿Su fraternidad es exclusiva? ¿Cuál es la ideología o el credo masónico? Y sobre todo, ¿cuál su verdadero impacto en nuestra historia? ¿Hasta dónde llega el mito, y dónde empieza la realidad?

 
Se habla poco de la masonería medieval operativa, constructora de catedrales, y se ha novelado demasiado la nueva masonería especulativa o filosófica, nacida en Londres, en 1717. Se insiste mucho en el anticlericalismo masónico, y a veces se olvida el antimasonismo clerical.

 

Se ha insistido en la importancia de la masonería en el siglo XVIII español, cuando de hecho apenas existió al estar severamente prohibida y perseguida, desde 1738, por la Iglesia católica, a través del Tribunal de la Inquisición, y por los reyes de la época, en especial por Fernando VI y su hermano Carlos III cuya obsesión antimasónica tan sólo se puede comparar a la que en el siglo XIX tuvo Fernando VII, o en el siglo XX el general Franco.

 

Se habla del influjo masónico-liberal en la elaboración de la Constitución de 1812, y se silencia que las cortes de Cádiz, por medio del Consejo de Regencia, prohibieron la masonería en 1812.

 
Se repite hasta la saciedad la vinculación masónica de los próceres de la independencia de la América española, en especial la de Bolívar, olvidando que, en 1828, el mismo Bolívar prohibió la masonería en Bogotá.

 

Se confunden logias masónicas con logias patrióticas, o si se prefiere se identifican las sociedades patrióticas con las sociedades secretas, y a éstas, sin más, con la masonería.

 

Se dan listas interminables de ilustres políticos, militares, intelectuales y artistas masones que nada tuvieron que ver con la masonería, como Floridablanca, el conde de Aranda, Jovellanos, Urquijo, Daoiz y Velarde, Palafox, Espoz y Mina, Castaños, Porlier, Torrijos, el Empecinado, Mendizábal... y tantos otros y sin embargo se silencian otros personajes ilustres que sí fueron masones como Santiago Ramón y Cajal, Tomás Bretón de los Herreros, Juan Gris, Arturo Soria, Juan de la Cierva, etc.

 

También se insiste en la importancia de la masonería en la preparación de la revolución de 1868 y en el advenimiento tanto de la primera, como de la segunda República, cuando lo correcto sería preguntarse si más bien no fue la masonería la que se benefició de esas situaciones políticas que implantaron una libertad antes inexistente.

 

Se identifica la masonería con el comunismo, cuando hoy día en los únicos lugares donde está prohibida la masonería -junto al Irán del Ayatolá Jomeini- son los países comunistas, según decisión adoptada ya en 1921 en el tercer Congreso de la Tercera Internacional.


Sin embargo la masonería, o si se prefiere el ideal masónico, sí tuvo algo que ver con la difusión de ciertas ideologías más o menos conexas con el mundo de la educación, como la escuela moderna de Ferrer y Guardia, con la Institución Libre de Enseñanza, con la escuela única, con los librepensadores, con el laicismo de la enseñanza... ya que una de las máximas preocupaciones de la masonería ha sido siempre todo lo relacionado con la formación del hombre en sus distintas etapas de la vida.


Nos movemos, pues, en un terreno histórico -polémico y resbaladizo-, en muchos casos por hacer, donde los datos y las contradicciones son frecuentes tanto en los apologistas de la masonería, como en sus detractores. La masonería que cuenta hoy en todo el mundo con más de siete millones de miembros, a la que han pertenecido y pertenecen grandes figuras del campo de la historia mundial, de la milicia, de la política, de la ciencia... sigue siendo en gran medida algo desconocido y misterioso -cuando no tenebroso- para el gran público.

 

Frente a una asociación iniciática, filantrópico-cultural, conocida y respetada en no pocas naciones, como Inglaterra, EE.UU., Holanda, Alemania, Suecia, Austria, Brasil, etc., donde se conocen sus miembros y sus obras, en otros países más típicamente latinos, como el nuestro, la sola palabra masonería es casi sinónimo de mal o un insulto. Viene a ser una materialización de los poderes de las tinieblas, algo demoníaco e infernal. En el mejor de los casos se piensa en un arribismo sin escrúpulos y sin freno.