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¿Religión o mentira? PDF Imprimir E-mail
 

 

 

María estaba cumpliendo un período de prueba reglamentario como mujer casada de la jerarquía dinástica (un período de adhesión durante el cual las relaciones sexuales estaban prohibidas) y José tendría justa causa de padecer vergüenza cuando María descubrió que estaba embarazada. La situación fue resuelta cuando un sacerdote Abiater de alto rango quien dio el permiso para el ocultamiento.

 

 

  

Desde los tiempos del Rey David, la dinastía de Abieter fue establecida como jerarquía de sacerdotes de alto rango. El linaje de Zadok ocupó la jerarquia principal mientras la línea de Abiator fue segunda entre los superiores. La Anunciación no fue tanto una cuestión de anuncios sino más bien de sanciones.

 

 

Las reglas dinásticas no eran algo común y corriente. Tres meses después de una ceremonia de compromiso matrimonial era formalizado un Primer matrimonio que comenzaría el enlace en el mes de Septiembre. Se permitían relaciones sexuales después de este, pero sólo en la primera mitad del mes de Diciembre. Esto era para asegurar que todo nacimiento mesiánico resultante tuviera lugar en el mes de Septiembre, mes de Expiación. Si la novia no daba a luz, las relaciones íntimas eran suspendidas hasta el mes de Diciembre próximo, y así.

  

Una vez que la esposa a prueba hubiera concebido, era realizado un Segundo matrimonio con el fin de legalizar el enlace. Sin embargo, la novia aun era considerada como “almah” (mujer joven) hasta completar el Segundo Matrimonio, que no era celebrado hasta que la mujer no llegara a su tercer mes de embarazo. El propósito de esta demora era para ver si existia una posibilidad de aborto. Esto daba cabida a un cambio legal de esposa para el marido dinástico, si la primera joven hubiera sido infértil. Las reglas del matrimonio dinástico fueron infringidas cuando María dio a luz a Jesús en un momento erróneo del año (Domingo 1° de Marzo del año 7 E.C.). Por lo que María concibió un hijo como una “almah” y dio a luz como una ”almah”.

  

Jesús era el descendiente primogénito de José dentro de la sucesión Davidiana. Era un candidato interesante y demandaba un trato especial como excepción a la regla. Esto permaneció envuelto en un manto de enigma.

  

Uno de los problemas más importantes de Jesús era que había nacido en un ambiente de controversia sobre si era o no legítimo. Seis años más tarde nació su hermano Santiago, en orden con todas las reglas del matrimonio dinástico.

  

Los helenistas (judíos occidentalizados) reclamaban que Jesús fuera el legítimo Cristo (del griego “Christos”, Rey). Los hebreos ortodoxos se conformaban conque el derecho a llamarse rey descansara en Santiago. En el año 23 E.C.. murió José, y comenzó a ser imperativo resolver la disputa.

  

Los reyes davidianos estaban aliados con los sacerdotes dinásticos zadokitas, y el Zadok preponderante era Juan el Bautista, el propio pariente de Jesús. Juan estaba familiarizado con las creencias hebreas, mientras que Jesús era un helenista. Por lo tanto Juan apoyaba a Santiago, aunque reconocía que Jesús era legítimo. Jesús sabía que debía ponerse firme ya que, si la posibilidad de restablecer un reino judío iba a cobrar impulso, saldría definitivamente perdiendo frente a su hermano. En vista de esto, decidió crear su propio y organizado partido de seguidores: un partido que no siguiera ninguna política social convencional. Su política fue directa, basada en la lógica de que una nación judía dividida nunca derrotaría al poderío de Roma. Percibía que los judíos no cumplirían su misión si continuaban manteniéndose separados de los Gentiles (nativos no judíos). Jesús fue frustrado por los inflexibles judíos de rígidos principios hebreos.

  

Los Gentiles que buscaron afiliación con las tribus judías podían tomar parte en los bautismos, pero no podían ser bautizados en el agua. Aunque se reunían con los candidatos judíos que iban a ser bautizados en el mar, solo les era permitido recibir bendiciones sacerdotales luego de ser recogidos por grandes redes que los subían a bordo de las naves. Los curas que realizaban los bautismos fueron llamados “pescadores”. Era una alusión al propio sacerdocio liberal de Jesús cuando prometía a los Gentiles un ascenso canónico diciendo, “los convertiré en pescadores de hombres”.

  

Simon Mago (o Zebedee) era la cabeza de los Magos Manasseh occidentales, una casta de filósofos samaritanos que apoyaban la legitimidad de Jesús. Simón fue un empedernido defensor de la guerra contra Roma. Como Apóstol de Jesús, fue el más prominente en términos de status social. También fue un entusiasta comandante zelote, a menudo llamado Simon Zelote. Los Zelotes eran guerreros que militaban por la libertad de la zona y empecinados en vengarse de los romanos. Para las autoridades romanas, sin embargo, los Zelotes eran considerados simplemente lestai (bandidos).

  

Otro líder nacionalista de clase alta y de renombre fue Judas, jefe de los Escribas. Los Manuscritos del Mar Muerto fueron creados bajo su tutela y de la de su predecesor, Judas de Galilea, fundador del movimiento Zelote. El Apóstol Judas fue la cabeza tribal de la Manasseh oriental y caudillo de Qumran. Los romanos tenían un sobrenombre para él: Judas Sicarius (una sica era una daga curvada para ser aun más letal). La forma griega de este sobrenombre era Sicariote, la cual pasó a ser, previa corrupción, “Iscariote”. Judas era segundo en grado de superiores con respecto a Simón.

  

No hay nada de espiritual o etéreo en la palabra “angel”. En el griego original, aggelos no significaba otra cosa más que “mensajero”. El Inglés moderno deriva la palabra ángel de la Iglesia latina, pero el término anglosajón “engel” provino originalmente del francés “angele”. El “ángel del Señor” era por lo tanto un mensajero, o más correctamente, un embajador. Un “Arcángel” era un embajador sacerdotal de más alto rango. Los ángeles en el Nuevo Testamento eran, sin excepción, todos hombres, y sus nombramientos eran estrictamente dinásticos. La batalla del arcángel Miguel contra el dragón corresponde al conflicto entre la sucesión Zadokita y la Roma imperial (la bestia de la blasfemia). La “segunda bestia” fue aquella correspondiente al rígido y estricto régimen de los fariseos, quienes frustraron las ambiciones de los judíos helenistas separando a los judíos de los Gentiles, mediante la segregación. Esta era la bestia a la cual se le atribuyó el número 666.

  

Jesús reconocía que Roma nunca podría ser derrotada mientras existieran extremos de competencia doctrinaria dentro de la propia comunidad judía. No había nada parecido a la Cristiandad en aquellos días. La religión de Jesús era el judaísmo y todos los judíos adoraban a un dios, pero aun así estaban divididos en varias facciones, cada una con diferentes series de reglas comunitarias. Jesús aspiraba a compartir a Jehová con los Gentiles de una manera tal que no les fuera requerido hacerse cargo de todos los símbolos y ceremonias del judaísmo ortodoxo. Su gente no podía ser liberada de la opresión hasta que hubieran abandonado su propio sectarismo intransigente.

  

Jesús carecía de una designada autoridad social (no era ni un Rey con su reino ni un Alto Sacerdote). No obstante, le hizo poco caso a esos tecnicismos y procedió a implementar cambios en los rituales a pesar de su deficiencia en cuanto a títulos.

  

En el año 32 E.C., Simon Zelote se puso en contra de las autoridades, habiendo liderado una revuelta sin éxito en contra de Poncio Pilatos. Pilatos había estado usando fondos públicos para mejorar su aprovisionamiento de agua. Fue presentada una queja formal contra él en la corte, luego de lo cual fueron asesinados conocidos demandantes por sus soldados. La insurrección armada apareció inmediatamente, liderada por los sobresalientes Zelotes, Simon Zelote, Judas Sicariote, y Tadeo. La revuelta falló y Simón fue excomulgado por edicto del Rey Herodes-Agripa. Al oponente político de Simón, Jonás Annas, le fue por lo tanto permitido seguir adelante con el supremo oficio del Padre. 

  

Sin embargo sucedió que Herodes-Agripa entro en una disputa con los gobernadores romanos, perdiendo su jurisdicción, y beneficiando por corto tiempo a su tio Herodes-Antipas, quien había apoyado la acción zelote contra Pilatos.

 

 

Aprovechando su oportunidad, Antipas dio marcha atrás a la orden de excomulgación y ordenó que Simon debía ser “recusitado de la muerte”. Por consiguiente, Jesús entró en una especie de dilema. Era el heredero del linaje real, aun sin título formal, pero deseaba ayudar a su amigo y seguidor y así lo hizo.