Esenios
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Flavio Josefo
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No hacen nada sin consentimiento de sus directores, excepto cuando se trata de ayudar al necesitado y compadecer a los afligidos. En estos casos tienen permiso para proceder según su propia voluntad en socorro de los que lo merecen y para dar de comer a los pobres. Pero en cambio no pueden dar nada a sus parientes o deudos sin licencia de sus jefes. Saben moderar su ira y dominar sus pasiones; son fieles y respetan la paz. Cumplen cuanto han dicho como si lo hubieran jurado, porque aseguran que está condenado quien no puede ser creído sin juramento. Estudian con entusiasmo los escritos de los antiguos, sobre todo aquellos que convienen a sus almas y cuerpos, y aprenden las virtudes medicinales de raíces y piedras.

 

A los que aspiran a entrar en la secta, no los admiten inmediatamente, sino que les prescriben su modo de vida durante un año, fuera de su comunidad, entregándoles una hachuela, una túnica y una vestidura blanca. Cuando el candidato ha dado pruebas de su continencia durante este tiempo, lo dejan asociar más a su modo de vida y participar de las aguas de la purificación, pero todavía no es admitido en sus prácticas de vida en común. Para ello necesita afirmar su carácter durante dos años más; y si previo examen se muestran dignos de ello, los acogen en el seno de la comunidad. Y antes de que puedan tocar la comida común, deben pronunciar severos juramentos de que, ante todo, honrarán a Dios, y después que serán justos, que no dañarán a nadie deliberadamente o por orden ajena, y que odiarán al malvado y ayudarán al justo; que serán fieles a todos, y en especial a los que mandan, porque nadie alcanza el gobierno sin la voluntad de Dios, y que, si llegasen a ostentar autoridad, no abusarían de ella, ni tratarían de rivalizar con sus subordinados en  vestidos ni en riquezas; que amarán la verdad y reprobarán a los mendaces; que no mancillarán sus manos con el robo, ni su alma con ilícitos provechos; y también que no ocultarán nada a los miembros de su secta, ni revelarán nada de sus asuntos a los demás; aunque los amenacen con la muerte. Además, juran que nadie establecerá sus doctrinas de otra manera  de cómo las han recibido, huirán del latrocinio (4), conservarán los libros de sus leyes y honrarán los nombres de los ángeles. Éstos son los juramentos con los cuales ponen a prueba la fidelidad de los candidatos.

 

 

Expulsan de su orden a aquellos que incurren en delito grave, y a menudo ocurre que el repudiado muere de modo miserable,  porque tanto por sus juramentos como por su condición, no tiene libertad para recibir comida y bebida de otros; se ve obligado a alimentarse de hierba, con lo cual su cuerpo se va adelgazando hasta que, finalmente, muere. Por esta causa muchas veces se compadecen de ellos y los readmiten cuando  están al límite del agotamiento, considerando que sus faltas han sido suficientemente castigadas con estos sufrimientos casi fatales.

 

 

Son muy justos y equitativos en sus juicios, en los que intervienen no menos de cien miembros, pero lo que éstos deciden es inapelable. Después de Dios, honran el nombre de su legislador (Moisés), y si alguno habla mal o blasfema contra él, es condenado a muerte. Obedecen de inmediato a los ancianos y a la mayoría, de forma que, si diez están reunidos, ninguno hablará en contra de los deseos de los otros nueve. Evitan escupir enfrente o a la derecha de los demás. Su abstención de trabajar en el séptimo día de la semana, difiere notablemente de los demás judíos; no sólo preparan la comida la víspera, por no encender fuego en día de fiesta, sino que ni siquiera se atreven a levantar una vasija o ir a la letrina. Los otros días cavan una pequeña fosa de un pie de hondo, con la hachuela o azadilla que se da a los neófitos, y se cubren con sus túnicas para no ofender al resplandor divino al aligerar sus vientres; después la cubren con la tierra que sacaron antes, pero todo ello después de haber elegido para tal fin un lugar lo suficiente apartado. Y aunque la evacuación sea una función natural, acostumbran a lavarse después, como si considerasen que se habían mancillado.