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Aunque su biografía oficial dice que nació en 1927, Ratzinger, el actual papa Benedicto XVI,  falsificó su fecha de nacimiento para encubrir su afiliación a las Juventudes hitlerianas en 1931.

 

Si fuera cierto que nació en 1927, eso significa que cuando fue detenido por las tropas aliadas en mayo de 1945, tenía 17 años y llevaba ya 6 años combatiendo en el Ejército hitleriano, o sea que fue reclutado con 11 años, lo cual es absurdo.

 

Tampoco es cierto que le afiliaron a la fuerza a las Juventudes hitlerianas sino que ingresó voluntariamente porque en 1931 los nazis aún no estaban en el poder. La afiliación forzosa llegó después.

 

Otra mentira del Vaticano: que desertó de la Wehrmacht... Nada de esto puede extrañar porque los antecedentes nazis de los papas son evidentes. El caso de Pío XII sólo fue el más escandaloso porque le tocó reinar en plena II Guerra Mundial.

 

Pío XII 

 

Pio XIIDesde la primavera de 1917, Eugenio Pacelli, luego conocido por el seudónimo de Pio XII, fue nuncio papal o embajador del Vaticano en Alemania. Su obsesión era el comunismo y por eso, más que cualquier otro, ayudó a Hitler a llegar al poder en 1933. Los católicos disponían en la Alemania de entonces de uno de los partidos burgueses más fuertes, el Zentrum, que contribuyó a abrir el camino hacia el gobierno a los nazis. Precisamente Pacelli fue enviado como nuncio a Alemania a petición de Erzberger, jefe del Partido católico Zentrum.

 

Según sus propias palabras, era abiertamente antisemita. Había llegado al Vaticano en 1901, a la edad de 24 años, reclutado para especializarse en cuestiones internacionales. Era conocido en los pasillos del Vaticano como El Tedesco (El Alemán) y tras la I Guerra Mundial, a la edad de 41 años, ya arzobispo, Pacelli partió hacia Munich como nuncio papal.

 

A partir de entonces, el Reich garantizó su carrera apostólica. En una Baviera cuya tradiciones antisemitas eran tan virulentas como las de Austria, de la que había formado parte hasta principios del siglo XIX, Pacelli se rodeó de una camarilla de extrema derecha que lo siguió durante toda su vida. El nuncio, como todo el clero bávaro que se encontraba bajo sus órdenes, estuvo ligado desde principios de los años 20 a los grupúsculos de extrema derecha que abundaban en Baviera. Se reunía frecuentemente con Ludendorff, íntimo de Hitler, en aquel nido de los terroristas del Reich, que se refugiaban allí con la complicidad del poder central de Berlín después de cometer sus crímenes.

 

Recorrió Alemania, destruida por la guerra. Presenció la revolución proletaria en Munich en 1918. En una carta a Gasparri, Pacelli describió así los acontecimientos: Un ejército de trabajadores corría de un lado a otro, dándo órdenes, y en el medio, una pandilla de mujeres jóvenes, de dudosa apariencia, judías como todos los demás, daba vueltas por las salas con sonrisas provocativas, degradantes y sugestivas. La jefa de esa pandilla de mujeres era la amante de Levien [dirigente obrero de Munich], una jóven mujer rusa, judía y divorciada [...] Este Levien es un hombre jóven, de unos 30 ó 35 años, también ruso y judío. Pálido, sucio, con ojos vacíos, voz ronca, vulgar, repulsivo, con una cara a la vez inteligente y taimada.

 

Hitler, que había logrado su primer gran triunfo en las elecciones de 1930, necesitaba un acuerdo con el Vaticano. Tras su ascenso al poder en enero de 1933, dio prioridad a su negociación con Pacelli y pocos meses después se firmó el concordato. Una de sus cláusulas secretas (la otra apuntaba a la organización de la Iglesia católica dentro del ejército alemán, en aquel entonces en proceso de formación clandestina) estipulaba que, cuando las tropas del Reich invadieran Ucrania, los clérigos germanos, adeptos todos de un antisemitismo tan visceral como su antibolchevismo, convertirían ese gran territorio ortodoxo al catolicismo.

 

El concordato dio al Führer gran prestigio internacional en el preciso momento en que se convertía en la cabeza del Estado alemán. A cambio, Pacelli colaboró en la retirada de los católicos de la actividad política y social para dejar las manos libres a los nazis.