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BAUTISMO 

 

Una de las pruebas más devastadoras, peor que la muerte misma para el judío, era el bautismo forzado. Esto se practicó en la mayor parte de la cristiandad y miles de judíos escogieron la muerte, antes de sucumbir a este rito. Los Concilios Toledanos de España decretaron que quien es llevado al cristianismo por violencia, por miedo y tortura, recibe el sello de la cristiandad, y puede ser obligado a observar la fe cristiana.

 

Los cristianos torturaron y mutilaron a los judíos en un esfuerzo por implantar en ellos la fe verdadera, y los resultados fueron catastróficos. La miseria causada a los padres judíos es dura de describir. Las madres judías tomaban a sus hijos y, cargándose con piedras, se lanzaban con ellos desde el puente al río, a la muerte segura.

 

En Portugal se promulgó un decreto en 1497 por el que todos los niños judíos menores de 14 años debían ser bautizados antes o en el Domingo de Pascua. Algunos prefirieron matar a sus propios hijos, otros los arrojaron a los ríos o a pozos para impedir lo que temían más que a la muerte misma. La práctica de secuestrar a los hijos de judíos no bautizados, para criarlos como cristianos empezó en los primeros siglos y continuó durante más de 1.500 años, habiendo ejemplos de ello aún en los siglos XIX y XX. Muchos padres e hijos fueron separados a latigazos y luego arrastrados del pelo a la fuente bautismal; los niños eran luego distribuidos entre los cristianos para ser criados como tales, como hicieron siglos después los militares golpistas argentinos, también muy cristianos ellos.

 

En Tulzin, Polonia, en 1648 fueron asesinados 1.500 judíos por no recibir el bautismo; diez rabinos fueron salvados a cambio de dinero.

 

En Homel, durante el mismo periodo los judíos fueron conducidos desnudos a los campos y 1.500 hombres, mujeres y niños, que no se bautizaron, fueron sometidos a muertes bárbaras. Centenares y millares de judíos perecieron en muchos otros poblados. En una ocasión cien niños judíos fueron muertos y arrojados a los perros por los cristianos.

 

MARRANOS

 

El bautismo forzado no fue una fase de corta duración; duró muchos siglos. Prevaleció tanto en España durante el siglo XV, que millares de judíos fueron convertidos a la fuerza. Muchos lamentaron el paso que habían dado y continuaron practicando su fe judía, fuera en secreto o abiertamente. A los nuevos conversos se les llamó marranos (cerdos) y, para acobardarles, la Iglesia española difundió la leyenda del doble rostro de los judíos, de su hipocresía. Contra los marranos nació la Inquisición que operó en España, Portugal y en todas sus colonias, aterrorizando a los marranos hasta que fueron expulsados. Se publicó un listado de 37 claves para atrapar a los marranos, incluyendo el no usar su mejor ropa el domingo. El total de marranos quemados vivos en el primer año de la Inquisición ascendió a 2.000 y 17.000 fueron sentenciados a la pérdida de sus propiedades, pérdida de derechos civiles o cárcel.

 

En 1492 fueron expulsados de España. Podían llevar consigo sus propiedades, excepto oro, plata, monedas, o artículos que fuera prohibido exportar. Se trató de un expolio de sus propiedades.

 

SERMONES

 

Desde el siglo IX los judíos estaban obligados a asistir a los sermones cristianos y esta práctica se convirtió en ley en 1278 por un decreto del papa Nicolás III, hasta que se abolió finalmente en 1848. En las iglesias les miraban las orejas para quitarles el algodón que algunos se insertaban para no escuchar.

 

En 1096 comenzaron las Cruzadas que tuvieron consecuencias nefastas para los judíos. Hordas de caballeros feudales, nobles y monjes fanáticos salieron para liberar la Tierra Santa de los musulmanes pero los cruzados se volvieron también contra los judíos y los masacraron, destruyendo sus comunidades junto con las comunidades musulmanas a lo largo y ancho de Europa. La primera cruzada fue dirigida por Godofredo de Bouillon, y aproximadamente una quinta parte de los cruzados llegaron a Jerusalén, hallaron a los judíos reunidos en una sinagoga y la incendiaron.

 

Las segunda y tercera cruzadas siguieron un patrón similar. Como incentivo para reclutar mercenarios, se les cancelaban las deudas contraídas con judíos. Muchos se inscribieron sólo para deshacerse de hipotecas, de manera que un gran número de judíos se arruinaron. El éxito de la segunda cruzada fue un poco mayor que el de la primera. Un remanente llegó hasta Damasco pero no pudo desalojar de allí a los musulmanes, y se abandonó la cruzada.