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HERODES

 

Durante su corta vida ( 356 - 323 a. C.), Alejandro Magno construyó un gran imperio, en el cual estaba la tierra de los judíos. Cuando éste conquistaba Oriente Medio, los judíos, aunque hubiesen querido, no se encontraban en condiciones de resistir al ataque. Y no lo hicieron. Habían transcurrido más de mil años desde que Moisés los guiara hasta las colinas de Judea, y durante aquel tiempo habían visto nacer y morir muchos imperios, incluido el suyo propio en tiempos de Salomón. Firmaron la paz con los griegos y, en el año 330 antes de nuestra era, su diminuta tierra de Judea pasó a formar parte del imperio greco-egipcio de los ptolomeos.

 

Desde el tiempo de su retorno al exilio en Babilonia hasta el final de la protección de los Ptolomeos, los judíos experimentaron, en total, una época de trescientos años de paz, un período durante el cual su filosofía religiosa. Yahvé había perdido tanto Su nombre como Su carácter originario: se había transformado en Dios, el Supremo. Fueron los tiempos de la aparición del Shabbath. Durante aquel período pacífico la lengua judía paso de ser el hebreo a ser el arameo.

 

El helenismo llevó a los judíos a avanzar un paso más en su concepto de Yavhé. Los griegos egipcios, a su vez, quedaron fascinados con el concepto judío de Dios, por su severa ética y por su humanismo, mucho más avanzado que el griego. Para que todo este cambio pudiera tener lugar, debía producirse un intercambio de idioma: los griegos aprendieron arameo y los judíos el griego. Alejandría comenzó a reemplazar a Babilonia como gran centro de la Diáspora.

 

Cuenta la leyenda que Ptolomeo II, alrededor del año 240 a. C., se apasionó tanto con la historia y cultura de este pueblo que encargó la traducción de la Biblia a la lengua griega.

 

En el 198 a. C. Antíoco el Grande, descendiente de Seleuco, un general de Alejandro Magno cuyo reino se extendía por el norte y este de Palestina, derrotó a los ejércitos greco-egipcios y ocupó Palestina. Pero tanto Antíoco como su hijo veían al pueblo judío desde un único punto de vista: la avaricia.

 

(Durante aquellos años de paz, Judea había sido dirigida por el sumo sacerdote, título hereditario que ostentaban los descendientes de Sadoc, supuesto descendiente de Aarón, el hermano de Moisés. Tan poderosa y numerosa era esta familia que constituyó una clase especial, los saduceos. Frente a los saduceos había un grupo de antiguas familias de sacerdotes que habían quedado excluidos, y que fueron llamados fariseos. Eran mucho más pobres que los sacerdotes de Jerusalén, pero más cercanos al pueblo, y por ello más amados.)

 

Cuando Antioco el Grande conquistó Palestina y Judea, los judíos no opusieron resistencia. Una vez conquistada la ciudad, tomaron fuertes tributos al Templo, y aún más duros a los campesinos, lo que sembró el descontento entre los judíos.

 

La lucha contra Antioco el Grande fue iniciada por Matías, sus cinco hijos y un puñado de ciudadanos del pueblo de Modín. Estos rebeldes reclutaban a sus hombres entre la gente de los pueblos, ya que en Jerusalén el gobierno judío no hacía nada por ellos. Consiguieron grandes avances, y acabaron por organizar un ejército.

 

A la muerte de su padre y ante el asesinato de sus cuatro hermanos, Simón, el mayor, acaudilló la lucha y finalizó la liberación de la tierra y la ciudad. Fue nombrado sumo sacerdote y gobernador, y bajo su regencia aquella tierra gozó de paz y libertad. Siete años más tarde fue asesinado, y así acaba el extraño y noble capítulo de los cinco hermanos hasmoneos en el escenario de la historia.

 

Juan Hircano, hijo de Simón el Hasmoneo, tomó el poder tras el asesinato de su padre. Los sirios habían reunido un considerable ejército mercenario, y avanzaban hacia Jerusalén, y Juan Hircano no pudo detenerlos, y los sirios ocuparon Jerusalén.

 

El principal enemigo de Siria en esta lucha fue el pueblo de Parta, situado en el corazón del antiguo imperio Persa. Tras una reorganización de su ejército, Juan Hircano asestó un golpe mortal a los sirios, atrapándolos entre judíos y partos, y tuvieron que huir.

 

Tras esto los hasmoneos pasaron a ser la clase dominante, y los fariseos se horrorizaban de sus acciones. La respuesta de Juan fue romper definitivamente con ellos.

 

Juan Hircano murió en el 105 a. C., y su hijo Judá lo sucedió, aunque estuvo apenas unos meses en es poder. Juan tenía otro hijo, al que temía no sin razón, pues era un verdadero monstruo. Este otro hijo, Alejandro Jannay, fue encarcelado, pero urdió una trampa para matar a su hermano, y tras conseguirlo se autoproclamó rey.

 

Dio prueba una vez más de que el poder corrompe. Al parecer, mataba por placer, y aquel período fue el único en el que los judíos hicieron proselitismo a escala masiva. A ciertas poblaciones Jannay les dio a elegir entre el judaísmo o la muerte.

 

Los fariseos, horrorizados ante estas y otras acciones, organizaron una rebelión.

 

A la muerte de Jannay, reinó su esposa, Salomé Alejandra, que trajo a los fariseos a la corte. Cuando Salomé murió, sus hijos quisieron hacer gala de la monstruosidad de su padre, pero los romanos intervinieron para poner fin a esa locura, y nombraron gobernador de la reducida ciudad a un idumeo llamado Antipater. Como era frecuente en esa época, murió envenenado, tras lo cual fue sucedido por su hijo, conocido como Herodes el Grande.

 

Herodes también fue un monstruo. Como gobernador de Galilea mató a muchos fariseos que daban muestra de un mínimo de desaprobación al reinado de su padre, Antipater. Crucificó a campesinos Galileos que se negaron a pagar tributo por no tener con qué pagarlo. Por estos crímenes fue juzgado por los miembros del Sanedrín, y habría sido sentenciado a muerte de no ser por la intervención de los romanos. Una vez nombrado rey por los romanos, mandó matar a los miembros del Sanedrín que lo habían juzgado. Era un hombre enérgico, que asesinaba a todos sus enemigos. Asesinó a su cuñado, Aristóbolo III, a su mujer, Mariamne, y a los dos hijos que tuvo con ella, y a su primer hijo, Antipaper, todos ellos acusados de diferentes conspiraciones. A pesar de que todo el país prosperó enormemente, nadie le tuvo ningún aprecio, y nadie lo lloró a su muerte, cuatro años antes del nacimiento de Jesucristo.