Ser judío
Judaísmo
El Judaísmo (Vídeo)
Origen
Cronología
Segundo Templo (Vídeo)
Odio a los judíos
Bautismo
Antisemitismo
Nuevas mentiras
B'nai B'rith
Población Judía Mundial
Sionismo
¿El Holocausto, sionista?
El Códice de Aleppo
Jewish Colonization Association
Volver a Inicio
PDF Imprimir E-mail
 

 

LA TIERRA

 

“La Tierra de Israel”, Erets-Israel, es tan antigua como el tiempo, como la memoria del hombre, como la historia escrita del hombre. Es el lugar donde se formó el primer alfabeto verdadero, para que los hombres pudieran escribir su historia. Y, paradójicamente, ya era la tierra de Israel mucho antes que los bárbaros guerreros de los Bené-Israel le invadieran y la conquistaran con sus carros de combate.

 

Palestina, o Canaán, sufrieron tres invasiones, todas ella llevadas a cabo por los Bené-Israel:

 

La primera invasión se inició hace unos cuatro mil años, y duró algo menos de quinientos años. Los pastores de aquella primera invasión no sabían nada del Señor Yahvé. Con el tiempo fueron olvidando el pastoreo y sus dioses, y empezaron a adorar a la diosa madre, Astarté.

 

La segunda invasión debió comenzar hace unos tres mil quinientos años, y duro al menos cien. Es la que está referida en el libro de Josué y en el de Los Jueces.

 

La tercera invasión data de hace unos tres mil doscientos años, o al menos se inició en esta época bajo la dirección de Moisés. La principal diferencia entre esta invasión y la de Josué era que una sola tribu de Bené-Israel dominaba la invasión, la tribu de los yehudim. Además esta tribu adoraba a un dios desconocido por el resto de los Bené-Israel: el Señor Dios Yahvé.

 

La construcción de una gran alianza entre los yehudim y las otras muchas tribus de Bené-Israel tiene que haber surgido como respuesta a la amenaza de los filisteos. Éstos formaban un pueblo guerrero, con una población numerosa y un ejército disciplinado, que había construido cinco ciudades fortificadas en la llanura costera del sur de Erets-Israel. Hay indicios de que en tiempos de Moisés y durante los cien años siguientes, mantuvieron en el desierto puestos militares, construidos sin duda para hacer frente a las incursiones de los judíos.

 

Los judíos eran conocidos entre los filisteos y las demás tribus de Bené-Israel con un nuevo nombre: Judá (Yehuda), “el cachorro del león”.

 

La historia del judío es la historia de su Dios, de sus creencias. Se podría decir que Moisés estableció el monoteísmo, pero este punto de vista, de alguna manera, falsea la verdad. Yahvé, el Señor Dios de Moisés, era un dios entre muchos, al que Moisés unió a un pueblo, los yehudim, una tribu perteneciente al numeroso y diseminado pueblo semita de los Bené-Israel. A este contrato entre Yahvé y un pueblo se le dio el nombre de berit, y dicho berit o tratado, permaneció con los judíos. “Yo soy el señor tu Dios, quien te ha sacado de las tierras de Egipto, la casa de la esclavitud. No tendrás más dioses que Yo.” Cada tribu tenía sus propios dioses, y en cada olivar y bosque de cedros podía encontrarse altares a diferentes dioses. De norte a sur se erigían templos a Astarté. Pero estos eran los dioses de los demás. Yahvé era el dios de Moisés, el dios de los levitas, el dios de los judíos.