Ser judío
Judaísmo
El Judaísmo (Vídeo)
Origen
Cronología
Segundo Templo (Vídeo)
Odio a los judíos
Bautismo
Antisemitismo
Nuevas mentiras
B'nai B'rith
Población Judía Mundial
Sionismo
¿El Holocausto, sionista?
El Códice de Aleppo
Jewish Colonization Association
Volver a Inicio
PDF Imprimir E-mail
 

 

Tras estos dos cambios, llegó un tercero: un hombre llamado Moisés.

 

Sin Moisés los judíos son impensables, inimaginables, en un sentido tanto histórico como contemporáneo. Moisés fue el judío, entro en la historia como el judío, y así entró el judío en la historia y se convirtió en parte de ella.

 

Desde hace más de cien años, expertos críticos en el Antiguo Testamento han indagado acerca de la persona de Moisés, pero, al parecer, todos ellos han pasado por alto el hecho de que hace dos mil años también había eruditos críticos del Antiguo Testamento, y ninguno de ellos dudó de la existencia de Moisés. El motivo más probable es que en las grandes bibliotecas de Egipto, particularmente en la de Alejandría, existía mucho material acerca de Moisés.

 

Posteriormente todas esas bibliotecas fueron destruidas, así que si bien tenemos referencias de la existencia de libros sobre Moisés, estos ya no existen. Los judíos, como parte interesada, no sintieron necesidad alguna de documentar la existencia de Moisés, ya que su propia existencia era prueba suficiente de la de aquel.

 

Pero el hecho es que no sabemos quién fue Moisés, en términos de su origen. ¿Pertenecía realmente a la casa real egipcia? ¿Fue rescatado de las aguas por la hija del rey? ¿Fue un niño abandonado por los levitas? ¿Fue él en verdad, como escribió el antiguo historiador greco-egipcio Maneto, un despreciado arribista que condujo a los “leprosos” fuera de Egipto por orden de los dioses egipcios? Esta última propuesta está llena de interés, aunque la palabra leproso es una traducción errónea. El sentido que utilizó Maneto era sucio, siendo un leproso alguien a quien se considera sucio en un sentido físico. El empleo que hizo del término, tenía el sentido religioso, o sea, ritualmente corrupto.

 

¿Entonces, a quiénes sacó Moisés de Egipto? ¿Quiénes fueron esas gentes? ¿Qué habían hecho para ofender a los dioses egipcios? ¿Eran los levitas? ¿Y quiénes fueron los levitas? Esa curiosa tribu de los Bené-Israel que no recibió tierra alguna en el reparto de la Palestina conquistada, sino sólo el derecho al sacerdocio. ¿Y por qué sólo los levitas entre todas las tribus tienen nombres egipcios?

 

Hasta la fecha no hay respuestas para estas preguntas, tan sólo sabemos que en algún momento del siglo XIII antes de nuestra era, probablemente durante el largo reinado de Ramsés II, un hombre llamado Moisés condujo a sus seguidores fuera de Egipto.

 

Podemos extraer ciertas conclusiones sobre los levitas más o menos precisas: eran pastores, y por lo tanto no eran egipcios, porque no había tribus de pastores que formaran parte de la nación egipcia; también tenían alguna conexión con los Bené-Israel, puesto que de lo contrario su fusión con las tribus de Simeón, Judá y Ken no habría sido tan pacífica; habían residido en Egipto, como testimonian sus nombres egipcios; aceptaron a Moisés, bien porque era uno de ellos, o bien porque provenía de la casa real egipcia; y, además, adoraban a un dios particular.

 

Aquel dios era su Dios, y se habían constituido como una tribu de sacerdotes porque su Dios había conquistado a los demás dioses de los Bené-Israel. Luego su dios fue Yahvé, el dios celoso y justo.

 

Moisés y el pueblo al que guiaba no eran monoteístas: Los levitas tenían un dios que era el primero entre todos los dioses.

 

Éste era un dios del desierto, un dios al que no se podía adorar en templos u hogares, como a los demás dioses. Los levitas tuvieron que adentrarse en el desierto a una considerable distancia para poder verlo y servirle. Y si vieron a Yahvé, ¿qué vieron, entonces? El Éxodo es muy explícito:

 

“Marcharon de Sucot y acamparon en Etam, en los límites del desierto. El Señor iba delante de ellos, en forma de una columna de humo durante el día, para guiarles en su camino, y de noche en forma de una columna de fuego.”

 

Humo de día y fuego de noche, ¿podría darse una descripción de un volcán en erupción? Un Dios que vive en la cima de una montaña, que no consentía los ídolos. “Aquel que toque la montaña, morirá,” nos dice el Éxodo.

 

Un volcán a punto de entrar en erupción: un dios de lo más temible.

 

Cuando toda Palestina fue conquistada por los Bené-Israel, en el reparto de tierras, los levitas no obtuvieron una porción de tierra, sino el derecho a ejercer el sacerdocio y a recaudar impuestos en 48 ciudades.

 

Ya en tiempos de David, los levitas se habían dispersado por toda Palestina, y no todos ejercían el sacerdocio.