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  • Corporaciones en general
  • su expansión
  • ¿Constituyen los  Masones, Templarios y el Vaticano sociedades corporativas?
  • ¿Existe la Corporación sana basada en la Fe o se requiere algo más?

 

Breve análisis de Mary-Su Pizzorno, para el Priorato General de Argentina

 

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Se podría definir a la Corporación, como la unión de personas físicas o jurídicas, agrupadas por profesión y con un objetivo común (comercial, industrial, financiero, de bien público, artístico, etc) con fines expansionistas.

En la medida de su crecimiento, la Corporación Económica se incluye dentro del Mercado de Valores, y ve incrementarse su masa societaria por medio de los accionistas que la van componiendo.

Entre las corporaciones más conocidas, tenemos a las empresas petroleras, los Bancos salvados por Obama, las farmacéuticas y aquellas dedicadas a la fabricación de elementos bélicos, que son las que se llevan la palma como reconocidos pulpos. Por no hablar del Banco Mundial con su juego de prestamista principal en el rubro de las represas, que no todas ellas son necesarias, desviando ríos y sumiendo en la pobreza a poblaciones enteras que vieron sus tierras desoladas por la sequía. Luego contamos con la General Motors, Microsoft, H. Packard, un sin fin de empresas cuyos fines, son netamente comerciales pero a los que van adicionando Fundaciones de diverso tipo social en la medida de su expansión. A menudo las corporaciones avizoran a empresas en expansión situadas en países no enteramente desarrollados y generalmente concluyen por absorberlas de la manera que sea. Resultan, de esta manera, un máximo exponente del Imperialismo salvaje.

Este expansionismo a ultranza de los últimos años al amparo de la globalización, ha costado que los países periféricos deban pagar un alto precio por el incumplimiento de sus préstamos, unido a los vaciamientos empresariales  y a imposiciones políticas de diverso tipo. En Argentina hemos visto esfumarse a las empresas nacionales con el agravante de que sin ellas, el trabajo es cada vez más escaso.

En los últimos 50 años,  todo parece indicar que se viene apostando fuerte a la guerra. Los tiempos se han acelerado con la fluidez de las comunicaciones y con ellos, la necesidad de mayores y más rápidas ventas y ganancias. Pero, nada hemos dicho de la clase de corporaciones que se muestran con un status de “sanas” pues revisten dentro del rubro alimenticio. Y éstas son las peores.

Apelan a cualquier recurso para vendernos sus comidas elaboradas, empaquetadas y enlatadas y ni qué decir de sus famosas bebidas sin alcohol. Coca-Cola es un buen ejemplo junto a Nestlé, ambas firmas ligadas al consumo diario de la gente. Coca.Cola ha sido erradicada en buena parte de la India (ver: flowthefilm.com, ganador en Sundance Festival) a causa de que consumía más agua de la que le era permitida en detrimento de los cultivos y “regalaba” sus deshechos (como si de abono se tratase) a los campesinos hasta que estos descubrieron que contenían elementos negativos para la salud (metano, etc) aparte de perjudicar el desarrollo de los milenarios cocoteros.

Tomemos el ejemplo de las aguas embotelladas, muchas veces extraídas de cualquier canilla o riacho, como se comprobó en los Estados Unidos recientemente, analizando marcas como Glaciar, Dazzani, Mountain Ice… y otras tantas.  Nestlé ha sido sancionada en el estado de Michigan por embotellar a diario el equivalente de 1.800.000 dólares, extrayendo más agua de lo permitido en detrimento de los agricultores que se han cansado de tratar de hacer valer sus derechos manifestando y yendo a los tribunales en su contra. Si nos pusiésemos a analizar las aguas que consumimos, nos llevaríamos grandes sorpresas pues la mayoría no provienen de fuentes naturales o no son químicamente tratadas como corresponde a la potabilidad de su consumo.

La corporación apela a todo su glamour. Luego de ofrecernos, aún a costa de endeudarnos, los más poderosos medicamentos, (que todavía no han logrado curar el cáncer) a través de la colorida información provista por los laboratorios más famosos, se dan el lujo de aniquilar nuestra industria, siempre liviana,  como los electrodomésticos para citar un caso, y proveernos de cuanta chatarra esté saliendo a la venta. Computadoras, lavavajillas, refrigeradores, lavarropas, todo es posible. De esta forma somos un ejército de consumidores que no genera trabajo.

La ropa de marca, los perfumes, la marroquinería fina, constituye otro eslabón que factura siempre en alza. La globalización nos ha acercado productos fabricados a miles de kilómetros de casa, mas no ha elevado el nivel de vida de los habitantes de los países del tercer mundo o en vías de desarrollo.

Y envueltos entonces en este poderoso despliegue de brillos y aromas, pocas veces nos damos cuenta de que nos invaden de la manera que sea. Así, al tiempo que compran nuestras tierras ventajosamente, van adquiriendo el manejo y la disposición futuros del agua, e irán apoderándose de nuestras voluntades cuando ya no tengamos más nada que ofrecer. Esto se aprecia en la Triple Frontera, se huele en el aire. Y es precisamente la Provincia de Misiones uno de los lugares más olvidados de la Argentina por los gobiernos de turno. El día menos pensado tendremos operando allí cantidad de empresas foráneas que, con el cuento de dar trabajo, se harán con nuestros recursos y nos obligarán a pagar por ellos en moneda extranjera. Ya ha pasado con la madera, y más tarde de no estar alertas, será el turno del agua.

Si es necesario fomentarán una guerra que nos comprometa (en el caso de Argentina, todo apunta a ciertos movimientos concernientes a Malvinas con la instalación de una plataforma petrolera), la promoverán, incentivarán nuestro patriotismo  y luego también nos venderán sus armamentos para defender las islas pues los nuestros son obsoletos. Tomemos el ejemplo de Irak, allí fueron a sangre y fuego buscando algo que no encontraron y continúan destrozándolo todo en lugar de levantar lo que cayese bajo el impacto de bombas y morteros. En tanto, están los civiles aterrados, oponiendo la resistencia que pueden.

Al actuar por sobre la voluntad de los gobiernos, las corporaciones envían soldados por doquier en aras de la tan mentada libertad. Tanto civiles como militares van perdiendo la vida y al final de cuentas, la cosa concluye con que el país “defendido” se halla bien endeudado y lejos de resolver el problema que el invasor proclamó a los cuatro vientos. Vendrán entonces, como siempre lo hacen, a reconstruir y a ofrecer dineros en préstamo para que nos levantemos. Por eso, a estar atentos con el tema “Malvinas”.

La corporación es tremendamente seductora, sabe cómo conquistar voluntades. Fr. Ruben, con quien chateo frecuentemente, siempre dice que el Maligno es carismático, se muestra cómplice, sabe convencer, y es diplomático.

Si estas corporaciones nada tienen que ver con el tan mentado Maligno, ¿alguien me puede decir qué clase de atrocidades mayores a las impuestas por el Poder internacional corporativizado, es capaz de producir esta “entidad o criatura maléfica” a la humanidad, fuera de las que ya conocemos?

Vayamos a sucesos reales. Obama ha hecho cantidad de promesas en su campaña, promesas estas que le serán cada vez más difíciles de cumplir. Tiene en su contra a 25 estados ligados  a la industria del carbón, sin contar los demás contaminantes atmosféricos resultantes del desarrollo indistrial. Vemos entonces que la Corporación en su conjunto, maneja a los Presidentes más preclaros y moderados. Y este es solamente un ejemplo.

Como Templarios debemos defender los derechos de la Tierra, de la tierra sagrada de cada uno, de nuestra Jerusalem interior forjada a través de las convicciones por las cuales dejaron su vida nuestros Hermanos Mayores. Con frecuencia decimos que el ser humano no tiene peor enemigo que uno mismo.  Y ese enemigo subyacente se potencia cuando soslayamos nuestras convicciones y tomamos actitudes que tienen más que ver con la programación de un baile de disfraces que con la planificación del esfuerzo mancomunado. Y no vayamos muy lejos, pues tamaña falta de compromiso la vemos en el comportamiento internacional de ciertos Prioratos de la querida Orden. ¿Por qué claudicamos de lo que juramos defender? Pues, de un modo simplista se podría aseverar que en la medida que engalanamos nuestros uniformes, nos vamos desvistiendo internamente, pues poco a poco nos despojamos de nuestras convicciones. De esto ya nos previno san Bernardo siglos atrás cuando se cansó de exhortar a los templarios a no mostrarse engalanados como caballeros de la corte.

¿Y la Iglesia católica? ¿Qué sucede con la Iglesia como Corporación? En la medida en que la figura del Pescador de Hombres y su sencilla apariencia fue quedando atrás, los edificios y ropajes se hicieron más ostentosos emulando aquellos de la realeza, y, lamentablemente, fue perdiendo parte de su sustento, cuando no credibilidad ante los ojos de las personas.  Fue allí que como Corporación monolítica, hubo de apelar a la Inquisición como modo seguro de reafirmar su autoridad declinante por sobre los hombres. Pero si la iglesia romana conquistó estados, fundó bancos y demás, ¿Qué hizo la Orden del Temple y luego a través de ella, la Masonería? ¿También ellas actuaron al estilo de las actuales Corporaciones? De ser así, ¿qué medios usaron para expandirse? Llegados a este punto, indefectiblemente nos enfrentamos a la pregunta del millón: ¿Existe la corporación sana, fraterna, solidaria, respetuosa de los derechos de cada quien?

Nacida humildemente de la voluntad del sabio fundador del Císter, y bendecida por la iglesia católica de Roma, la Orden del Temple alcanzó una supremacía increíble en sus casi dos siglos de historia. Y fue de regreso a casa, poseedora de enormes riquezas pero habiendo perdido Tierra Santa, (para algunos historiadores ya sin motivación aparente dentro de la Europa de entonces) que pasó a ser considerada altanera y, por añadidura, sus innegables recursos codiciables en extremo. Todos, rey y papa, querían hacerse con el botín apelando a la estratagema que fuere. Así, esta corporación basada en la dualidad del monje y del guerrero, se encontró amenazada por la alianza férrea de otras dos corporaciones mayores: La iglesia, que no dudó en desplegar su poder sin fronteras para destruirla y el Rey Felipe, quien apeló a sus pares monarcas de Europa para aunar fuerzas con vistas a su objetivo final. En el caso de la desaparición (que no fue así, como veremos mas adelante) de la Orden del Temple, observamos a las fuerzas del poder de la época, unidas en mancomunada  estrategia para sacarse de encima a quien consideraban su enemigo común.

Pero el Temple les ganó de mano y se ubicó en Escocia donde la lista de excomulgados en el ámbito de las dirigencias de diverso tipo, parecía no quitar el sueño a nadie. Es más, en la época de la diáspora de nuestros hermanos mayores, hubo obispos excomulgados por haberse aliado políticamente con el bando de los rebeldes escoceses, desobedeciendo de este modo a la autoritaria Inglaterra, quien por entonces era católica romana y por ende, contaba con el apoyo del papado. Robet Bruce o de Bruce, futuro Robert I de Escocia, fue dos veces excomulgado y según se cuenta, sentía un singular apego por las tradiciones celtas.

Los poderes europeos continentales desestimaron los recursos humanos de la Orden y la creyeron en franca retirada, cuando no aniquilada. Cayeron en un error de cálculo que hasta el día de hoy están pagando los sucesores de la Conspiración. Como corporación poderosa que también fue el Temple, supo utilizar sus recursos y utilizar el arma sutil de sus contactos y alianzas de los buenos tiempos.

Muerta en gran parte en las hogueras, desaparecida en sus barcos con destino vaya a saber donde, la Orden sobrevivió en Escocia y dio origen a otra corporación que, sin el Temple no hubiese tenido razón de ser pues ni siquiera hubiese nacido: La Masonería. Sin Orden del Temple no hay Masonería y es luego de leer Masones y Templarios, Sus Vínculos Ocultos, (autores Baigent y Leight) que tengo más claro que nunca este concepto. Les diré por qué.

La Orden se cobijó en los oficios, en los ejércitos, en los claustros, y a fin de sobrevivir, se secularizó. Se sabe positivamente que ciertos templarios se casaron con oriundas de clanes como los Campbell de Kilmartin,  en Argyll, y fue bajo esa unión de la sangre que sobrevivieron sus premisas hoy expandidas por doquier. El espíritu templario puesto a salvo en Escocia, basado en la Fraternidad entre los hombres, puso la semilla de la Masonería la que, blandiendo el estandarte de las libertades de raza y culto, emigró posteriormente a las colonias de América del Norte y conformó la nación más pujante de la Tierra. La familia Sinclair, por entonces St Clair, es un buen ejemplo de lo que estoy relatando. Sus militares, masones del rito escosés, fueron a defender los territorios de Su Majestad y se quedaron allí. Sus descendientes hoy se cuentan por centenas sobre todo en el Este americano. Sin el Temple jamás pudo haber Masonería. Y es dentro de esos códigos de convivencia entre razas y credos, también cruzando el Atlántico, que esta Orden creció anónimamente al amparo de otra hermandad más nueva.

De modo que respondo plenamente a que el Temple fue y sigue siendo una corporación de las sanas, que los poderes conspirativos no lograron erradicar, ni menos aún, entorpecer su crecimiento, del mismo modo que su hija la Masonería ha jerarquizando uno de sus grados superiores con el título de Caballero Templario o Caballero Kadosh. Con el barón Von Hund y su juramento de obediencia permanente a los misteriosos “superiores desconocidos”  se dio origen a lo que se conoce como la regla de la Estricta Observancia. Los miembros de la Estricta Observancia, provenientes de la masonería jacobita, creían y creen estar legítimamente autorizados a definirse a sí mismos como “Caballeros del Temple”.

Así, mientras que en Europa levantamos nuestros templarios estandartes de entre las cenizas del verdugo, en América del Norte nos consolidamos más dentro que fuera de la Masonería. Y no hay un solo estamento de poder en Estados Unidos que no cuente con masones en sus filas. Yendo aún más lejos, hasta podría afirmarse que allí cristalizó la unión de las tres corrientes monoteístas pronosticada por el antiguo Temple, en base a la pluralidad masónica. Es reconociendo este parentesco, que ya no tenemos que preocuparnos más por el logro de este objetivo de nuestros Hermanos Mayores.

Sin embargo, mientras los masones tienen su apoyatura en la Razón como sustento para alcanzar la Sabiduría, nosotros los Templarios reafirmamos nuestra Espiritualidad como medio de acercarnos a esa misma Sabiduría. Quizá el Camino ayude a encontrarnos bajo un mismo lema, pero de momento contamos con esa diferencia filosófica. Es muy difícil el tránsito por la dualidad impuesta entre la Razón y la Fe, pese a la existencia de una raíz templario-masónica que no se puede negar.

Imitando a Europa, pero sustentando nuestras legítimas convicciones,  los neo templarios de América Latina hemos resurgido a fuerza de empeño y no pocos choques con las mismas órdenes que nos vieron nacer. Pero estamos consolidados y lo estaremos más aún en los años por venir.

¿Qué necesitamos un reconocimiento? ¿De quién, me pregunto? Tenemos el aval de las hermandades de Occidente, y un objetivo común que alcanzar. Ya va siendo hora de que evitemos los litigios  entre nosotros y su secuela de desgastes. También es menester reconocer que los tiempos han cambiado y pese a algunos tristes ejemplos de la actualidad, ha quedado claro que las guerras de religión son una rémora.

Finalmente, respondamos esa última pregunta del titulado: “¿Existe la corporación sana basada en la Fe o se requiere algo más?” Sí, existe la Corporación sana basada en la Fe, pero también en la Hermandad de los hombres, en la Nobleza de espíritu, en la Caballerosidad, en el Respeto y en todos aquellos Principios que nos catapultaron como Orden.

Pero atención; si estos códigos se dejan de lado, es cuando las asociaciones laicas y/o religiosas tenidas por sólidas, caen indefectiblemente en pedazos, demostrando que solamente supieron constituir un conglomerado de oportunistas. La Historia nos provee de sobrados ejemplos al respecto.

Como templarios, demostremos con nuestras acciones que la Corporación honesta es posible.