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LA ESTRATEGIA DEL GOBIERNO OCULTO

 

En la guerra la primera víctima es la verdad.

 

El 11 de septiembre fue el inicio de una trama sin precedentes en la historia de la humanidad. La autoría de todos aquellos acontecimientos está en un grupo de poder con nombres y apellidos.

 

Los sucesos del 11-S, son una consecuencia derivada del golpe de estado iniciado meses antes, en las polémicas y fraudulentas elecciones presidenciales de Florida, donde el ex vicepresidente Al Gore (técnicamente desaparecido tras los acontecimientos del 11-S, y “refugiado” en Austria hasta hace pocos meses), y el actual presidente G. Walker Bush se jugaron el despacho oval. Desde ese punto de vista, el 11-S sería un punto inicial, para una escalada bélica y económica sin parangón en diversos frentes mundiales, pero con intereses muy personales.

 

La conexión Bush-Laden

 

El viejo pirata Prescott Bush (abuelo de George Bush) estaría contento al ver hasta que punto sus descendientes han asimilado su espíritu. En 1918 dirigió una incursión en un cementerio apache para robar la calavera de Jerónimo y hacer de ésta el trofeo de su sociedad estudiantil, la Skull & Bones (calavera y huesos). En los años 30 y principios de los 40, negocio con la empresa alemana Luftwaffe, creando tres sociedades de las que fue el accionista más importante. Almorzaba con Allen Foster Dulles, jefe de la CIA en el momento del asesinato de John Kennedy, y convocó al jefe de la nación apache por una ceremonia de restitución de la calavera de Jerónimo, la cual terminó mal, porque intentó darle otra calavera, ofendiéndole a muerte.

 

Estaría contento con su primogénito George Herbert Bush (anterior presidente americano) petrolero de escasa fortuna pero que como agente de la CIA fue capaz de llegar hasta la cumbre, siendo nombrado su director en 1976, a pesar del mal resultado del desembarco de Bahía Cochinos (Cuba), del que fue coordinador. Pero demostró amar las raíces tejanas, el petróleo y la familia, llamando a tres de los barcos del desembarco: Houston, Zapata (el nombre de su sociedad petrolífera que había quebrado) y Bárbara, el nombre de su mujer. En aquellos turbulentos años 60 comenzó una sutil y extraña relación con un constructor árabe que venía de vez en cuando por Tejas y que trató de introducirse en la alta sociedad local. A fin de cuentas, aquel Muhammad Bin Laden no duró mucho: se estrello con su avión mientras volaba sobre los pozos téjanos que tan poca satisfacción le dieron a su hijo predilecto. Era el 68, el mundo pensaba en otra cosa.

 

George fue desdichado en los negocios. La Arbusto Energy (Bush Energy) fracasó. Paso a llamarse Bush Exploration y luego Spectrum 7. Infaliblemente llega la bancarrota. En ese momento Salem Bin Laden (el hijo de Mamad) hace que no le falte su generoso apoyo a través de la compañía Harken. El éxito parece llegar cuando la Harken Energy compra su parte de acciones en Spectrum pagando 600.000 dólares, qué se añaden a un contrato de consultoría de 120.000 dólares al año. En resumen se mete en el bolsillo un millón de dólares, mientras que Harken pierde decenas. Pero se procura un contrato de perforación en una parte del mar de Bahrein, ganando a Amoco y a Esso. Curiosamente, cuando pasaban inmensos movimientos de dinero del Asunto Irán-Contra, al final de los 80, los republicanos se encuentran secretamente en París con los jomeinistas moderados para retardar la liberación de los rehenes norteamericanos en Teherán y perjudicar así a Jimmy Carter en las elecciones, George padre, llega a la reunión a bordo del avión de Salem Bin Laden.

 

Pero George Bush es desafortunado con sus socios. En aquel mismo avión, en el año 1988, salem encuentra la muerte, también él, mientras volaba sobre los pozos de Tejas. La coincidencia parece excesiva, pero la investigación fue profunda. A pesar de ello, las conclusiones, en efecto, no fueron jamás divulgadas.

 

Las mentiras oficiales

 

Tenemos literalmente decenas de datos, que aportan serias dudas sobre los acontecimientos sucedidos el 11-S. Es evidente que tanto los servicios de inteligencia franceses (GNRS), que fueron los primeros en discrepar con la versión oficial de los hechos, así como el Mossad israelí, e incluso el servicio de inteligencia del estado del vaticano, entre otros muchos, sabían que algo estaba a punto de ocurrir. Y evidentemente, tal y como sabremos con el paso de los años, la red Echelon supo más de lo que realmente se dice. Sin ir más lejos, Ariel Sharon, se disponía a realizar su primera visita a USA, pero dos días antes de los atentados (el 9 de septiembre) decidió anular la visita. ¿por qué? Según el periódico israelí Yadiot Ahranot: “El Shabak (servicio interior de seguridad israelí) impidió al primer ministro israelí Ariel Sharon, tomar parte en un festival organizado en Nueva York por medios sionistas para el apoyo de Israel”.

 

Pero entonces, ¿estaba advertida la comunidad de inteligencia norteamericana? ¿Sabía realmente el servicio secreto, el peligro que corría su presidente? La respuesta es sencilla: sí y no. Pero para deshacer esta aparente paradoja, vayamos por partes. El 11 de septiembre, el presidente Bush estaba en Sarasota, Florida, en su segundo día de visita por la zona. Los planes de Bush para ese día, eran públicamente conocidos con anticipación. Concretamente, se sabía desde dos días antes, que esa mañana estaría en la escuela Broker leyendo un cuento a los niños.

 

En ese momento, los acontecimientos se precipitan. El primer avión ha impactado contra el WTC. El servicio secreto avisa al presidente. ¿Se lo llevan apresuradamente a un búnker de seguridad, o a una base militar? No. G. Walker Bush, impertérrito, asume la noticia sin sorpresa (tal y como se vio posteriormente en las imágenes de televisión), y con total naturalidad, sigue contando el cuento.

 

Para que el lector se haga una idea de la barbaridad que supone esto, desde el punto de vista de la seguridad, hay que advertir que durante la Guerra Fría, cuando los agentes de seguridad solían “jugar a juegos de guerra” que incluían amenazas terroristas contra la Casa Blanca, en único problema insoluble era un avión comercial cargado con explosivos que hacía como que aterrizaba en el aeropuerto Nacional de Washigton, y entonces se desviaba para un ataque suicida contra la Casa Blanca. De manera que desde hace mucho tiempo, el servicio Secreto ha sabido que uno de los desafíos a la seguridad más difíciles de afrontar, es el que plantea un ataque suicida desde un avión comercial secuestrado en un aeropuerto próximo.

 

Ahora bien, la escuela Booker se encuentra a menos de 8 kilómetros del aeropuerto Internacional de sarasota-Bradenton. Consecuentemente, durante un día en que estaban siendo secuestrados unos aviones para atacar edificios desde distintos aeropuertos, la precaución de seguridad más obvia era mantener al presidente alejado de una reunión anunciada públicamente en un edificio cercano a un aeropuerto.

 

Existe una sola explicación para el hecho de que el Servicio Secreto, permitiera al presidente Bush afrontar el riesgo mortal de concurrir a la Escuela Booker en la mañana del 11 de septiembre. De alguna manera, George Walker Bush sabía que nadie iba a atacar la escuela.