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El Dalai Lama cede la palabra
 

 

Los jóvenes piden una confrontación más directa con Pekín tras el fracaso de la vía negociada que defiende el líder espiritual

 

ELISA RECHE - Dharamsala (India) - 21/11/2008

Dalai Lama Tenzin Gyatso
Dalai Lama Tenzin Gyatso
Las calles de Dharamsala, la pequeña localidad al norte de India que es la sede del Gobierno tibetano en el exilio, siguen albergando el mismo deambular habitual de turistas, tibetanos y monjes de túnicas rojas sobre las empinadas cuestas. El telón de fondo de la cordillera del Himalaya y la tranquilidad que se respira en el lugar no contribuyen a revelar la celebración de la reunión especial del exilio tibetano convocada aquí por el Dalai Lama.

Después de ocho rondas de conversaciones estériles entre los representantes del Dalai Lama y el Gobierno chino desde 2002, la celebración de los Juegos Olímpicos en Pekín y la revuelta de Tíbet en marzo, el líder budista ha reconocido que la situación es urgente y ha convocado durante seis días a unos 600 representantes del exilio tibetano procedentes de todo el mundo para buscar una alternativa. Eso sí, el Dalai se ha abstenido de participar porque quiere dar la palabra a los tibetanos.

 

Y los tibetanos, sobre todo los jóvenes, se desesperan. "Cuando era pequeño, mi maestro en el colegio me decía que la independencia del Tíbet llegaría cuando me hiciera mayor. Eso es lo mismo que le digo yo ahora a los niños y lo que éstos repetirán a su vez a la siguiente generación", explica Tenzing, un joven de 26 años que vende en un puesto callejero películas relacionadas con el Tíbet.

 

Los jóvenes quieren luchar

 

"Los indios utilizan una expresión que dice que, si un hombre no puede luchar, se convierte en una chica. Aquí todos nos hemos convertido en travestis. Si pudiera, pondría una bomba y me llevaría a 200 personas conmigo. La cultura tibetana es como un puñado de arena en la mano que se escapa por todos lados. Al final no quedará más que una pequeñísima cantidad", continúa el joven de larga cabellera y pendiente en el lóbulo izquierdo, a la manera tradicional tibetana, con el puño cerrado.

 

La opción de la violencia es prácticamente marginal y se limita a la bravuconería y frustración de algunos jóvenes, a pesar de los absurdos intentos del Gobierno chino de querer acusar de terrorismo a organizaciones como el Congreso de la Juventud Tibetana. Pero en lo que la juventud tibetana parece realmente coincidir es en asumir una postura más dura que sus mayores, de confrontación contra el Gobierno chino.

 

"Llevamos 30 años negociando con Pekín y no hemos progresado", dice el primer ministro

 

"El Gobierno tibetano en el exilio y el Dalai Lama han sido demasiado benevolentes y compasivos. Además han hecho que la gente se vuelva perezosa y no asuma su responsabilidad en la lucha nacional. Pero gracias a los Juegos Olímpicos, nuestros hermanos dentro del Tíbet han demostrado su malestar con la situación y nos han dado energía para otros 20 años más", explica Tenzing Choeying, presidente en India de la ONG Estudiantes por un Tíbet Libre (SFT, en sus siglas en inglés).

 

"Antes de la revuelta de marzo parecíamos una causa perdida, ahora volvemos a recuperar la fuerza. Tenemos que canalizar la frustración de los jóvenes y transformarla en algo constructivo", continúa Choeying.

 

Pero la frustración también es compartida por el Gobierno tibetano en el exilio. "Los tibetanos sienten una frustración legítima porque llevamos 30 años negociando con los líderes chinos y no hemos logrado ningún progreso. Después de la última ronda de negociaciones nos acusan de pedir una independencia disfrazada. No entendemos su actitud, hemos perdido la fe en el liderazgo chino. Por eso hemos convocado a las bases", afirma Lobsang Tsering, primer ministro tibetano en el exilio y a su vez quinta reencarnación de la figura budista Samdhong Rinpoche.

 

El profesor Rinpoche, como se le conoce más familiarmente, también señala otro de los temas estrella de la reunión especial: la sucesión del Dalai Lama, figura que despierta tanto fervor religioso entre los budistas como reconocimiento internacional.

 

"El Gobierno chino sufre un enorme malentendido, ya que considera que cuando el Dalai Lama desaparezca, la causa tibetana también lo hará. El Gobierno tibetano en el exilio y los residentes en el Tíbet continuarán decididos a que este asunto tenga una conclusión lógica, ya tarde cien o mil años", señala el primer ministro en el exilio.

 

Lobsang Sangay, profesor investigador en Harvard y presidente de uno de los quince comités en los que se subdivide la reunión, considera que esta cumbre es una transición simbólica de un movimiento tibetano liderado por el Dalai Lama a otro dirigido por los mismos tibetanos.

 

La revuelta de marzo volvió a poner el Tíbet al frente de las preocupaciones chinas

 

"El levantamiento de marzo situó al Tíbet de nuevo al frente de las preocupaciones chinas. La escala de esta revuelta ha sido única gracias, en parte, a la labor de la televisión. La historia siempre muestra que hay una correlación entre los levantamientos y los momentos en los que el diálogo con el Gobierno chino no ha funcionado. Y la madre de todas las revueltas podría suceder fácilmente a raíz de la muerte del Dalai Lama", explica el investigador.

 

Dharamsala se divide en la zona baja, donde la mayoría de los habitantes son indios, y la alta, ocupada en su mayor parte por tibetanos, donde se encuentra el Gobierno en el exilio, a casi 1.800 metros de altura. Entre las montañas, los 8.000 tibetanos exiliados aquí viven en un paraje bastante más parecido al Tíbet que los 30.000 que pueblan el sur de la India, a quienes les costó aclimatarse cuando llegaron por primera vez en 1959.

 

La mayoría de los exiliados se reparte entre la vida religiosa, en el monasterio, dedicada a las enseñanzas de Buda, o la secular, que normalmente consiste en el turismo. Al no disponer de la nacionalidad india, los refugiados tibetanos no tienen acceso a los puestos gubernamentales, al voto ni a la compra de terrenos.

 

"India no acepta más refugiados ni da más papeles. Nuestro estatus aquí puede ser insostenible en el futuro, ya que no tenemos nacionalidad india ni acceso al mercado de trabajo a pesar de haber ido a la universidad. Los jóvenes nos sentimos perdidos. A veces no sé ni quién soy", afirma Lobsang, un joven tibetano de 29 años, que llegó 20 años atrás a India con su hermano mayor, dejando al resto de su familia en China. No habla con ellos por teléfono desde el levantamiento de marzo en Tíbet porque sería muy peligroso.

 

Todos los años, entre 4.000 y 5.000 tibetanos cruzan de forma ilegal el Himalaya para hacerse monjes, huir de la represión política o sencillamente obtener una educación. "Mis padres pagaron unos 600 dólares y me mandaron con un grupo de 30 personas para cruzar el Himalaya. El objetivo era llegar a Dharamsala a aprender inglés y tibetano, ya que éste último no sabía escribirlo. Tardamos un mes en realizar el viaje y pasé mucho frío. Echo mucho de menos a mi familia y la pradera", afirma un joven tibetano nómada procedente de la provincia china de Sichuán.

 

Prisioneros políticos

 

La reunión es un traspaso de poder simbólico del Dalai Lama a los tibetanos

 

Otro tipo de habitantes de Dharamsala son los antiguos prisioneros políticos, como Ringzin Choekyi, una monja budista que pasó siete años en una cárcel en Lhasa por salir a la calle a defender la democracia y que alargó otros cinco más su estancia en prisión por componer dentro una canción a favor de la independencia del país de la nieve y del retorno del Dalai Lama.

 

"Me gusta Dharamsala porque estoy cerca del Dalai Lama y aprendo inglés e informática. Espero que China se convierta algún día en un país democrático", señala la frágil monja, que sufrió torturas y palizas continuas durante su larga estancia en la cárcel.

 

El Dalai Lama recibe en persona a todos y cada uno de los refugiados, lo que ha llevado a algunos jóvenes monjes a cruzar el Himalaya sólo para conocer a Su Santidad y después hacer el camino de vuelta. Tal es la admiración que causa el líder budista entre los tibetanos dentro y fuera de Tíbet.

 

Cuando muera el líder espiritual, muchos jóvenes se distanciarán de la vía intermedia

 

El mismo joven Tenzing, que un momento antes hablaba de poner bombas, explica que "por el momento, respeto la vía intermedia, la decisión de mi maestro el Dalai Lama. Pero cuando muera ya sólo dependerá de mí".

 

El ex guerrillero tibetano Lhasan Tsering, ahora reconvertido a librero en Dharamsala, cree que "con la reunión se está pidiendo a la gente que elija entre Dios y su país" en referencia a que los tibetanos terminarán aceptando la voluntad y la estrategia del líder religioso, a su vez encarnación de Buda. Pero en este caso, Buda parece pedir que no le hagan más caso.

 

 
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