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El mito según Platón

 

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 Actualmente la humanidad sabe de la Atlántida gracias a Platón, filósofo griego que escribió en el año 350 A.C, unas obras llamadas Diálogos, donde trataba de explicar la concepción del mundo. En sus diálogos “Critias” y “Timeo”  escribe por primera vez de la Atlántida, una gran isla-continente que desapareció en un día debido a una catástrofe natural. Hoy, el libro “La Atlántida: el mito descifrado”, señala el lugar exacto donde estuvo, sus reales características y su gigantesca herencia cultural, que se prolonga hasta el día de hoy.

La fuente informativa que usó Platón para hacer sus escritos sobre la Atlántida fue la investigación del historiador griego Solón, que vivió hacia el 500 antes de la era común, quien habría escuchado en la ciudad Egipcia de Sais, un relato sobre la desaparición de una isla. Este historiador y político, escribió luego una obra que pensaba en transformar en una epopeya como “La Iliada”, adaptando los nombres y lugares que le mencionaron los egipcios a nombre y lugares conocidos por los griegos.

En términos esenciales, los sabios egipcios le transmitieron a Solón lo siguiente:

·          Nueve mil quinientos años antes de Solón, hubo una civilización denominaba Atlántida, cuyo centro era una isla, que esta era dirigida por 10 reyes, que era mayor que Libia y Asia juntas, y que después, cuando supuestamente fue hundida por un terremoto, se convirtió en una infranqueable barrera que impedía a los viajeros cruzar el océano que estaba más allá. Según estos sacerdotes, esta civilización se había generado cuando los dioses se repartieron la tierra, correspondiéndole a Poseidón, dios del mar, el gobierno sobre la isla de la Atlántida. En medio de la isla, cercana al mar existía la llanura más fértil y bella de las llanuras.  

  ·          Junto a ésta, en el centro de la isla, había una montaña. En ella habitaba Evenor junto con su esposa Leucipe y su única hija Cleito. Poseidón se enamoró de Cleito y tuvo trato carnal con ella. El dios hundió el suelo y aisló la colina donde ella vivía, creando zonas alternas de mar y tierra; había dos de tierra y tres de agua, dispuestas concéntricamente al centro de la isla. Hizo brotar dos manantiales, uno de agua caliente y otro de agua fría, e hizo que crecieran de la tierra toda clase de alimentos en abundancia. Cleito dio a luz a cinco parejas de gemelos varones.  

 ·          El dios dividió la isla en diez partes, dándole al primogénito de la primera pareja la casa de su madre y los terrenos circundantes, y le hizo rey por encima de los demás.

 ·          A los otros los hizo príncipes y les dio un gran territorio. Les puso nombres; al mayor le llamó Atlas y por él la isla y todo el mar que lo circundaba se llamó Atlántico. Los hijos de Poseidón fundaron en la isla dinastías reales, presididas por los descendientes de Atlas.  

 ·          El imperio de los atlantes se extendió hasta Egipto y Tirrena. La isla producía la mayor parte de lo que requerían para los usos de la vida, comenzando por el oricalco, metal sólido y fusible que ahora es sólo conocido por el nombre. Por entonces existían muchos yacimientos en la isla, y era lo más preciado después del oro. Había abundante madera para los carpinteros y suficiente sustento para los animales, tanto domésticos como salvajes. También había en la isla manadas de elefantes.  

 ·          También todas las cosas fragantes que ahora hay en la tierra, ya sean raíces, maderas, hierbas o esencias de flores y frutos. Había también toda clase de fruto que admitiera cultivo, desde legumbres y frutos de cáscara dura que permiten hacer bebidas y ungüentos como castañas y frutos parecidos.

 ·          Utilizando todas estas riquezas de su suelo los habitantes construyeron templos, dársenas y puertos, y dispusieron todo el país de la siguiente manera: Empezaron por tender puentes sobre los fosos circulares que llenaba el mar y rodeaban a la antigua metrópoli, poniendo en comunicación el palacio real con el centro de la isla. Desde el mar abrieron un canal de tres arpentos de ancho, cien pies de profundidad y cincuenta estadios de extensión que iba hasta el recinto exterior, y lo utilizaron como un puerto, disponiendo la embocadura de modo que las naves más grandes pudieran entrar sin dificultad.  

 ·          En las franjas  de tierra que separaban las zonas de mar abrieron canales lo suficientemente anchos para que pasara una sola trirreme cada vez, y como de cada una de estas zanjas los diques se levantaban a bastante altura, unieron los bordes con techumbre, de modo que las naves cruzaban a cubierto.  

 ·          Cada anillo de tierra lo rodearon de un muro de piedra, colocando torres y puertas en los puentes y a la entrada de las bóvedas de los canales. La piedra que usaban era blanca, negra y roja. Algunos edificios eran sencillos, pero otros eran de diversos colores, combinados para agradar a la vista. El muro exterior estaba cubierto por una capa de bronce, el siguiente de estaño, y el tercero de oricalco. Los palacios de la ciudadela estaban construidos de la siguiente manera: En el centro, un templo sagrado dedicado a Cleito y Poseidón, inaccesible y rodeado por un recinto de oro. Aquí estaba el templo de Poseidón, de un estadio de longitud y medio de ancho. El exterior del templo estaba recubierto de plata, y los pináculos de oro. En el interior, el techo era de marfil labrado con oro, plata y oricalco, y el resto, muros suelos y columnas, estaban recubiertos de oricalco.  

 ·          En el templo estaban un altar de gran tamaño y maestría, de tal tamaño que con la cabeza alcanzaba al techo del edificio, y en torno a él, nereidas cabalgando en delfines. Junto a las fuentes de agua fría y caliente edificaron jardines, edificios y piscinas, unas abiertas y otras techadas, para ser utilizadas en invierno.   De allí salían acueductos que llevaban el agua al resto de los anillos. En los demás anillos había jardines y lugares para hacer ejercicio. En el mayor de los anillos había una pista para carreras de caballos, de una longitud que podía dar la vuelta a la isla. También había casas, la mayoría para los guardias. Los muelles estaban llenos de trirremes. Ya fuera de la ciudadela, alrededor del canal que conducía al mar, había multitud de viviendas, y el canal estaba lleno de buques mercaderes. Respecto al resto de la isla, la llanura era suave y alargada, extendiéndose tres mil estadios. Estaba rodeada de montañas, famosas por su tamaño y belleza.  

 ·          También había ríos, lagos y prados con abundante pasto, y bosques con abundante madera. La llanura estaba surcada por enormes zanjas con agua por las que se transportaba la madera de la montaña y los frutos del campo a la ciudad. Cada porción de la llanura tenía un jefe. El jefe tenía que proporcionar para la guerra la sexta parte de un carro de combate, y con esto se llegaba a un total de diez mil carros. También tenía que proporcionar caballos, un jinete, dos soldados armados, dos arqueros, dos lanzadores de piedras y tres de jabalina, y cuatro marineros para formar la tripulación de mil doscientos barcos. Cada uno de los diez reyes tenía el absoluto control de los ciudadanos y de las leyes en su ciudad y distrito. Sin embargo, el orden de precedencia entre ellos y sus relaciones mutuas estaba regulado por los mandamientos de Poseidón, que la ley transmitía.   

 ·          Estaban inscritos por los primeros reyes sobre una columna de oricalco situada en medio de la isla, donde, cada cinco o seis años alternadamente, se reunían para consultarse averiguar si alguno transgredía la ley y celebrar juicio. Se comprometían entre ellos de la siguiente manera: Había toros que pacían en el templo. Los diez reyes, solos en el templo, después de rezar sus oraciones para que el dios aceptara el sacrificio, capturaban a un toro no con armas, sino con estacas y lazos. Al toro que cogían lo llevaban a una columna donde estaba escrita la ley y le cortaban el cuello sobre ella, de modo que cayera la sangre sobre la inscripción sagrada. Tras esto, quemaban los miembros del animal ya muerto, llenaban un vaso de vino y echaban un coágulo de sangre por cada uno de ellos. Posteriormente, quemaban al resto de la víctima y purificaban la columna. Bebían de la vasija vertiendo el contenido en copas de oro y juraban actuar conforme a las leyes de su padre. Después de haber cenado, cuando oscurecía y el fuego del sacrificio se había apagado, se ponían unos mantos azules, se sentaban en el suelo y celebraban el juicio.   

 ·          Tras éste, se escribían las sentencias dictadas sobre una tablilla dorada y la consagraban con sus mantos. Había muchas leyes, pero la más importante de ellas era la siguiente: No debían acudir a las armas uno contra otro, y debían prestarse ayuda mutua. Debían deliberar juntos sobre asuntos importantes y dejar el mando supremo a los descendientes de Atlas. Durante muchas generaciones, mientras les duró la naturaleza divina, obedecieron las leyes. Unían la amabilidad con la sabiduría, despreciaban lo que no fuera virtud y no daban importancia a la posesión de riquezas. Pero con el paso del tiempo la esencia divina se fue diluyendo en la humana, y su naturaleza mortal se impuso.  

 ·          Según Platón esta civilización comenzó 9.500 años antes de su época, y su gobierno se extendía aproximadamente por 2 mil kilómetros de ancho.  Luego, antes de la catástrofe final, esta civilización se enfrentó con los griegos, que eran dirigidos por su diosa Atenea, venciéndolos gracias a que el desastre natural hizo desaparecer a toda la isla.

Hasta hoy la gran pregunta que se hacían aquellos que han estudiado el tema es ¿dónde se encontraba la Atlántida? Muchos estudiosos aseguran que el continente de la Atlántida se ubicaba en el océano Atlántico, en la zona extendida entre la costa sur-oeste de Europa y el mar Caribe. Sin embargo hasta hoy, había  muchas teorías sobre su real ubicación, generalmente sustentadas en un par de antecedentes, pero que eran incapaces de aportar las pruebas suficientes, que si aporta esta nueva y sólida teoría.

 

 

(Descargar el libro “EL CONTINENTE PERDIDO DE LA ATLÁNTIDA”)  Image