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El misterio PDF Imprimir E-mail

 

Enigma y arcano son sinónimos de misterio, pero, ¿qué es realmente el misterio?

 

Muchos autores como Carl Sagan se han preguntado por qué la gente busca y crea misterios donde no los hay y no presta atención a otros reales e igual de fascinantes, según el autor. A esta pregunta caben varias respuestas a falta, quizá, de teorías más firmes:

 

  • En las pseudociencias, el esoterismo y lo paranormal: los misterios responderían que las personas necesitamos y queremos el misterio. Siguiendo esta explicación el misterio es algo deseado, como un divertimento o un pasatiempo que levanta pasiones, lo que puede apuntar a que no debe ser nunca revelado o se perdería su atractivo. Así para aquellos que investigan presuntos fenómenos de naturaleza desconocida relacionados con lo paranormal, pseudociencia y lo espiritual la palabra misterio, se relacionaría con el secreto; una verdad que según el caso los creyentes indican que necesita una revelación divina para ser entendida; rito secreto o iniciación a un rito; la verdad detrás de un evento; etc. Siendo el misterio objetivizado como algo trivial por parte de los usuarios del método científico al no poder usarse la ciencia para llegar a una respuesta adecuada.

 

Del latín mysterĭum, y este del griego μυστριον

 

1.       Cosa arcana o muy recóndita, que no se puede comprender o explicar.

2.       Negocio muy reservado.

3.       Arcano o cosa secreta en cualquier religión.

4.       En la religión cristiana, cosa inaccesible a la razón y que debe ser objeto de fe.

5.       Cada uno de los pasos de la vida, pasión y muerte de Jesucristo, cuando se consideran por separado. Los misterios del Rosario.

6.       Cualquier paso de estos o de la Sagrada Escritura, cuando se representan con imágenes.

7.       Pieza dramática que desarrolla algún paso bíblico de la historia y tradición cristianas. Reciben especialmente este nombre determinadas bras medievales de Francia y del antiguo reino de Aragón.

8.       Ceremonias del culto sagrado.

9.       Ceremonias secretas del culto de algunas divinidades. Hablar con, o de, o hacer.

10.    Hablar cautelosa y reservadamente, o con afectada oscuridad para sugerir un sentido oculto.

11.    No haber sido hecho por acaso y sin premeditación, sino con motivos justificados y reservados.

 

El misterio como estímulo  

 

El misterio es aquello que nos llama para ser descubierto; es lo que nos impulsa a perseguir entelequias, entelequias que permiten descubrir posibilidades de nuevas creaciones y que nos empujan a navegar entre el mundo por descubrir y el mundo colonizado por la racionalidad humana. El misterio es un sendero sagrado que hay que respetar y de cuya naturaleza no es posible apropiarse.

 


El misterio no es fuente para el afán de poder, ni para la vanidad, ni para la soberbia, ni tan siquiera para las certezas. Adentrarnos en el misterio no nos asegura ningún camino, sólo nos da la oportunidad de contar con estímulo para buscar, fuerza para emprender, aliciente para vivir. El misterio es la inspiración, la promesa, la esperanza que en el horizonte nos muestra una dirección para la búsqueda. A partir de ahí, todo queda en nuestras manos. Como única herramienta nuestra intuición que nos indica cuáles son nuestras posibilidades de acertar, sabiendo que se camina por un espacio y un tiempo a crear y modelar.



Sí, es una fuente de inspiración cuyo caudal nutre e ilumina el andar humano. En nosotros está el utilizar esa fuente o acudir a esa fuente, sabiendo que hemos de estar alerta sobre las cualidades de nuestro cántaro, para que no tenga ninguna grieta por la que se pierda o se envenene el contenido de la experiencia. El riesgo de ir en busca del misterio está en la pretensión de creer en el poder de atraparlo e interpretarlo.

 


También es una fuente para el conocimiento. Su aprovechamiento sólo está condicionado por la capacidad del ser humano para asumir lo que se despliega delante de él como realidad, y para discernir, a su tiempo, lo que es ganga. En el caso del ser humano, la ganga la producen los condicionantes que él mismo pone a la realidad que descubre. Entre los condicionantes más importantes están el creer que es libre y objetivo.

 


Manantial inagotable

 


El misterio se nutre, asimismo, de esa acción humana que lo persigue para desvelarlo. Cuanto más se ahonde en él, más parece crecer. Cuánto más creamos que nos acercamos a su código, más complejidad desenvuelve. El misterio es el manantial inagotable que parece crecer en la misma medida que lo hace la experiencia y el conocimiento humano.

 


Lo importante es tener presente que esa puerta del misterio está permanentemente abierta, y que hay que saber compaginar el contacto con todo lo que el misterio sugiere para construir el mundo de tres dimensiones, que es en el que el ser humano materializa su realidad, aceptando que esa realidad materializada no es la realidad absoluta, sino la que es posible atrapar en las actuales circunstancias.

 


Cuando nos tropezamos con la resolución de algún misterio, éste viene acompañado de circunstancias no esperadas y sincrónicas que nos sorprenden y nos llenan de júbilo. De pronto la nueva realidad desplegada nos envuelve y nos emborracha, generando un nuevo cambio de perspectiva. La nueva comprensión nos polariza y nos da fuerza para tomar nuevas decisiones y “tirarnos al vacío” confiados en que ahora sí que hemos llegado al conocimiento



La nueva visión puede tener preguntas sin responder, pero confiamos que el nuevo modelo de conocimiento las responda. Volvemos a recuperar la creencia de protagonismo que durará un tiempo, hasta que la nueva visión se consolide con la experiencia y el velo de la ilusión se desgarre por el peso de las nuevas preguntas que nos llevan, de nuevo, al sendero de lo misterioso.

 


Ese puede ser el juego de la vida y los seres humanos en ese juego pueden parecer unos niños que aspiran a ser dioses, sintiendo que sus descubrimientos son capaces de solucionar todos sus dilemas; protegerles en el futuro de la insensatez; borrar las posibilidades de riesgo; asegurarle la eternidad, etc. Cuando nos situamos en ese podium, no vislumbramos que el juego no ha acabado, y que sólo es que el misterio se toma “un respiro” mientras pasa nuestro momento de deslumbramiento y volvemos a reincorporarnos al juego eterno.

 

 

 

Alicia Montesdeoca

Redactado el Viernes 13 Octubre 2006