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25 DICIEMBRE 2.004

 

LA PALABRA

 

 

 

 

  • Paz y Amor Señor, que Tu Luz ilumine mi espíritu y cualquier vestigio de mi ego sea demolido. Haz Tu voluntad en mí.

 

Paz y Amor M. Quiero darte dos tipos de mensaje. Uno será de enseñanza y el otro de advertencia.

 

Mi Palabra ha de ser registrada en primera persona, puesto que serás la ejecutora de ella. Así dirás: Y así dice el Señor.

 

Quiero que registres todo aquello que Yo diga mas sin registrar tus comentarios que se quedarán en tu mente y a la que Yo responderé adecuadamente. Escribe pues.

 

“Y así dice el Señor desde los cielos a la tierra".

 

Benditos seáis hijos del hombre, aquellos tiempos en que mi Hijo vino al mundo, precursores eran de un Espíritu Nuevo.

 

Yo, el Señor, que hizo alianza en los tiempos antiguos con una parte de la Humanidad permanecí oculto durante siglos, más tiempo es ahora que vuelva a manifestar Mi Palabra, para bendecir al bendito y maldecir al maldito.

 

En mi corazón están los Nombres de todos los míos. De generación en generación fueron escribiendo sus Nombres en el Gran Árbol de la Vida.

 

Mis profetas, místicos, santos, mártires, personas humildes y grandes han ido formando las páginas de este Gran Libro, que Yo contengo conmigo.

 

Calibrad las obras, juzgad sus actos, marchad unos tras los otros, formando una escalera luminosa hasta el cielo.

 

¿Quién quiere formar parte de la inmortalidad? Respondéis: Yo, yo y yo, y millones de voces se levantarán ansiosas de conseguirla.

 

Mas Yo, el Señor, se la negaré a todos los que levanten la voz. Porque la inmortalidad no se concede, no se regala, no se puede entregar. Alcanzar la inmortalidad es vencer al Señor del mundo.

 

¿Podéis reclamarla? ¿Acaso se puede reclamar el derecho a la vida?

 

No. El derecho a la vida tampoco puede ser reclamado, pues  la vida es un derecho que ha de ser respetado.

 

El que mata muerto está y el que observa la muerte del hermano sin conmoverse su alma, está moribundo.

 

Y esto dice el Señor:

 

“Cuando se vea la señal que anuncia la llegada del Hijo del Hombre se hará un silencio en los cielos. Aligerad el paso los que estáis en el monte, caminad presto en la ciudad, porque Yo, el Señor, no tendré compasión de los malvados. Yo contenderé contra los impíos, contra los que atentan contra los míos”.

 

Yo Soy el Señor, El que desde los tiempos antiguos os anuncia las señales.

 

Álzate contra tus opresores ¡Oh! Hija de Sión, monte Santo. Esclavizada vives, en medio de la opulencia, en medio de la posesión de las riquezas terrenales.

 

Te han cegado los ojos con brillantes joyas, con paraísos lujuriosos para que te olvidaras de tu Creador.

 

¡Oh! alma que habitas en este inmundo lugar, mejor estar ciega que cegada, puesto que el ciego no conoce la Luz del sol, mas tú estas cegada, con el deslumbre de las piedras preciosas.

 

Tú que eras jazmín en mi Jardín, estás llena de nauseabundo hedor. Casi no te conozco. Tus vestiduras son oscuras, propensas a confundirte en medio de la noche.

 

Mas para ti se derramará Mi dulzura, porque tú eres alma, alma mía, pequeña porción de mi propio existir.

 

Y así vierte el Señor sobre mí, su Palabra.

 

“Yo el Señor, Dios Único que habita desde el origen en el corazón de todos mis hijos os digo, que calcéis vuestras sandalias, que ciñáis vuestro cinto a la cadera  y que os prestéis a caminar".

 

Desde las alturas se desprenderán dos luceros que os señalaran el camino.

 

¡Oh! hijos míos, amados ya desde antes de nacer, amamantados fuisteis de la leche divina de vuestra Madre. Amaos los unos a los otros, amaos como Yo Padre celestial, os amaré por siempre.

 

Si vierais mi corazón sabríais que el mayor dolor es vuestro rechazo a recibir Mi Amor. Siempre fuisteis herederos del cielo, llamados a culminar mi obra celestial.

 

Yo, vuestro único Dios y Señor habito en medio de vosotros, estoy en el interior de vuestro cuerpo, escondido en medio de vuestras debilidades. Más Yo os digo que, muertos seréis si Me ignoráis, masacrados sin piedad si atentáis contra Mí Ser.

 

Si en la inocencia fuisteis perdonados, en la beligerante ruina de vuestros templos seréis ajusticiados. Mas mi corazón se inclina hacia la misericordia y en medio de los campos azulados, procuraré vuestra salvación. Porque por encima de vuestros errores, prevalece Mi compasión.”

 

Así dice el Señor, Creador del cielo y de la tierra.

 

“Yo, el Señor que no tiene lástima del malvado, socorre al justo de corazón.”