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1 de Mayo 1997

 

 

 

Amado Padre, podrán los hombres actuar contra mí y yo, padecer su influjo pero jamás podrán decir que por su causa, me aleje de Tu camino.

 

Ante mis ojos se muestra el desierto lleno de alimañas, salvaje sol e inconfesada sed. Estoy sometida a su tierra sin encontrar la esperanza de verde oasis, pero Tú por la noche alimentas mi cuerpo y le das refresco.

 

Amado Padre mío. Yo te invoco por tu Sagrado Nombre. Te hablo en el recinto de mi templo, donde solo somos Tu y yo, frente a frente.

 

Eres mi Salvador. El Padre de los hermanos del alma que encontraron Tu Casa.  Plantaste mi tierra con Pan y Vino. Mi campo es tuyo Dios de Israel.

 

Contigo van los que triunfan. Los héroes de mi niñez, los héroes de mi juventud. Aquellos que blandían la espada de fuego con que sajaban cabezas a la mitad, que provocaban batallas en las que aniquilaban toda una nación.

 

Mi alma te bendice todos los días y se complace en ti, entonando un canto de alabanza, provisión de sangre que renueva mi cuerpo.

 

Así en Tu Presencia me visto de gloria, porque Tu mi Señor, me sientas Contigo.

 

Pones en mi boca palabras de fuego. Inundas mi Espíritu con el Agua de Vida que fluye por mi mano, inevitables palabras que nacen de nuestro mutuo Amor.

 

Marca la dicha el tiempo de mi espera, porque espero en El Señor, Mi Dios y mi Esposo. El Es mi anhelo, mi Amado y mi Maestro.

 

Canta lluvia contra mis ventanas. Limpia los cristales para que el sol se refleje en las minúsculas gotas y se proyecte en mi estancia el Arco de la Vida, que me dio mi Padre como alianza.

 

Repiquetea agua en la acera, chorrea por las plantas trayéndome el canto del cielo de donde mana la Vida.

 

Que la tormenta arrecie en los campos y los rayos de luz rompan la noche y su silencio. Que se ilumine el espacio donde miran mis ojos, que su furor no me preocupa ni su estruendo me asusta, porque voy con mi Señor de la mano.

 

Bendita la paz que reina cuando cesa su ruido, con la calma oigo Tu voz y todo se asienta a mí alrededor.

 

Eres Padre, el causante de mi alegría. El tesoro que ansiaba encontrar dentro de la selva hacia la que me aventuré un día.

 

Contigo la Rueda gira despacio y las palabras perdonan las ofensas del caminante, que ronda por ella una y otra vez. La Rueda del tiempo y su destino. La gran Rueda de la Vida y la muerte de lo que no permanece y que se mantiene fija, suspendida en el espacio intempóreo que existe en tu mundo.

 

Espíritu de Luz frente a la tierra del Tiempo.

 

Contra el tiempo yo me enfrento en lucha a muerte, para vencer su arte y su malvado afán. El señor que tiene en su mano, la dicha y la frustración, la victoria y el miedo, pero le venceré y cortaré su cabeza, como en los antiguos tiempos la mujer la cortó. A la mitad.

 

Una parte y otra parte y en medio la muerte, pero yo pasaré ante su cadáver y llevaré su cabeza como trofeo cuando salga del lugar en el que reina.

 

Conmigo caminan todos los que vencieron a los enemigos del Reino. Todos aúnan sus voces completando la mía. Yo soy en sus filas una de ellos. Camino por sus sendas y conozco los atajos porque me señalaron las guaridas donde se ocultan las fieras.

 

Me mostraron los desiertos y los pozos de agua para abastecerme. Todos fueron guiándome con señales, con las distintas marcas que dejaron en los caminos que transitaron, para que no me perdiera.

 

Yo vine detrás, cuando se habían marcado las lindes y repartidos los rebaños y las herencias estaban concedidas a las tribus de los demás hijos de mi Padre. Vine al final, cuando mis Hermanos Mayores podían defenderme.