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23 Agosto 2004

 

 

 

  • Paz y Amor, Maestro.

 

Paz y Amor, amada hija. Quiero que sepas que el lugar en donde estás es un sitio lleno de bienaventuranza, porque estos amigos que tienes están llenos de amor por Mí.

 

Ahora desearía hablarte de las maravillas de Mí Reino, atiende bien y pon toda tu atención.

 

En Mí Reino ahora están escalando lugares prominentes, seres de una pureza sin igual, son hombres y mujeres que han entendido mi Enseñanza, que cumplen mis Leyes y que no están sometidos a las torturas de la carne.

 

En Mí Reino están recogidas las más excelsas virtudes, las más extraordinarias espiritualidades. Quiero decirte esto, porque has de modificar algunos aspectos de tu personalidad.

 

Ya sé que el amor que sientes por tu hermano es un amor inmenso, pero éste amor ha de servir para el engrandecimiento de vuestro espíritu y no  como una experiencia humana, que por muy perfecta que sea, no cumple los requisitos para engrandecer, sino más bien, desmerece el sentido auténtico de su existir,  como amor puro y luminoso.

 

Has de vencer las torturas de la carne, porque la carne es débil, más vencer la debilidad, fortalecerá tu virtud.

 

Se virtuosa en el silencio y en el ruido. Durante el sueño y la vigilia, así serás llamada a sentarte Conmigo.

 

Piensa que el camino hacia Mí Reino está plagado de tentación, de celadas y encerronas, de vanidad y orgullo disfrazado de falsa humildad.

 

Vigila como las vírgenes vigilaron la llegada del Esposo, y no duermas para que tu lámpara no se apague. Por eso has de ser prudente en tus juicios, así como en tus actos.

 

En el Reino que es Mi morada, las maravillas de la Luz están dispuestas para ser entregadas a aquellos que vencen sus debilidades. No decaigas en tus juicios, has de ser prudente para eludir aquellas cosas que tienden a alejarte de tu camino.

 

El amor entre vosotros ha de ser como una lámpara que se acreciente con vuestra amistad, con vuestra alegría y deje de servir de alimento al señor del mundo.

 

Contra todos los poderes de la oscuridad, el Amor es sustento de la Luz. Utiliza este amor para aprender a amar espiritualmente.

 

  • Pero Señor, es que no sé que clase de sentimientos tengo. No se parece a nada que haya conocido antes.

 

Lo que sientes por él es similar al amor que Yo, un día como hombre sentí por una mujer. Era un amor puro, bello, intrínsecamente lleno de bondad, de entrega, de compenetración. Era un amor recíproco que no pudo ser ejecutado, porque el sentido del deber,  se antepuso a esa realidad.

 

El amor entre M.M. y Yo, fue esencialmente el amor a mi propia alma, reflejado en ella. La amé y me amó, y nada más que merezca ser comentado.

 

Si me casé o no, si tuve hijos o no, son solo conjeturas, suposiciones, porque has de entender que Yo sabía lo que iba a padecer, y haber dado ese paso hubiera significado arrastrar a seres inocentes,  hacia mi propio sacrificio.

Más como un día te expresé, ella fue la elegida de mi alma y la amaré eternamente.

 

El amor por tu hermano, ha de estar plagado de las mismas cualidades que tuvo el mío.