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Bajo los persas, Judea y sus vecinos formaban parte de Abar Nahara (más allá del río), una de las 20 provincias más grandes. El río en cuestión no era el Jordán sino el Éufrates. Los retornados se encontraron que el país que sus abuelos conocieron se había reducido en gran proporción. Hacia el sur se encontraba una nueva población llamada Idumea, que se había generado dentro del sur de Judea. Este pueblo consistía mayormente de edomitas desplazados mezclados con árabes. Lo que sabemos de los cientos de nombres a través de las ostracas recientemente descubiertas, como por ejemplo, Naveh y Efal, es que la mezcla era de un 50-50, quizás con algo más de árabes.

 

Los nombres indican una sociedad con estructura de clan. Hasta ahora, la referencia más antigua sobre Idumea era una división territorial que se encontró en un documento griego del siglo I a.e.c. que se refiere a la existencia de Idumea en un año equivalente al 312 a.e.c., el período helenístico. La ostraca muestra que existía el casamiento mixto entre los edomitas y los árabes, de nombres que surgen de la misma como Qoswahab (Qos es el nombre del dios de Edom mientras que Ahab es un nombre propio árabe que significa "dio", como el nombre hebreo Natan. El nombre combinado, con sus elementos edomitas y árabes es equivalenete al nombre judío Jonatán, "Dios dio"). La ostraca también incluye un pequeño número de nombres judíos pero no queda claro si sus propietarios vivían en Idumea o la Judea adyacente.

 

Los mercaderes fenicios que se asentaron en las dos mayores ciudades Idumeas, Maresha y Adora, fueron otro elemento de la población llevando con ellos el eco de la civilización griega. Esto se asentaría mucho más con la llegada de Alejandro en su camino hacia la conquista. Esta llegada marcaría el final del período persa y la era bíblica –sólo una parte de Daniel sería escrita después- y el establecimiento del período helénico. La aparente inconsistencia del período persa dio a la cultura helenística un empuje interesante seguido por la revuelta macabea en su contra, y a favor de la re-instauración de la soberanía judía. Los idumeos lucharon del lado griego contra los judíos y contra Judáh el macabeo. Ben Sira catalogó a los edomitas como "la nación cuya propia alma aborrece".

 

A través de las eras, los judíos desarrollaron un odio visceral en contra de Edom que tiene más que ver con la psicología que con la historia. Los judíos, después de todo, tenían enemigos mucho más poderosos que les habían producido mucho más daño. Así y todo, a los edomitas también se los denomina "hermanos", una designación no otorgada a vecinos como Amón y Moab. Mientras que en la práctica religiosa judía la tradición de Amón y Moab es deplorada, no existe referencia hacia los edomitas. Algunos historiadores sugieren que los orígenes edomitas son similares a los israelitas. La clave de esto yacería en la ecuación bíblica de Edom con Esaú, el hermano gemelo de Jacob. Cuando Rebeca concibió, dice la Biblia que Dios le dijo (Gn. 25:23) "Dos pueblos hay en tu vientre, y dos naciones serán separadas desde tus entrañas; y una nación prevalecerá sobre la otra, y la mayor servirá a la menor." (Gn.25:25) "Y salió el primero –admoní- (rojizo) , todo él como manta de pelo; y le llamaron Esaú".

 

El color de Esaú produce una inmediata asociación con Edom, que también significa rojo. Pero su referencia más explícita es cuando se refiere al potaje rojo: (Gn. 25:29) "Una vez guisaba Jacob un potaje cuando Esaú llegó del campo cansado (:30) Y dijo Esaú a Jacob: Déjame sorber, te ruego, de este potaje rojo, porque desfallezco. Por esto lo llamaron con el nombre de Edom". En pago, Jacob recibe la primogenitura. Edom se convertiría una metáfora para los enemigos de Israel, y ese nombre se aplicaría a los romanos también por más de medio milenio después de que Edom hubiera dejado de existir.

La larga enemistad entre los dos pueblos Esaú-Edom, Jacob-Israel, tiene un condimento sorpresivo al final del siglo II a.e.c. cuando el rey jasmoneo de Judea, Juan Hircano conquista Idumea. En vez de exterminar a la población o dejarla desahuciada, los convierte a todos al judaísmo. El Historiador Flavio Josefo nos dice que Hircano le dio al pueblo a elegir, efectuarse la circuncisión y aceptar la ley hebrea o ser deportados. Finalmente se concluye que los idumeos se unieron a los judíos y compartieron las mismas costumbres. El sucesor de Hircano como rey de Judea sería el abuelo de Herodes, un miembro de la nobleza idumea llamado Antipas, un gobernador de un territorio anexado. Antipas, ahora connvertido en judío, le fue útil al rey para afirmar los lazos con Nabatea, el reino árabe que ocupaba las tierra de Edom y Moab en Transjordania y que era un factor de poder creciente en la región. El hijo de Antipas, Antipatros, se casó con una mujer nabatea –la madre de Herodes, de quien se presume fuera conversa al judaísmo-.

 

En el 40 a.e.c., después de un lucha sangrienta. Herodes fue nombrado por los romanos rey de Judea. No le falta ironía al hecho de que fue este nieto de un idumeo converso e hijo de mujer árabe quien se tomó el trabajo de reconstruir el Segundo Templo y el Monte del Templo cuyas piedras son veneradas hasta hoy día. Si bien algunas autoridades rabínicas protestaron por el origen "medio judío" de Herodes, fue su conducta homicida aún hacia su propia familia, y su flagrante indiferencia a la ley religiosa lo que le llevó a ser considerado como un "rey extranjero" por su propio pueblo, a pesar de sus grandiosos proyectos y construcciones. De todas formas, el pueblo idumeo, que en su forma previa de edomitas habían constituído el arquetipo del enemigo de Israel, se volvieron leales a los judíos.

 

Durante la gran revuelta del 66 al 70 e.c., lucharon al lado de los zelotas en la guerra civil que precedió al ataque romano sobre Jerusalem. En la batalla en contra de los romanos, los idumeos formaron una división de 5000 hombres y fueron diligentes en defender la ciudad. A partir de allí desaparecen de la historia como una entidad separada. Los idumeos, mitad edomitas, mitad árabes, según no cuenta la ostraca encontrada, se han integrado totalmente al pueblo judío.

 

La Escritura en la Ostraca. El Arameo. Los Asirios crearon el primer imperio en la historia, el "Pax Assyriaca". La comunicación en esta vasta e integrada región –ahora un mercado común- se volvió muy importante. Presumiblemente no había escuelas para la gente ordinaria pero de alguna manera mantuvieron la habilidad de escribir al igual que muchas otras. Escribir ya no sería el monopolio de los escribas, de los gobiernos o de los sacerdotes. El lenguaje en el que los idumeos escribían era –y también de la mayor parte de los judíos de la época- era el Arameo. Ésta era la lingua franca en la región. El primer pueblo semítico occidental encontrado por los asirios a medida que avanzaban hacia el Mediterráneo fueron los Arameos, cuyo gobierno principal estaba en Damasco.