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Vendiendo la enfermedad
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A pesar de sus repetidas protestas de inocencia, la Fuerza Aérea de Estados Unidos ha estado implicada en fumigaciones desde los 90. El 2 de marzo de 2000, al permanecer en tierra por mantenimiento cientos de aviones cisterna KC-135 (Stratotankers), la actividad aeroquímica sobre las ciudades se redujo considerablemente, y también las denuncias sobre fumigación aérea que llegaban por Internet al centro de control de Houston.

 
Las estelas de aerosol fueron fotografiadas vía satélite sobre Irak y Arabia Saudita durante la Guerra del Golfo y ahora también en los Estados Unidos y otras partes de Europa. Afganistán fue saturado con aerosol químico, y las fibras de polímero del aerosol de bario en la atmósfera pueden ser usadas como un sistema de detección óptica para descubrir la presencia de agentes biológicos. ¿Suena increíble? Quizá lo sea.


El noticiero del canal WCTI, de New Bern, Carolina del Norte, en un informe titulado Capacitación de la NATO en el local correccional del Condado Pamlico, desveló que la tripulación del USS Enterprise probaba y aplicaba en marzo 20 de 2001, RFMP/VTRPE e imagen satelital con el uso del aerosol de sales de bario frente a la costa de Carolina del Norte. Un periodista de la zona declaró que en esa práctica se usó el control del clima para producir una tormenta, de lo que sólo informaron los medios del área costera de Carolina del Norte.


El programa ha sido declarado “secreto” para la población civil y para las agencias de protección ambiental (EPA). En verdad, los sistemas computerizados y la química han sido fusionados para usar como armas de guerra, en detrimento de la salud ambiental y humana.


¿Cómo puede mantenerse en secreto una estratagema tan grandiosa de ingeniería planetaria? Bien, piensen por cuanto tiempo se han ocultado a un público drogado, indiferente y desilusionado, los horrores del agente naranja entre el pueblo vietnamita, la enfermedad de la Guerra del Golfo, que dejó incapacitados o mató a miles de combatientes, o las 16.000 muertes de Chernobyl. Es fácil, pues, creer que las tripulaciones aéreas se ofrecen para misiones de cambio atmosférico cuando se les dice que son vitales para proteger a sus familias y a la población. Deben jurar secreto, o atenerse a penas militares severas por rebelarse o soltar la lengua.


Las sales solubles de bario son tóxicas para los mamíferos; se diluyen rápidamente en el tracto gastrointestinal y se depositan en músculos, pulmones y huesos. No se sabe el efecto a largo plazo que tiene el bario en los seres humanos.


Cientos de miles de norteamericanos llenan las salas de emergencia de los hospitales en una especie de epidemia de una enfermedad fatal con características gripales, y es fácil deducir que pueda estarse llevando a cabo algún tipo de “selección de población” algo que ha sido meticulosamente documentado de acuerdo al plan del Comité de 300 de Haig-Kissinger, de reducir la población mundial en 2 billones de personas por medio de guerras, hambrunas, enfermedades, etc.


La semana antes de Navidad de 2004, había 55 enfermos esperando turno para emergencias en dos hospitales de Montreal, y en Toronto solamente uno aceptó pacientes. El Peterborough Regional Hospital recibió el récord de 307 pacientes dos días seguidos. Se dio la misma situación en ciudades de EEUU, y las ambulancias fueron en muchos casos rechazadas. La BBC de Londres informó que se contrataron camiones refrigerados para transportar cadáveres.


La prensa no mencionó las gigantescas equis sobre los cielos de Gran Bretaña, Canadá y EEUU, o la gelatina marrón que había caído en los parabrisas en Birmingham, Inglaterra, o el material filamentoso llamado “cabello de ángel” que caía de jets que volaban a grandes alturas sobre el Caribe, Australia y Sudáfrica.


Desde 2001-2002, casi toda la población norteamericana ha estado enferma, o conoce a alguien que súbitamente se enfermó de gravedad con síntomas recurrentes de gripe mucho más persistente y severos que los de un resfriado común, o ataques de vértigo y agotamiento. La cadena ABC News dijo que los doctores veían gripe donde no existía.


EL Dr. Andrew Winquist, del Centro Nacional de Enfermedades Infecciosas concluyó que muchos habían sido infectados con un germen que no tenía nada que ver con la gripe. Después que el director de un hospital regional declaró a los medios que la misteriosa enfermedad “mata aún a gente sana en cuatro o cinco días”, el Centro para el Control de Enfermedades (CDC) informó sobre muertes por una enfermedad del sistema respiratorio a niveles epidémicos. Los niños y ancianos son los más vulnerables a la fumigación química.