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09 Julio 1996

 

 

Cruz de los Templarios 

 

 

 

¡A mí, Centinelas! Abrid las Puertas, que a lo lejos oigo galope de caballos. Mirad que espero a mi hermano y los cerrojos guardan las cámaras que han de mostrarse engalanadas para que Él, descanse.

 

 

El arrojo de su temple se midió espada contra espada en las cotas del infiel, y él no sucumbió en la batalla, sino que se ciñó más fuerte la espada en su cinto.

 

 

Nada pudo detener su empuje, ni el hambre, ni la peste y en la muerte encontró la aliada de su victoria.

 

 

Mantuvo fija la mirada en la Roja Cruz del Temple y la osadía, y venció con ella mil batallas, en los frentes de la guerra