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22 Julio 1.993

 

 

 

Solo quiero cantarte Padre mío, con mi corazón anhelante de Ti. En él hay un trono donde estás Tu permanentemente sentado, rigiendo mi vida.

 

Yo Te ensalzo, alabo y bendigo por Ser el Señor de éste Universo que conozco. Mis ojos solo ven las maravillas de Tus Manos. Con el corazón puesto en mi boca exalto  Tu Obra. Las gracias que derramas todos los días sobre mí, están llenas de Paz y Amor.

 

Yo me uno a los seres que cantan Tu Gloria. Mí voz es la voz que emana de mi alma y solo te ve a Tí en lo que me rodea.

 

Corazón viejo que a fuerza de buscarte ha renacido del fuego que Tú eres. En él hay una vida que se acaba y una nueva que renace de sus cenizas. Sopla sobre mi hoguera y aviva la llama que arde en ella para consumirme en Ti.

 

Clamo al cielo con mis manos para rogarte, para instarte a actuar con Tu Poder y Majestad y Tú como Rey poderoso, acudirás a nuestro encuentro. Yo admiro Tu grandeza por ser tan Padre Amante como Rey de Reyes. Nadie alcanzó nunca a ver la majestad de Tu Reino, solo el Hijo que te conoce se atreve a levantar sus ojos para contemplarte.

 

Si en el sol existieran unos ojos serían como los Tuyos, relámpagos de Luz que se hunden en la profundidad del abismo hasta iluminar el lugar más recóndito, así son Tus Ojos, llenos de vida chispeante y alegre.

 

Solo de sentir Tu Presencia mi alma estalla de júbilo. Con el calor de Tu amor,  la boca que pronuncia Tu Nombre se llena del néctar de los dioses, del maná del cielo que alimenta al corazón hambriento de Tu Amor.

 

Mi sed de Tí no tiene límites, no estoy llena nunca. Eres el Agua de Vida que me refresca la garganta, secas las cuerdas que pronuncian Tu Nombre se calman con la ambrosía de Tu néctar.

 

Así es como Te amo, así es como Te alabo. Solo Tú eres el Rey que adoro y como a una sierva fiel y amante,  Tú me bendices todos los días que nazco en Ti.

 

Así estoy ante Tu Presencia, de rodillas, sin atreverme ni a mirarte, sin osar levantar mis ojos, solo sintiéndote me es bastante, pero estoy ya imaginando el momento de reunirme Contigo y ese es mi gozo, mi único gozo.

 

Con el suspiro que lleva mi  boca, te ofrezco el aliento que me mantiene en mi cuerpo. Yo te ofrezco mi aliento.

 

Mi vida solo será mi vida cuando la ponga a Tu servicio, mi vida solo tendrá importancia cuando sea utilizada por Ti. Acepta mi prueba de amor. Mi vida es mi sagrario, mi corazón es mi pan y,  mi sangre el vino de la expiación.

Toma mi vida en sacrificio por mis hermanos, castígame a mí y sálvales a ellos. Toma lo que soy y con esto queda complacido, que en mi sacrificio tu me recompenses con el perdón al mundo,  porque éste sacrificio solo es para Tu Gloria.

 

Alegra el Rostro Señor Mío que yo sigo los pasos que nadie se atreve a seguir. Para que te sigamos,  viniste al mundo. para  enseñarnos el Camino, la Verdad y la Vida del Padre,   hiciste de Tu vida inmolación constante, y yo no doy Tu vida por perdida. solo quiero seguir Tus huellas,  para llegar al mismo Puerto que Tu.

 

Solo los cabellos tienen el brillo de cien soles. Cada uno es más poderoso que el otro. Sus Ojos son manantiales de Purísima Luz Azul.

 

Cuando derrama su Agua,  el surco que deja en Su Rostro es del color de la escarcha lanzando al Sol su reflejo.

Su boca es una espléndida sonrisa en la que el mejor de los sonidos que emite, es la Vida que respira.

 

Sus Manos son Rayos, cada Uno da vida a un color y tienen la Fuerza y el Poder. De Sus Pies parten otros Rayos en donde se sustenta. Se apoya sobre la Ráfaga y el Huracán y no le mueven. Su Pecho es una hoguera ardiendo constantemente y sin consumirse. Su Espalda es la Roca que no se abate jamás.

 

Cuando mira hacia la Derecha el Tiempo se detiene, si hacia la Izquierda el Destino cambia su curso. Si mira hacia atrás, tiene el Principio y si hacia adelante, el Final.

 

Así Soy Yo cuando quieres ponerme un Rostro. No tengo Rostro, Soy Esencia, Plenitud de Dios. Carne eres, Yo Soy Vida, Soy savia, Soy Materia y forma, Aliento y Suspiro. Mi Rostro es el Rostro del Ser y el Ser puede tener el Rostro que le pongas, acorde con el mundo en el que esté.

 

Las espadas sirven para exaltar el ánimo en la lucha contra el mal, pero no debes verme con ellas: esas son armas y mi única arma para vencer ¿sabes cual es?: LA COMPASIÓN. Yo venceré a través de la Compasión que provoca el Amor.

 

Doy gracias al Dios de Israel que formó en mi tierra, una espléndida ciudad llamada Jerusalén. La ciudad fue sitiada, abatida y destruida por los enemigos del Reino, pero Él traslado la ciudad a la cima de una montaña, la resguardo de los vientos con Sus Manos y lentamente fue levantando piedra sobre piedra hasta restaurarla de nuevo.

 

A Mi Señor doy gracias, por haberme mirado en los años de oprobio, por no haber tocado a mis descendientes sino que confundió a mis enemigos para dejarme llorar sobre mis ruinas y al verme desolada, poderle implorar perdón.

 

 

Y llegando el tiempo marcado por la vida, Él me confortó con Su palabra y con su ayuda, pude volver a levantar mi ciudad al sol de poniente.

 

Jerusalem es mi alma. La ciudad de Israel que es mi Tierra. Israel pereció víctima de la dispersión al igual que yo perecí, durante vidas, mas, Jerusalem al igual que mi alma permaneció fiel a Israel, hasta estos días.

 

A éste Dios bendito entre los seres que visten de Gloria, santifico en el mismo templo que El mandó construir. Ahí le rindo culto y le quemo incienso, para recordarle que existo, que estoy en Su Presencia.

 

El Dios de Israel que mis padres conocieron, pero a mi me oculto su Rostro, bendigo. Al Padre de mis profetas, que veneraban como yo venero, al Dios de Jacob y al Dios de David Su Ungido. A éste Dios piadoso, redentor y salvador, invoco en mis oraciones.

 

Cantad cielos su gloria porque su Nombre es Bendito. Alegraos conmigo, aves y flores de la vida, porque su compasión es duradera. Saltad aguas desde las fuentes hasta los valles, alegrándome con vuestra cantarina voz, porque El está en mi y en mi, está vencedor.

 

Esta como Dueño y no como lacayo. Está como Rey y no como sirviente. He colocado a mi Señor, en la más rica y adornada estancia de mi casa, El se ha instalado en mi corazón y en él, permanecerá para siempre.

 

A El rindo culto. A El reconozco como el perro reconoce al amo que le da de comer. Así yo reconozco a Mi Señor, porque El me vistió cuando me quedé desnuda, Me consoló cuando erré mi camino, Me dio de beber estando con sed y cerró mis ojos cuando el dolor me venció.

 

Saco fuerza de mi forma. Sacó luz de mis sienes y concentró el poder en mi corazón. Fue eliminando mis desgracias sin prestar atención a mis ofensas. Todo lo perdonó y continuó amándome, por ello le abrí mi corazón y me uní a El en el acto del sacrificio, por respetar su voluntad para conmigo.

 

Alabado seas eternamente, Señor.

 

Santificad al Señor que viene de lo Alto, con gloria y majestad. Con ricas vestiduras, con oro y piedras preciosas, festejad su llegada. Vestíos vuestras mejores galas, porque llega El, el Salvador.

 

Hosanna en el cielo y en la tierra. En los montes y en los collados. En los ríos y en los mares, porque El es Grande y grande es su Misericordia.

 

Y con El baja la Reina de la Vida, la Nueva Jerusalem, la Novia del Señor, la Hija del Señor de los Ejércitos, la Divina Madre de la Luz que engendrará en el corazón del hombre una nueva semilla de amor y vida. La Victoria Triunfante, la Invencible Inmaculada y Siempre Purísima Señora.

 

Ambos bajaran de la morada del Padre para compartir el Trono de la Vida.

 

Esconded vuestras vergüenzas los que no estéis ricamente engalanados, porque ante Su Presencia os sentiréis desnudos. Lavad vuestras manos si deseáis tocar los pies de ambos. Aprended a reverenciarlos agachando la cabeza para no sentíos en ridículo. Porque Ellos llamarán a su lado a los justos de corazón,  a los limpios de alma y evitarán a los demás.

 

A unos les dirán: ven y al otro le dirán: no vengas. A unos les dirán: eres justo y en tu justicia me serviste y en tu pureza me alabaste y al otro le dirán: No, tu no porque aún has de aprender para venir con Nosotros. Aún has de arrancar la mala hierba que tiene tu huerto, para poder plantar la viña que de fruto. Aguarda.

 

Y todos habrán querido en ese momento, haber agotado su tiempo de otra manera,  para formar parte de su séquito.

 

Y unos lo harán y otros, no podrán. Porque en el Reino de Ellos, no existe malicia no pueden ir los malvados. No existe injusticia, no pueden ir los injustos. No existe inmundicia, no pueden ir los impuros. Pero Ellos querrían que todos los hombres Les acompañaran, pero el hombre que no sea como un sol, no podrá acompañarles.

 

Así es lo venidero. Así es lo previsto desde el comienzo del mundo. Las sabidurías de los hombres son Ideas de dios. Son pensamientos divinos que marcan los comienzos de un nuevo ciclo de vida.

Las formas de la vida en sus variadas y siempre enriquecedoras ideas para que una nueva vida comience a nacer a la manifestación del Ser.

 

Así están cumplidas las profecías y así están basadas las riquezas del Reino.

 

La Sabiduría son gotas de agua convertidas en piedras preciosas, por las prácticas del hombre. La Sabiduría baja como una virgen y sube tan perfecta como una madre, cuando el hombre la fecunda con la práctica, sino la sabiduría no sirve más que para causar placer a la mente.

 

La perfección es practicar la Sabiduría. Eso y solo eso perfecciona al hombre. Un hombre sabio vale más que cien maestros mal documentados, porque si están mal documentados serán malos practicantes. El hombre sabio conoce y pone en práctica lo que sabe. Ese es el auténtico camino hacia la perfección y lo que no sea esto, solo es lastre en las espaldas que impide caminar liviano.