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14 de Agosto 1.996

 

 

 

Constructores de los Templos del Espíritu, haced que la luz ígnea se manifieste en mi Espíritu. Que la deidad que Yo Soy brille en el Centro del Santísimo Capítulo.

 

 

¡Acercaos a mí!,  Arquitectos, Orfebres y talladores. Construid mis paredes con mármoles, dotadme de zafiros y brillantes, sacad brillo a mis Puertas, lustrad mis maderas para que la brillantez se perciba a lo lejos.

 

 

Que las piedras sean labradas con fuego y en sus hendiduras el sol se detenga, señalando los puentes, las galerías, las cámaras. ¡Levantadme! hasta que mis cúpulas toquen el cielo.

 

 

¡Oficiad! Patriarcas. ¡Sentaos en mi coro, ocupad! la sillería Venerables Ancianos, que el Órgano con más de mil acordes distintos, comience a rasgar el silencio.

 

 

Que asistan los ángeles con cantos de gloria preludiando el Acto del Rey.

 

 

Acompañad con tímpanos y laúdes, querubines del Altísimo, que la música de las esferas den a la primera, la entrada al oficio.

 

 

Por las criptas, los corredores mosaicos de mis muertos, corre brisa del mar, limpiando los sótanos, el subsuelo donde yacen descompuestas sus carnes pútridas, desconsuelo de la hermosura de sus cuerpos. A una se levanten de sus tumbas oyendo el clamor de las trompetas que llaman a Juicio. El Rey,  ya llegó

 

 

¡Venid! Vírgenes, vestidme con la blancura del lino; costureras y merceras, cosed los encajes, engalanad el altar, adornadlo con velas y flores, poned las alfombras que mitiguen los ruidos.

 

 

Aunad las voces de lo bajo en una melodía de cadencia primorosa con las de lo alto, para que el Orbe participe del oficio. El Rey, ya llegó.

 

 

Contemplad mi Templo. Su Constructor es mi Dios, Mi Señor, El que destruyólo y levantólo en tres años. Aquel que entrando en Jerusalem murió y, saliendo de ella resucitó como Dios.

 

 

¡Sacerdote del Altísimo!, proclaman mis estructuras, mis pilares, mis columnas. ¡Sacerdote según la Orden de Melchisedeq el Rey! , exultan mis murallas, complaciéndose en Él,  mi alma santa.

 

 

Arrodíllense aquellos que entran en mi Templo. Acállense los gritos, las locuras de la voz, que el Verbo llega. Que la Luz amanece ante las ventanas y el resplandor penetra por las paredes hasta hacerlo resplandecer en la oscuridad.

 

 

En la Noche cósmica, como Faro se alza mi Templo hasta quedar suspendido en el espacio. Convertidas las cúpulas en Rayos luminosos, rezumando agua, cristal eterno en el Universo.

 

 

Templo para mi Señor en donde Él establecerá Su casa. Digno templo, digna casa para su misericordiosa Presencia. Pero nunca más estará solo, Su Esposa vivirá con Él por los siglos venideros.

 

 

La Novia, la Virgen, la Amada a la que Él visitó y velando aguardaba su regreso. La Novia abandonada, la Reina de su esplendorosa juventud.