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Las cartas de Amarna generalmente han sido utilizadas para describir a Akhenaton como un gobernante impasible hacia el imperio egipcio, y preocupado exclusivamente por las reformas religiosas locales. Un escrutinio más detallado de las cartas de Amarna, por ejemplo la EA 256 de Mutbaal discutida en la introducción, indica que conocía personalmente a los proponentes de los Habiru y, o estaba perdonando sus acciones, o simplemente no estaba dispuesto a eliminarlos. Otro investigador ha concluido que Akhenaton estaba de hecho dirigiendo el movimiento. Una carta del gobernador cananeo de Jerusalén, también entre las cartas de Amarna, expresa su indignación después de que un oficial egipcio fuera asesinado en Sile por hebreos, y Akhenaton no había hecho nada por ello (Éxodo 2:11-14). A principios del reinado de Akhenaton, una carta al vasallo sirio de Egipto, Aziru, dice, "... el rey no decepciona cuando se enfurece contra toda Canaán." En un momento posterior del reinado de Akhenaton, y probablemente después de que los Habiru capturaran Jerusalén, una carta a Aziru dice, "sabes que el rey no desea ser duro con la tierra de Canaán."

 

En 1989 fue descubierta la tumba de un antes desconocido visir de Akhenaton. El nombre de este visir, Aper-el , es decididamente semítico/hebreo. No es entonces sorprendente que las repetidas y lastimosas súplicas de los vasallos cananeos y filisteos de Akhenaton en Jerusalén y otras ciudades de Palestina para pedir ayuda contra la turbulenta marea de los Habiru no tuvieran ninguna respuesta por parte de Aper-el, o de otro ministro de Akhenaton, Ay, el hijo de Yuya.

 

Aunque la ciudad de Akhet-Atón nunca fue reconstruida, ¡hay un pueblo en el lado opuesto del Nilo que ha conservado el nombre de Mal-lawi o Mallevi, que significa la "ciudad de los Levitas", hasta el día de hoy! Los levitas son identificados por Osman como ese grupo selecto de nobles y parientes cercanos de Akhenaton y Yuya que constituyeron el sacerdocio de Atón recientemente formado y que sirvieron en los templos de Atón en Tebas y en la nueva capital Akhet-Atón. En el Sinaí, los levitas eran los partidarios dominantes de Moisés cuando el problema se manifestó. Mientras Akhenaton todavía estaba en el poder, la mayoría de los hebreos/israelitas o habría permanecido a Zarw, en el delta de Nilo, o en Akhmin, y habría continuado rindiendo culto a su(s) propio(s) dios(es) en su propia lengua nativa. Esto le produjo después a Akhenaton (Moisés) un desánimo (Éxodo 4:10).

 

En el duodécimo año de la corregencia murió Amenhotep III, y Akhenaton estuvo presente en una lujosa ceremonia en la ciudad de Akhet-Atón, coronado como único gobernante de Egipto. Tras la muerte de Amenhotep III, Akhenaton tenía el poder total para tratar con el clero de Amón, y este poder fue ejercido en su completa magnitud. Los templos de Amón fueron cerrados y el mismo nombre de Amón fue borrado en todo Egipto. También se atacaron los nombres de otros dioses, sin embargo con una magnitud algo menor.

 

Este acto de supresión fue precipitado por un número de factores, incluyendo el aislamiento voluntario de Akhenaton, la influencia de sus parientes asiáticos/semíticos, una crisis nacional alimentada por una creciente epidemia, y el veneno de la política sacerdotal de Amón.

 

Está claro que lo que empezó como una reacción a los excesos del reinado de Amenhotep III y un esfuerzo para reformar y simplificar la religión de Egipto, se había convertido ahora en un movimiento caracterizado por el extremismo. Este edicto de Akhenaton tiene un eco en el versículo de la Biblia, "yo ejecutaré mi juicio contra todos los dioses de Egipto (Éxodo 12:12)".

 

Las reformas de Akhenaton pudieron haber tenido éxito si no hubieran coincidido con una terrible plaga que estaba extendiéndose a lo largo de todo el Oriente Medio. El rápido crecimiento del comercio y el intercambio entre las naciones del Oriente Medio, posible gracias a la estabilidad política de la época, también favoreció la propagación de la enfermedad. Amenhotep III se había fabricado 700 ídolos de Sekhmet, la diosa de la pestilencia, para mantener alejada a la plaga, la cual debió de haber empezado a adueñarse de Egipto a finales de su reinado. Se hacían dos estatuas diarias durante todos los días del año proporcionando un "hechizo doble" contra la propagación de la enfermedad.