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Thera
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La columna de humo alcanzó más de 30 km de altura sobre el Mediterráneo

 


Una inmensa nube volcánica ascendió hasta la estratosfera, acompañada por detonaciones colosales que pudieron oírse desde el centro de África hasta Escandinavia, y desde el Golfo Pérsico hasta el Peñón de Gibraltar. El polvo que el aire arrastraba convirtió el día en noche a centenares de kilómetros, y al caer cubrió con un espeso manto una vasta extensión; probablemente alteró el clima de todo el mundo, ocasionando lluvias y descenso en las temperaturas.

 


La expulsión de ceniza y material volcánico hizo que se fracturara el cono de estructura simétrica de Thera en varias secciones, quedando al descubierto la gigantesca cámara de magma. Billones de litros de agua marina se vertieron en el abismo candente y se produjo una serie de explosiones titánicas que hicieron volar más de 100 kilómetros cúbicos de la isla —mucho más que en cualquier otra erupción registrada en la historia de la tierra— y causaron gigantescas olas marinas, los llamados tsunamis, que se estrellaron contra la costa de Creta, rebasándola. Algunos expertos consideran que la fuerza de la erupción y la forma y profundidad del lecho marino en esa parte del mar Egeo pudieron haber producido olas que al romperse alcanzaron una altura de entre 60 y 70 metros —entre 15 y 25 metros más que el tsunami registrado recientemente en Indonesia.

 


Las tres fases del desastre

 


Una reseña sintetizada de la erupción del volcán de Thera se puede enfocar hacia tres fases:
 
  1. Durante la primera, una explosión hizo volar la cima y despidió una columna de gas, lava, piedra pómez y ceniza a más de dos mil kilómetros por hora;
  2. en la segunda, una erupción posterior de gas y magma formó una nube tan densa, que se derrumbó por su propio peso y dejó caer una avalancha incandescente a los costados de Thera y dentro del cráter;
  3. finalmente, en la tercera fase, una vez desaparecida parte de la montaña, el agua inundó el abismal cráter e hizo explosión al entrar en contacto con el magma candente, labrando en los restos rocosos una bahía.

 


Esta combinación de terremoto, agua, ceniza y fuego trajo consecuencias negativas para la civilización minoica de Creta que, aunadas a otros acontecimientos socio-políticos, contribuyeron, indudablemente, a su debilitamiento y desaparición, dejando en la memoria popular sólo algunos rastros que nos han llegado por antiguas leyendas y, principalmente, a través del relato hecho por Platón en uno de sus famosos Diálogos.