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Los estudiosos determinaron que las raíces de muchas de las historias del Viejo Testamento son mitos paganos de antiguas culturas de Mesopotamia.

 

En el Creciente fértil, las aguas de los ríos Tigris y Eufrates, en el Irak de hoy, dieron nacimiento a algunas de las primeras civilizaciones. En este comienzo del florecimiento de la civilización, muchos mitos religiosos proliferaban intentando explicar lo que en aquella época era inexplicable. De este contexto, nos llegaron los trabajos literarios completos más antiguos que disponemos, datados en por lo menos 7000 años.

 

El Épico poema de Gilgamesh es una narrativa voluminosa de la mitología heroica que incorpora muchos de los mitos religiosos de Mesopotamia, y es la obra literaria completa más antigua que sobrevivió.

 

Muchas de las historias de ese poema épico fueron eventualmente incorporadas en el libro de Génesis. Algunas de las historias prestadas del libro de Gilgamesh son la creación del hombre en un jardín paradisíaco, y la introducción del mal en un mundo inocente, y la historia de un gran diluvio causado por la perversidad del hombre.

 

En esa civilización de la rivera de Mesopotamia, conocida hoy por nosotros como el Imperio Caldeo, alianzas tribales anteriores a la formación del imperio continuaron existiendo y prosperando. Algunos se aliaron con el palacio, muchos se opusieron, pero todas las tribus conservaron elementos de las culturas de la preconquista.

 

Los patriarcas aparecen por primera vez en nuestra historia con el viaje de uno de ellos: Abraham, quien llevó a los miembros de su tribu de la ciudad de Ur, al este del Mediterráneo, a la tierra prometida de Canaán, cerca del siglo XIX o XVIII a.C. o así cuenta la historia.

 

El problema es que no tenemos ninguna evidencia arqueológica histórica convincente que corrobore la historia de Abraham, además existe mucha evidencia que le es contradictoria.

 

La tierra donde Abraham supuestamente se estableció, las tierras altas del sur de Palestina (Al sur de Jerusalén, antes el Valle de Berseba) contiene evidencias arqueológicas escasas de este período. El registro arqueológico deja claro que la densidad demográfica de esa región era extremamente baja, no más de unos centenares de habitantes, pastores nómadas, como los beduinos que viven en los tiempos actuales.

 

Sabemos a través de pruebas arqueológicas inequívocas que los pueblos conocidos como los filisteos no aparecieron en la región antes del siglo XII a.C., y la ciudad de Gerar en la que Isaac, el hijo de Abraham, se encontró con Abimeleq, Rey de los Filisteos (Génesis 26:1) era de hecho una minúscula villa rural insignificante antes del siglo VIII a.C. ¡Gerar no podría haber sido la capital de un rey regional cuyo pueblo aún no existía!

 

Este no es el único problema enfrentado para la narrativa de la Era de los Profetas. El camello también es un gran problema. Sabemos a través de evidencias arqueológicas que los camelos no habían sido domesticados antes del final del segundo milenio A.E.C, y los camellos que no eran ampliamente usados como animales de carga antes del año 1000 A.E.C, bien después de la Era de los Patriarcas.

 

Además existe el problema de la carga llevada por los camelos: goma, bálsamo y mirra, que eran productos Árabes, y el comercio con Arabia sólo comenzó a partir de la hegemonía asiría en la región, teniendo inicio en el siglo VIII a.C.

 

Otro problema es el matrimonio de Jacob con Lea, y su relación con su tío Labán, todos descritos como arameos, pues este grupo étnico no aparece en el registro arqueológico antes de 1100 a.C., y no llegó a ser un grupo significativo antes del siglo XIX a.C.

 

Remontándonos hace más de 3850 años Canaán era una región politeísta. En ella debieron haber existido influencias del oriente, porque los arqueólogos tienen pruebas de adoración de sus dioses y diosas. La jerarquía de dioses y diosas que incluyen a Baal, el dios de las tempestades, que tornaba fértil la tierra, Lotán, el dragón de siete cabezas, conocido en el Viejo Testamento como Leviatán y también Yam Nahar, el dios de los mares y ríos, y otros panteones y jerarquías de dioses y diosas. Por encima de todos estos dioses estaba "EL", o Rey de los dioses, regente del panteón.

 

Cerca del 1200 a.C. Egipto reinaba sobre la región hoy conocida como Palestina. Esto se sabe por los registros egipcios, que hablan sobre los tributos reunidos de las diferentes villas y ciudades de Canaán, sino además por las evidencias arqueológicas halladas dentro de la propia región, que mostraba claramente una cantidad de asentamientos, como lo son las bases militares egipcias.

 

Teniendo en consideración los documentos históricos egipcios, así como los hallazgos hechos por la arqueología como también por la riqueza de documentos egipcios de la época del éxodo, se llegó a la conclusión que no hay ninguna evidencia que el éxodo ocurriera de la manera como la Biblia lo describe.