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La arqueología bíblica indica que el Éxodo no existió

 

La Biblia significa diferentes cosas para mucha gente, pero especialmente para los cristianos fundamentalistas es la palabra de Dios, para otros, la Biblia es un documento histórico y fuente de controversias; Mientras que para otras personas, la Biblia es un conjunto de reglas y normas enredadas y contradictorias, relevantes en su mayor parte solo para unas culturas hace tiempo desaparecidas en lugares muy lejanos. ¿Dónde está la verdad en todo esto? Para realmente entender la Biblia y su mensaje para la generación actual, es necesario entender quien la escribió, porque la escribió, y el contexto cultural en el cual está inmersa.

 

El arqueólogo Israel Finkelstein, director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv, ha buscado evidencias que arrojen luz sobre los eventos narrados en el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), por lo que ahora tenemos una idea más clara sobre los orígenes del pueblo de Israel y los escritos que dieron origen al monoteísmo.

 

Basado en la evidencia arqueológica Finkelstein llegó a la conclusión que la saga histórica relatada en el Pentateuco de los cristianos y la Torá de los judíos es un brillante producto de la imaginación humana, que muchos de sus episodios nunca existieron y que su origen no responde a ninguna revelación divina.

 

El Pentateuco es una compilación que se inició durante la monarquía de Josías, rey de Judá, en el siglo VII a.C. En aquella época había dos reinos Israelitas, el del norte cayó bajo poder asirio y el del sur. El eje de la construcción del Pentateuco.

 

El objetivo de la elaboración del Pentateuco en Judá (el reino israelita del Sur) fue el de crear una nación unificada, cimentada en una nueva religión. El plan que dio origen al monoteísmo tenía como finalidad constituir un solo pueblo judío, guiado por un solo Dios, gobernado por un solo rey, con una sola capital, Jerusalén, y un solo templo, el de Salomón.

 

A finales del siglo VIII A.E.C, el alfabeto hebreo apareció, y después de siglos de tradición oral, la tradición escrita prolifera por primera vez, y culturalmente lo modifica todo. La expansión de la alfabetización y los eventos geopolíticos del período lo cambiaron todo. La rebelión israelita (en el reino israelita del Norte) contra los asirios causó medidas represivas en el norte, y con ellas, ondas de refugiados se dirigieron hacía el sur. Con la llegada de olas de refugiados, Jerusalén pasó rápidamente de una minúscula e insignificante villa rural a ser una ciudad importante, con su propia influencia religiosa.

 

Los recién llegados del Norte trajeron sus dioses comandados por el dios "El", y los israelitas del Sur (reino de Judá), con su dios único Yahvé, se vieron forzados a reconciliar sus diferencias religiosas. En esa época los mitos del Viejo Testamento se fijaron en la forma que llegaron hasta nosotros: La historia de Abraham y su familia viajando y negociando mercaderías árabes con el uso de camellos; el mito del Éxodo, las historias de la conquista de Canaán, narrando la derrota de Goliat por David, basada en verdad en los resentimientos forzados por los egipcios; de Salomón y su gran fortuna y su inmenso templo en Jerusalén.

 

Todos estos mitos resultaron de alteraciones significativas de hechos ocurridos. Pero al consignarlos en forma escrita, se fijaron, y desde esa época llegaron hasta nosotros prácticamente inalterados. A partir de ese momento por primera vez, los registros bíblicos comienzan a corroborar los registros arqueológicos.

 

 

Finkelstein afirma que las investigaciones apuntan que las historias de la creación del hombre, la vida del patriarca Abraham y su familia -fundadores de la nación judía-, el éxodo de Egipto, la instalación en la tierra prometida y la época de los Reyes fueron relatos creados para servir al proyecto del rey Josías de reconciliar a los dos reinos israelitas (Israel y Judá) e imponerse frente a los grandes imperios regionales: Asiria, Egipto y Mesopotamia.



Ferney Yesyd Rodríguez